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¿Informatización igual a mejora de cuidados? Nosotros decidimos

Raquel Izquierdo Hernández1
1
Enfermera. Hospital de Manacor, Islas Baleares, España

Correspondencia: Carretera Manacor-Alcudia s/n, 07500 Manacor (Islas Baleares), España

Etica de los Cuidados 2010 ene-jun; 3(5)

 

 

 

Cómo citar este documento

Izquierdo Hernández, Raquel. ¿Informatización igual a mejora de cuidados? Nosotros decidimos. Etica de los Cuidados. 2010 ene-jun; 3(5). Disponible en </eticuidado/n5/et7204.php> Consultado el

 

 

 

Sr. Director. Durante los últimos años hemos sido testigo de los avances y de la evolución de la informática a un ritmo frenético. Hemos comprobado cómo diferentes programas electrónicos computarizados facilitaban los trabajos más inverosímiles, disminuyendo costes y aumentando beneficios.

A nivel sanitario se tiene constancia de la primera historia clínica electrónica en el año 1966,1 existiendo ya años antes diversos registros aislados de pruebas diagnósticas, programas de cálculo de radioterapia y bioquímicos, análisis de electrocardiogramas, etc. Ahora, pasados más de 40 años, debemos reflexionar.

Tenemos programas punteros en pruebas diagnósticas, en aplicación de tratamientos, en triage de urgencia... Contamos además con aparatos de última generación que miden múltiples parámetros y avisan de cualquier anormalidad, pero a nivel enfermero carecemos de un sistema informático definitivo o casi definitivo (porque todo en la informática avanza y necesita renovación continua) que nos permita desarrollar el proceso de enfermería en todos sus niveles.

Disponemos de amplia bibliografía2,3 que constata que ciertos programas informatizados, en ciertos servicios concretos, han obtenido resultados importantes. Pero también tenemos constancia de otros tantos que han fracasado o han pasado sin pena ni gloria, para acabar desapareciendo. Pensemos: ¿qué es lo que falla?, ¿qué es lo que no nos convence?, ¿qué necesitamos para que realmente nos facilite nuestro trabajo como enfermeros como a otros profesionales?

Queda reflejado que el colectivo enfermero tiene clara la importancia y necesidad de un registro de la actividad enfermera llevada a cabo. Según los estudios de González Sánchez y colaboradores4 (en España) y Ribeiro do Santos y colaboradores5 (en Brasil), que analizan la opinión del personal de enfermería con respecto a preferencias sobre historia informatizada o historia en papel, se objetiva una tendencia, cada vez mayor, a valorar la primera sobre la segunda. Se justifica esta valoración sobretodo porque facilita el acceso a información del paciente, y facilita el análisis de datos para un posterior proceso de investigación y mejora de la calidad de los cuidados. Pero se detectan dificultades, a veces no solventadas, que conducen al fracaso: falta de formación, falta de recursos materiales, lentitud del sistema, ampliación del número de registros disminuyendo el tiempo destinado a la atención directa con el paciente... Pero la mayor dificultad se produce en una falta de motivación e implicación. Se comprueba, según las publicaciones de Chazán y Fuentes Cebada ya mencionadas, que los programas diseñados por los propios enfermeros del servicio tienen más éxito que los impuestos desde un colectivo gestor y/o director.

Pero llegamos a otro punto de controversia. No tiene sentido que dentro de un mismo hospital, en un único servicio se elabore y posteriormente se trabaje con un sistema informático al cual otro servicio del mismo centro no tiene acceso y/o formación al respecto de su funcionamiento. No tiene sentido, por ejemplo, que en Quirófano y Reanimación se obtengan unos resultados informatizados que indiquen la gran calidad de los cuidados ofrecidos a un paciente, si cuando este paciente es trasladado a la unidad de hospitalización correspondiente, la enfermera que lo recibe ignora lo sucedido porque no tiene acceso al programa, porque no ha tenido formación al respecto o, en el mejor de los casos, recibe una importante cantidad de hojas impresas que le llevará un tiempo ordenar y entender.

Solucionado el problema anterior, ya nos podríamos plantear la comunicación entre niveles de atención sanitaria. Si un programa de un Laboratorio informa vía electrónica de resultados a varios centros, ¿por qué no funciona un programa que envíe información a la enfermera de Atención Primaria sobre el proceso de cuidados efectuado en un hospital, y viceversa?

A mi entender, un aspecto a tener en cuenta, y que queda un poco olvidado es la percepción del usuario de la informatización. La evolución en los registros, su posterior análisis y los consiguientes cambios efectuados, siempre se realizan buscando una mejora en la calidad de los cuidados del paciente basada en la evidencia. Y después de leer a Campillo Artero,6 me autoconvenzo más. No caigamos en el abismo de las cifras, ni en la sobrevaloración de los objetivos. Si cuando se produce la informatización, se produce por defecto un mayor aumento de registros, se debe valorar la necesidad de aumentar recursos, ya no sólo materiales sino personales. Lo que sería un gran error es restar tiempo a la atención del paciente por "cumplir" con los programas informáticos. E incidiendo en el tema nuevamente: sería más aconsejable para el propio paciente que acaba de ser intervenido quirúrgicamente, que la enfermera de hospitalización que lo recibe disponga de toda la información de lo sucedido para poder dar una continuidad a los cuidados.

Otro aspecto que no debemos olvidar es el derecho a la privacidad del usuario. Según establece la Ley 41/20027 en su Artículo 16, "Las Comunidades Autónomas regularán el procedimiento para que quede constancia del acceso a la Historia Clínica y de su uso". Y según consta en esta misma Ley, en su Artículo 19, "El paciente tiene derecho a que los centros sanitarios establezcan un mecanismo de custodia activa y diligente de las Historias Clínicas". La informatización favorece una centralización de datos y facilita el acceso a los mismos, pero conlleva el peligro de un mal uso. El sistema informático elegido debe asegurar la confidencialidad del paciente y la accesibilidad a sus datos clínicos únicamente por el personal sanitario que lo precise, quedando un registro de entradas, que el paciente pueda solicitar siempre que lo desee, ya que es su derecho.

Como última reflexión propongo que no nos bajemos del tren de la informática, pero que tengamos clara la meta final a la que debemos dirigirnos. Somos el colectivo enfermero quien sabe cómo trabaja y quien sabe cómo se debe registrar su trabajo completo. Así que seamos nosotros quienes creemos un programa útil que nos facilite a todos, y más aún al propio usuario, una atención de calidad.

Bibliografía

1. Stusser Beltranena Rodolfo J., Rodríguez Díaz Alfredo. La informatización de la atención primaria de salud. Rev Cuba Med Gen Integr [Revista en la Internet]. 2006 Dic; 22(4). Disponible en http://scielo.sld.cu/scielo.php [Consultado 7 de Septiembre de 2009].
2. Chazán A.C., Aguilar Pérez E. Avaliação da implementação do sistema informatizado de cadastramento e acompanhamento de hipertensos e diabéticos (HIPERDIA) nos municípios do estado do Rio de Janeiro. Revista APS -Bra-. 2008 Ene-Mar. 11(1): 10-16.
3. Fuentes Cebada L., Pineda Soriano A., García León I., Jiménez Pérez I., Cabeza de Vaca Pedrosa M.J., Motero Vallejo J.J. Circuito Quirúrgico Informatizado. Una herramienta para la mejora de la atención al paciente quirúrgico. Index Enferm. (edición digital) 2007; 58. Disponible en /index-enfermeria/58/6495.php [Consultado 7 de Septiembre de 2009].
4. González Sánchez J.A., Cosgaya García O., Simón García M.J., Blesa Malpica A.L. Registros de enfermería: convencional frente a informatizado. Unidad de cuidados críticos. Enferm Intensiva. 2004 Abr-Jun. 15(2): 53-62.
5. Ribeiro dos Santos S., Alves de Paula A.F., Pereira Lima J. O enfermeiro e a sua percepçao sobre o sistema manual de registro no prontuário. Rev. Latino-am Enfermagem -Bra-. 2003 Ene-Feb. 11(1): 80-87.
6. Campillo Artero C. Fracturas en la informatización de los servicios de salud. Gac Sanitaria. 2008 Ago. 22(4): 371-377.
7. Boletín Oficial del Estado. Ley 41/2002, de 14 de noviembre, Básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica. B.O.E. nº 274, de 15 de noviembre de 2002.

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