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Revista Tesela ISSN 1887-2255

 

 

EDITORIAL

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En busca de la excelencia

Marta Durán Escribano
Enfermera. Profesora Emérita de la Universidad de Alcalá, Madrid, España

Tesela [Rev Tesela] 2013; 13

 

 

 

Cómo citar este documento

Durán Escribano, Marta. En busca de la excelencia. Tesela [Rev Tesela] 2013; 13. Disponible en <http://www.index-f.com/tesela/ts13/ts1301.php> Consultado el

 
 

 

 

    Hace ya más de tres décadas, cuando comenzaba a definirse en nuestro país los primeros idearios del modelo de gestión para hospitales y de atención primaria, quienes estábamos en la gestión de servicios teníamos un libro de cabecera: "En busca de la excelencia" de Thomas J. Peters (1982) más tarde, este mismo autor publicaría el libro "Pasión por la excelencia". En los comienzos del siglo XXI el sistema profundiza aún más en esta necesidad de apostar por la excelencia centrada en la gestión por y para las personas, y como referencia de ello citaré el libro "El triunfo del factor humano. Estrategias para el progreso y la evolución de la gestión" de Reinhard Mohn (2000).

El final del siglo XX ha estado marcado por la enorme creatividad en el diseño de nuevos modelos de gestión de los servicios de salud, comenzaban en estos tiempos a incorporarse estrategias y modos de hacer de la gestión de las grandes empresas de producción. El enfoque dominante se centraba en la consecución de la calidad de las prestaciones y la excelencia profesional, la consideración del factor humano se constituye como elemento sustantivo sobre el que habrán de girar los modelos que preconizan la innovación de la gestión. Thomas Peters fijaba el éxito de la gestión en la orientación de la producción hacia la necesidad social requerida y en tratar dignamente a las personas y pedirles que destaquen por la calidad de los servicios que prestan, dicho con sus palabras: "la paralizante obsesión por los costos se eclipsa ante la preocupación por la calidad". Si esta afirmación resultaba relevante hace más de cuarenta años, no lo es menor en la actual situación. Por otra parte, Reinhard Mohn, cuando pone la atención en el factor humano como eje de la organización de servicios, lo describe en los términos siguientes: "lograr el equilibrio entre la libertad y la responsabilidad, entre la humanidad y la eficacia".

Se hace cada vez más necesario determinar estrategias educativas y de gestión que apuesten por la socialización de los profesionales hacia el compromiso con la responsabilidad como ejercicio de ética profesional. La excelencia, fruto de ese compromiso y de la capacidad de liderazgo y de aprendizaje continuado para saber estar a la altura de los tiempos, ha de generar la toma de conciencia de los ciudadanos sobre su necesidad y que ellos mismos sean protagonistas partícipes de este nuevo proceso. Los beneficios de un sistema de salud equitativo y solidario, son la justificación para alcanzar el progreso y el desarrollo sostenido de la sociedad de bienestar actual. No obstante, en la actual situación española parece que, en lugar de buscar una estrategia para enriquecer las bondades de los modelos de gestión que han pervivido en años anteriores, con todas sus limitaciones, políticos y gestores de los servicios de salud parecen estar poniendo en riesgo la razón esencial de atender las necesidades humanas de salud de las personas y la idea de servicio, al ser considerados en primacía los aspectos económicos de un servicio que, por su naturaleza, no produce beneficios directos. Hoy más que nunca estamos necesitados de modelos de gestión ligados al compromiso con la sociedad y cuyo eje se sustente en integrar las aspiraciones del servicio que se presta con las necesidades de los ciudadanos y con el crecimiento y desarrollo personal de los profesionales y gestores de la empresa. El activo esencial de la gestión de los servicios de salud hoy, ha de seguir centrada en la consideración del factor humano, de quienes reciben un servicio y de quienes lo aplican. Somos las personas quienes conformamos el núcleo esencial del modelo de producción de servicios de salud.

Las crisis económicas han marcado los diferentes periodos de nuestra historia reciente, pero nunca se habían trastocado de tal manera los valores identitarios del sistema de salud, como ahora se está haciendo. Estamos ante una crisis económica que ha trascendido a crisis estructural, crisis que afecta de manera determinante a los profesionales de la salud y que genera un sentimiento de pérdida en relación con la formación y el desarrollo de la educación para la que se nos ha preparado y lo que ahora las políticas de salud y el sistema nos requieren. Hay quien sabiamente lo ha llamado "el pensamiento único", todo ha de girar en función de la rentabilidad económica y, este mal de nuestra sociedad, es el que está haciendo mella en nuestra capacidad para reaccionar, sencillamente, estamos perplejos.

En lo que a las enfermeras nos afecta y para ayudar a salir de nuestra propia crisis, propongo unas premisas como punto de partida para la reflexión. Primero, la prioridad para garantizar la eficacia y la eficiencia de las prestaciones de cuidados nos exige definir y aplicar modelos de gestión ligados al compromiso con la sociedad. Segundo, la gestión deberíamos entenderla como el instrumento que nos permite garantizar prestaciones de calidad y excelencia en la resolución de las demandas de servicios que tiene la ciudadanía, y en ello los cuidados para la salud han de ocupar un lugar relevante, porque relevantes son sus necesidades humanas. Tercero, la evolución y el desarrollo científico y tecnológico, surgido desde el pasado siglo, viene a poner de relieve la necesidad de profesionales altamente cualificados y profesionalizados, abriéndose con ello un modelo social y productivo encaminado a la innovación y a una mejor educación y formación, en ello, la educación y la investigación enfermera han de ser parte consubstancial de este modelo social y productivo. Si perdemos el horizonte y la razón de ser del cuidado enfermero, hemos perdido el rumbo de nuestro desarrollo disciplinar, pero lo que es aún más grave, estaremos hipotecando el progreso de la salud y bienestar de las personas y su entorno de vida en las generaciones venideras.

Toda crisis es también una gran oportunidad. Estamos viviendo un cambio de siglo, un cambio de paradigma sociocultural, pero no olvidemos que somos parte de ello, estamos haciéndolo entre todos, nada nos debe venir dado, deberemos ser parte activa y responsable tanto de nuestro silencio como de las acciones que diseñemos para resolverla en el conjunto de la sociedad. El futuro inmediato y el largo plazo se están tejiendo ahora, para cada cual, para el colectivo profesional y para la sociedad del futuro.

Hay que innovar y poder comunicar científicamente la necesidad del cuidado enfermero en relación con la mejora de la calidad de vida. Hay que competir desde la identidad enfermera, destacando aquello que, si no lo ofertan las enfermeras, se le priva a la población. Tenemos excelentes doctoras/es, tenemos excelentes gestoras/es, tenemos que rentabilizar la formación enfermera especializada, podemos ofrecer la garantía de la calidad técnica, científica y humana de muchas enfermeras que, en el día a día, están prestando una atención de salud excelente. Saber gestionar el cuidado enfermero supone saber poner en valor todo el activo de excelencia de nuestra profesión.

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