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PRESENCIA revista de enfermer�a de salud mental ISSN:1885-0219 p10502

 

 

EDITORIAL

 

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«Enfermería: ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos?»

Francisco-Javier Castro-Molina
Director de Presencia: Revista de Enfermería de Salud Mental

Presencia 2015 ene-jun; 11(21)

 

 

 

Cómo citar este documento

Castro-Molina, Francisco-Javier. «Enfermería: ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos?». Rev Presencia 2015 ene-jun, 11(21). Disponible en <https://www.index-f.com/presencia/n21/p10502.php> Consultado el

 

    El historiador belga Marc Bloch, unos años antes de ser fusilado por las tropas alemanas en 1944 escribió: la palabra historia es muy vieja, tan vieja que a veces me ha llegado a cansar... No encierra en si mismo ningún credo, no compromete a otra cosa, según su etimología original, que a la investigación. Para él, esta palabra con el tiempo modifica su significado, fiel desde su origen griego, pero alejada de definirse como ciencia del pasado. La historia es aquella ciencia humanística que persigue el estudio de las sociedades humanas pretéritas, procurando recoger y dar a conocer el acervo cultural, buscando la construcción de la identidad y la elaboración de su idiosincrasia. El conocimiento de nuestra historia y la de otras civilizaciones contribuye a un autocrecimiento personal que capacita para el conocimiento y racionalización de la información como un andamiaje que favorece la construcción de un nueva realidad. Los estudios históricos precisan de investigaciones o análisis de diferentes tipos de material, tales como documentos escritos, trabajos ya publicados sobre diversos temas, imágenes, obras de arte, canciones o cuentos populares, entre otras. Apoyados en todos ellos progresivamente se logran construir aspectos históricos tales como el devenir cotidiano, la indumentaria, la economía, las costumbres, la alimentación y el legado cultural unido a los eventos históricos acaecidos. El análisis de los aspectos históricos de una sociedad se ven mediatizados por el universo del constructor, donde las ideologías y el saber juegan un papel trascendental.

Es fundamental aclarar que aunque ciertos conceptos parecen ser ajenos a la historia, como la historiografía e historiología, algunos autores creen verlos implícitos en ella. Pese a ello, éstos son absolutamente diferentes. La historiografía aborda los procedimientos y las técnicas que permiten realizar una descripción de un hecho ya ocurrido, mientras que la historiología está destinada a explicar cómo sucedieron los acontecimientos históricos y la historia en sí misma. En estas tres nociones, historia, historiografía e historiología, están presentes todos aquellos sucesos pasados, la ciencia que se dedica a analizarlos y la epistemología correspondiente. Unido a ello, existen dos enfoques insertos en el campo de estudio de la historia, el clásico, en el se hace referencia a la historia como el periodo comprendido desde el momento en el que el hombre hace uso de la escritura, y el multiculturalista, que considera que la historia está dividida en etapas en las que es posible lograr una reconstrucción fiable de los hechos que inciden en el devenir de una sociedad.

La historia es vista como una ciencia gracias a su objetividad, logrando así dar un conocimiento demostrativo de los hechos, fruto de la búsqueda de pruebas que respalden las conclusiones a las que se ha llegado en el análisis de lo sucedido. Dichas pruebas se recogen a través de diferentes métodos, los cuales pueden ser de alta especialización o por medio de procedimientos matemáticos. Disciplinas como la sociología consideran que el análisis de los fenómenos de la historia debe tener presente los factores socioeconómicos para desarrollarse, influyentes éstos no sólo en la comunidad sino en cada individuo en particular, a los que se le unen factores tales como los geográficos, demográficos y políticos. Otras especialidades, como la filosofía, reflexionan sobre la significación de los hechos que forman parte de la historia de la Humanidad, analizando la posible existencia de un diseño, propósito u objetivo en el proceso histórico. La historia en sí, se relaciona con otras muchas áreas del conocimiento que buscan concluir en ideas que definan situaciones concretas de la sociedad. Es por ello, que precisa de la arqueología para analizar el pasado y entender a partir de él la actualidad; o de las matemáticas y las estadísticas que contrastan datos insertos en las investigaciones.

Si centramos nuestra mirada en el vocablo «profesión», observamos que éste proviene del latín professio - profesionis, término que significa acción-efecto de profesar. La profesión es aquella actividad permanente que determina el ingreso a un grupo determinado y sirve de medio de vida a los individuos que la practican. El psiquiatra chileno Fernando Lolas las define como una respuesta institucionalizada a una necesidad social que debe portar entre sus requisitos vocación, acreditación, certificación y código deontológico. Esta situación es diferente cuando abordamos el adjetivo «profesional», término empleado para denominar al antónimo de toda aquella noción que lo procura definir como «aficionado, amateur o todo trabajo no especializado». Everett Hughes establece que la profesión es una etiqueta simbólica de un status deseado, a la que se une un dictamen en el que algunos autores procuran definirla empleando el referente del requerimiento que la propia sociedad hace de un determinado grupo ocupacional al que se le encarga cubrir una necesidad concreta como ya se ha comentado. La filósofa Adela Cortina Orts establece las siguientes características propias en una profesión: es una actividad mediante la cual se presta un servicio específico a la sociedad de forma institucionalizada, con una asistencia única en la mediada en que los profesionales reclaman el derecho a administrarla a la sociedad en exclusiva; los servicios que de él puedan obtenerse han de estar claramente definidos, considerando a la profesión como una suerte de vocación y misión; los profesionales han de ejercer su actividad de una forma estable, accediendo al ejercicio de la profesión tras un proceso de capacitación teórico-práctica; y por último, debe existir un ámbito de autonomía en el ejercicio profesional, asumiendo la responsabilidad de los actos y técnicas ejecutadas, en los que el lucro ocupa un segundo escalón dentro de los intereses profesionales.

El concepto de la profesión enfermera en la historia es algo que no está tan claro, resultando incluso difícil trazar una línea que sirva para delimitar el campo de las profesiones y el de los oficios. El término anglosajón nurse, empleado para designar a la enfermera, deriva de las terminologías latinas nutrire y nutrix, alimentar la primera y mujer que cría la segunda. Si centramos nuestra mirada en el término enfermería, encontramos que éste está relacionado con el de enfermedad, término también latino, infirmitas, que define de forma más concreta la actividad del cuidador de los enfermos, que facilita la supervivencia, cuidando durante el parto, lactancia y crianza de los recién llegados congéneres. Según la Real Academia de la Lengua Española (RAE), la palabra campo hace alusión al ámbito real o imaginario propio de una actividad o de un conocimiento. Así, el campo de la enfermería corresponde a un ámbito de estudio centrado en el fenómeno humano y la sociedad en que se desarrollan los hechos, y que es compartido con otras muchas disciplinas. La investigación de la historia de la profesión enfermera realizada hasta la actualidad, ha supuesto un gran avance para el conocimiento de la misma, de modo que los recientes trabajos publicados nos han permitido acercarnos de manera más exhaustiva de los acontecimientos de la disciplina ocurridos en España. Esta realidad se convierte en un acicate que nos permite desarrollar un «nuevo estudio» sobre la profesión y la evolución que ha seguido, utilizando para su análisis un enfoque multidisciplinar, al que se unen los criterios de caracterización propios de las profesiones. El hecho de acometer un breve recorrido por la Historia en busca de aquellos sujetos que proporcionaron cuidados, atendiendo a los lugares donde fueron administrados, nos ayuda a profundizar en el saber de la enfermería y en todos aquellos eventos que han ayudado a evolucionar hacia nuevas formas del desarrollo profesional.

El cuidado desde los orígenes de la Humanidad y la conformación de las primeras sociedades fue una actividad asignada a la mujer que se centró en niños y ancianos, incapaces éstos para las actividades cinegéticas. Es por medio de la observación de los animales como se adquiere el saber para el tratamiento de la enfermedad, basándose en la creencia de que todos los objetos naturales estaban vivos y poseían un espíritu o alma. La necesidad de especialización de esta actividad obligó a que las primeras sociedades asignaran el trabajo a una persona habilidosa determinada que supiera hacer de mediador entre los terrenal y lo celestial. Es en este momento cuando aparece el curandero, mago o médico. Progresivamente, esta labor se fue complicando, obligando a la incorporación de otra figura, una mujer dedicada a la recolección y preparación de los ungüentos, además del cuidado de los enfermos. Los modelos evolucionados que posteriormente surgen durante la Edad Antigua se centraron en una cirugía que se desarrolló considerablemente, a lo que se unió la creación de hospitales donde curar y cuidar a los dolientes, en el que el papel de la mujer como agente activo del cuidado no se desvaneció. Una preterición del papel de la Iglesia en la actividad cuidadora, sobre todo durante la Edad Media y la Edad Moderna, es imperdonable. Órdenes religiosas como la de San Juan de Dios, la Caridad, los Obregones o los Camilos asumieron esta competencia que se ha venido desarrollando hasta nuestros días.

La ruptura con los esquemas sociales que efímeramente se materializó con la Liberté, égalité, fraternité que la Revolución Francesa alzó como bandera, no fue lo suficientemente consistente como para que los cuidadores vieran lograda el reconocimiento social de su profesionalidad. Para Mark Bostridge, la Dama de la Lámpara, heroína del Imperio Británico tras la contienda bélica de Crimea, fue la que logró introducir y conformar la figura de la enfermera entrenada para el cuidado de enfermos a domicilio en Inglaterra y en Irlanda a partir de 1860, lo que significó que muchos enfermos pobres pudieran acceder a ser cuidados por personal capacitado con una formación adecuada en la materia. En España, la enfermería no existió como profesión hasta mediados del siglo XIX. Las actividades propias eran ejercidas por el barbero sangrador y el cirujano menor, formados en hospitales por las órdenes religiosas. Esta falta de rigor en el aprendizaje, unido a una pésima situación sanitaria, obligó a que en las clases políticas se instalara una preocupación por reformar y regular las profesiones sanitarias. Con la Ley de Bases para la Institución Pública promulgada en 1857, más conocida por el nombre del ministro que la defendió, se estableció la regulación de todas las profesiones sanitarias españolas. Su desarrollo fue considerablemente rápido si observamos que en tan solo tres años, el 21 de Noviembre de 1861, ya se había diseñado el documento que recogía el reglamento para las enseñanzas tanto de practicante como la de matrona. Al practicante se le asignaron las competencias que anteriormente habían sido asumidas por el cirujano menor y el barbero sangrador. La matrona continuaba siendo la encargada de asistir al partos, así como de dar los primeros y urgentes auxilios a los neonatos que incluían el agua de socorro. Las enfermeras en cambio, no tuvieron cabida en la norma, lo que ocasionó una considerable dificultad en el reconocimiento profesional. El Real Decreto sobre la formación enfermera de 21 de mayo de 1915 fue el que instituyó la titulación, clasificándose a partir de esta fecha con el reconocimiento de las tres figuras sustentadas por una división de género: Practicante, Matrona y Enfermera. En 1.917 se crearon las primeras Escuelas Oficiales de Enfermeras reconocidas por el Ministerio de Educación, dando inicio así a una paulatina profesionalización de la Enfermería en España y la integración de las Escuelas de Enfermería en la Universidad.

Los centros docentes se multiplicaron sorprendentemente, hasta un total de treinta y dos en 1929, de las que destacaron la Escuela de Enfermeras de la Casa de Salud Valdecilla en Santander,así como la Casa de Salud de Santa Cristina-Escuela Oficial de Matronas, la Escuela de Enfermeras de la Quinta de Salud y la Escuela de Enfermeras de la Generalitat de Catalunya, en Barcelona, esta última creada en 1933 y que tan sólo funcionó hasta 1939. Tras concluir la Guerra Civil Española, con el Decreto de 1 de marzo de 1940, se constituye como Escuela Oficial de Matronas la antigua Casa de Salud de Santa Cristina. En este momento existían en España unas veinte escuelas repartidas por toda su geografía.

Con la Orden Ministerial de 26 de noviembre de 1945 se reglamentan las funciones de los Practicantes, Matronas y Enfermeras, normativa que deja clara la falta de autonomía de los profesionales de los cuidados: «la enfermera por sí sola no tiene facultades para desempeñar su cometido, convirtiéndose en el auxiliar subalterna del médico, profesional del que recibe todas las órdenes». Tan solo se la faculta para realizar una asistencia de carácter familiar, que comprendía actividades tales como la alimentación o la administración de medicamentos, otorgándole la posibilidad de auxiliar al cirujano durante una intervención quirúrgica. Además, se establecen los Estatutos de sus Colegios Profesionales, derogados con la Orden Ministerial de 20 de diciembre de 1954, en la que se recoge el Reglamento del Consejo Nacional y los Estatutos de los Colegios Provinciales de Auxiliares Técnicos Sanitarios.

Dos años antes, en 1952, el Ministerio de Educación había creado las Escuelas Oficiales de Enfermeras, regulándolas no solo en su estructura y funcionamiento, sino además en su dotación e infraestructuras. Al año siguiente, el Real Decreto de 4 de Diciembre de 1953, publicado en el B.O.E. de 29 de Diciembre, estableció la unificación de los estudios de Enfermera, Practicante y Matrona en el de Ayudante Técnico Sanitario (A.T.S.), masculino o femenino, cuya certificación constituía un híbrido a caballo entre las titulaciones universitarias y las titulaciones profesionales. Además, se vincularon definitivamente los estudios de A.T.S. con las facultades de medicina, convirtiéndose las escuelas en los lugares destinados a enseñar los contenidos teóricos y prácticos. Pese a que éstos últimos ya estaban establecidos desde 1953 regulando las competencias profesionales de Ayudantes Técnicos Sanitarios como eran la administración de medicamentos, inyecciones o vacunas, así como la realización de curas a operados; auxiliar al médico en intervenciones de cirugía y en las distintas especialidades; prestar asistencia inmediata en casos urgentes (hasta la llegada del médico o titular superior de cirugía); asistir a los partos normales; y desempeñar su actividad en aquellos puestos donde se exigiera el título de A.T.S.

Entre 1962 y 1975, se sucedieron numerosas órdenes, decretos y reales decretos que creaban nuevas especialidades que podían cursar los A.T.S., tales como Podología, Pediatría-Puericultura, Medicina del Trabajo, Análisis Clínico y Uronefrología. Importante fue la promulgación de la Ley General de Educación y Financiación de la Reforma Educativa 14/1970, de 4 de agosto, en la que se establece que los estudios de A.T.S. debían transformarse en Formación Profesional de 2º Grado o integrarse en la Universidad como Escuelas Universitarias de Enfermería. En España, los estudios de Formación Profesional, desprestigiados por su filiación con una cierta incapacidad intelectual, fueron rechazados de lleno por los A.T.S., quienes constituyeron un movimiento reivindicativo que solicitaba la incorporación en los planes de estudios universitarios. Ante esta situación, en 1976, se constituyó una Comisión para el estudio y justificación, formada por representantes de diferentes ámbitos como fueron los Ministerios de Educación y Sanidad, los sindicatos y los colegios profesionales, entre otros. Los diferentes movimientos sociales reivindicativos que se produjeron, obligaron al Gobierno español a transformar las Escuelas de Ayudantes Técnicos Sanitarios en Escuelas Universitarias de Enfermería.

Hubo que esperara hasta el año 1970 para que se creara la Escuela de Ayudantes Técnicos Sanitarios (A.T.S.) vinculada a la Facultad de Medicina, pese a que desde 1967 había comenzado a funcionar la Escuela de Ayudantes Técnicos Sanitarios (A.T.S.) en la Residencia Sanitaria de la Seguridad Social Nuestra Señora de La Candelaria, adscrita a la Facultad de Medicina de Cádiz hasta 1972. En 1977 se crea la Escuela Universitaria de Enfermería como centro integrado en la Universidad de La Laguna, para en 1978, tanto la Escuela de Enfermería de Nuestra Señora de Candelaria como la Escuela de Ayudantes Técnicos Sanitarios dependiente del Cabildo Insular de Gran Canaria se adscribieran a la Universidad de La Laguna.

Dos años más tarde, en 1980, se realiza una nueva modificación legal en el marco de la profesión enfermera, por el que se modifica el de 18 de enero de 1957, que establecía la especialidad de Matrona, y se establece la regulación del plan de Convalidación por la U.N.E.D. de A.T.S. a D.U.E.

Posteriormente, la consolidación de los planes de estudio se vio favorecida por el Real Decreto 1497/1987, de 27 de noviembre, en el que se establecían las directrices comunes a los planes de estudio de los títulos universitarios, modificando la enseñanza universitaria española, y buscando así, la actualización y adaptación de la enseñanza a las directivas europeas, definiéndose así las Directrices Generales de los planes de estudio del Diplomado en Enfermería.

Tras estos logros, la Enfermería española precisó concretar y reconocer sus especialidades, suprimiendo las Especialidades de Diplomado Universitario de Enfermería y de Ayudantes Técnicos Sanitarios obtenidas con anterioridad, otorgando la posibilidad de la expedición de un nuevo título de Especialista, a aquellos que se encontraran en posesión de alguno de los títulos suprimidos. Además en su artículo 2 se enumeran las Especialidades de Enfermería: Enfermería Obstétrico-Ginecológica (Matrona), Enfermería de Salud Mental, Enfermería Geriátrica, Enfermería del Trabajo, Enfermería de Cuidados Médico-Quirúrgicos, Enfermería Familiar y Comunitaria y Enfermería Pediátrica, y se establecía un acceso excepcional al título de Especialista.

En la actualidad, pese a haber recorrido un largo camino que nació con la aparición del hombre sobre la Tierra, el completo reconocimiento de las Especialidades, el desarrollo de la Carrera Profesional, la finalización con el proceso de instauración del Grado y los primeros pasos dentro del Doctorado son nuestros retos fundamentales de futuro.

Queda límpido que existe una marcada carencia de conocimientos sobre devenir de los cuidadores profesionales a lo largo de la historia y de una clara determinación de su figura. Maya en 2003, definió la identidad enfermera como la manera como el profesional ve su profesión y el sentimiento que ella le genera, influyendo en su modo de pensar, de actuar y en cómo desarrolla sus relaciones con su entorno. ¿Será todo ello producto de la falta de definición del rol y del desconocimiento sobre la labor desempeñada hasta ahora? ¿será el resultado de no tener todavía definido la identidad de la profesión enfermera? ¿será que todavía carecemos de conciencia del papel que desempeñamos dentro del equipo multidisciplinar?

El planteamiento de estas cuestiones me hace sentirme obligado a invitar a los presentes y a los no presentes a indagar, investigar y reivindicar el rol de la enfermera en la historia, dando a conocer su papel de espectadora activa del proceso del cuidado de los dolientes. Como diría Víctor Hugo: el futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad.

Imagen I

Imagen I. ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos?, obra del pintor Paul Gauguin (1897)

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