ENTRAR            

 


 

TEMPERAMENTVM ISSN 169-6011

 

 

EDITORIAL

 

 

Documentos relacionados

Ir a Sumario

Documento anterior

Documento siguiente

Enviar correo al autor 

 

Eternos debates

Margarita Seara Pazo
Licenciada en Filología Clásica. Profesora de Enseñanza Secundaria. Ourense, España

Correspondencia: Rúa da Pedreira, nº 10. Seixalbo, 32.970 Ourense, España

Temperamentvm 2008; 8

Imagen: Escena de prthesis. (Atenas, Museo Nacional)

 

 

 

Cómo citar este documento

Seara Pazo, Margarita. Eternos debates. Temperamentvm 2008, 8. Disponible en <http://www.index-f.com/temperamentum/tn8/t2508.php> Consultado el

 

 

 

    Los medios de comunicación nos recuerdan constantemente que hay temas ético-médicos que el ser humano tiene aún pendientes por más que se vengan cuestionando desde épocas antiguas.

Primero fue el caso de Sampedro, amplificado por su proyección cinematográfica, y su lucha a muerte por el derecho al suicidio asistido, que no eutanasia; el debate de nuevo saltó a los titulares a partir de las reivindicaciones de Chantal Sévire. Las denuncias de sedaciones excesivas en pacientes terminales en el Severo Ochoa son otro ejemplo de que el tema de los últimos momentos de nuestros seres queridos puede ser visto desde ópticas muy diferentes. Últimamente es la reforma de la ley española de interrupción del embarazo la que ha pasado a ser noticia. Pero, desde una perspectiva histórica, ninguno de estos debates es novedoso.

Si nos remontamos a la Antigua Grecia y al caso del aborto, sabemos que estaba penado por las leyes de algunas poleis, pero autores como Platón en su República propone el aborto sin restricciones como medida controladora de la ciudad (461c), algo semejante a lo que hace Aristóteles en su Política (1335b). Los estoicos, en cambio, eran contrarios al aborto. En todo caso, el aborto y el momento en el que sería "lícito" realizarlo fue motivo de controversias filosóficas. En cuanto al Corpus Hippocraticum, se aprecian posturas distintas según los autores: hay opiniones favorables al aborto terapéutico y totalmente prohibitivas, como la del famoso juramento, atribuido a los pitagóricos del siglo IV a de C., que constituye la base de actuación moral, todavía hoy, de algunos médicos. Sorano de Éfeso, que escribe el primer tratado de ginecología que conocemos, dedica no poco espacio a los métodos anticonceptivos y abortivos; más tarde Musción versionaría las enseñanzas de éste para poder ser entendidas por las matronas de la época.

La historia de los ires y venires en cuanto a la licitud del aborto continúa en época romana: La ley Cornelia prohibía las prácticas abortivas; el emperador Augusto prohibió el uso de los anticonceptivos y el aborto. En cuanto a la Iglesia Católica, sobre todo a partir de San Agustín, es muy clara y consecuente en su postura; no obstante, Hipólito (Phil., 9, 12), contrario al Papa Calixto, afirmaba que los cristianos de Roma, a comienzos del siglo III, abortaban y tomaban drogas anticonceptivas, sin que el obispo de la ciudad se opusiera a este uso. Los obispos de Roma no condenaron ni el aborto, ni los contraceptivos, tampoco condenados en la Biblia. El apologista Atenágoras (Legal., 35) es el primer escritor cristiano que considera el aborto como un homicidio.1

Como vemos, desde hace dos milenios, el debate continúa.

En lo que se refiere a poner fin a la vida, las enfermedades incurables y el papel que debe desempeñar el equipo médico en esos casos, es otro buen ejemplo de incesante debate.

Comenzando de nuevo por Grecia, en De Arte podemos leer: "Pienso que la medicina tiene por objeto librar a los enfermos de sus dolencias, aliviar los abscesos graves de la enfermedad y abstenerse de tratar a aquellos enfermos que ya están dominados por la enfermedad, puesto que en tal caso se sabe que el arte no es capaz de nada"; el Juramento prohíbe al médico administrar fármacos letales, "aunque se lo pidan". Pero, ¿podemos interpretar esto como la negativa a la mal llamada eutanasia o mejor al suicidio asistido? ¿Cómo tomarían los enfermos desahuciados por los conocimientos médicos del momento la negativa a "intervenir"?

En cuanto a Roma, ningún pueblo dio tanta importancia a la salud como el romano: se saludaban deseándose salud (vale/valete), y de casi todos los escritores romanos de las distintas épocas podemos extraer alguna cita sobre lo apreciada que es la salud, como la del hispano-romano Marcial: non est vivere sed valere vita, "la vida no es vivir, sino tener salud" (Epigramas 6,70,15). Encontramos también en Roma, duras críticas contra el ejercicio de la medicina como un negocio: Séneca, otro hispano, critica al médico que ve en el enfermo a un comprador de un servicio, y no a un amigo o a un semejante en el desvalimiento (Ben. VI 16). Escribonio Largo exige del médico ante todo compasión y humanidad y pide el odio de los dioses y los hombres para aquel profesional que no la tenga. Y sin embargo, o precisamente por eso, creían que "La vida, ciertamente, no debe desearse hasta el extremo de creer que se ha de prolongar a toda costa [.] Por ello ha de tener todo el mundo entre los remedios de su ánimo ante todo éste: de todos los bienes que la naturaleza concedió al hombre ninguno hay mejor que una muerte a tiempo, y lo óptimo en ella es que cada uno se la pueda dar a sí mismo". (Plinio: Nat. Hist. XXVIII 2,9). Esta es, estupendamente descrita, la actitud de la aristocracia romana frente a la enfermedad y la muerte, acorde con el estoicismo: la salud no debe perseguirse a cualquier precio, y todo el mundo ha de tener bien inculcado que el mejor remedio es la mors tempestiva, el morir en el justo momento, algo que, por otra parte estaba al alcance de cualquiera. Para poner fin a la vida, los romanos requerían casi siempre la pericia de un experto médico que hiciese el trance más llevadero.

La percepción de la enfermedad no como un hecho punitivo por alguna trasgresión o causada por la mala fortuna, sino como prueba de paciencia y grandeza de ánimo que da ocasión de sublimar al individuo arranca también de la filosofía estoica y es la postura que mantendrá, hasta hoy la Iglesia Católica. Por lo tanto, toda actitud contraria a esta oportunidad de superación será denostada: el concepto de dignidad humana, el sentido de la vida, de la libertad, y qué entendemos por persona afectan al sentido de la muerte.

Mientras continúa el debate, miles de mujeres cuya ética y moral es cuestionada, toman la difícil decisión de deshacerse de la vida que comienza a crecer dentro de ellas y afrontan el trance solas y con poco o ningún apoyo psicológico. Claro que mejor eso que volver a épocas en las que los abortos eran practicados clandestinamente con nulas garantías de su propia vida. Al sentimiento de culpa y al temor a ser descubiertas se añadía el riesgo para su salud física.

En tanto Conferencias episcopales y Gobiernos se cruzan reproches, todos y cada uno de nosotros seguiremos enfrentándonos al único hecho cierto y seguro de nuestras vidas. Acostumbrados o condenados a llevar un ritmo frenético, nuestra sociedad vuelve las espaldas a la muerte: la mayoría vive sus últimos instantes en salas de hospital rodeados de personas extrañas, compartiendo habitación con un desconocido. Afortunadamente, parece que se están aunando esfuerzos para que podamos morir en casa, en nuestra cama, con nuestra familia, pero sin que falten los cuidados paliativos, aunque queda mucho camino por andar, tanto por parte de la administración como en lo que a nuestra mentalidad se refiere.

Mientras se cuestione si la sedación aplicada acortó mucho, poco o nada la vida del paciente terminal; mientras sigamos muriéndonos en el hospital porque pensamos que allí estaremos mejor atendidos o porque dudemos de la eficacia de la asistencia a domicilio de los equipos de cuidados paliativos, mientras. sólo nos queda esperar un rostro amable que ya sabemos que no nos va a sanar sino que va a cuidar de que no nos enfrentemos solos a la muerte, que va a tratar, en lo posible que no nos sintamos aterrorizados ante lo desconocido. Y eso sólo podemos esperarlo de profesionales que saben que su cometido no se reduce a aspectos técnicos, sino también humanos, difíciles de adquirir a través de manuales de los que fueron examinados en su momento.

Nota

1. Véase: Blázquez, José María. Los anticonceptivos en La Antigüedad Clásica. Alicante: Biblioteca virtual Miguel de Cervantes, 2005.

Principio de pgina 

Pie Doc

 

RECURSOS CUIDEN

 

RECURSOS CIBERINDEX

 

FUNDACION INDEX

 

GRUPOS DE INVESTIGACION

 

CUIDEN
CUIDEN citación

REHIC Revistas incluidas
Como incluir documentos
Glosario de documentos periódicos
Glosario de documentos no periódicos
Certificar producción
 

 

Hemeroteca Cantárida
El Rincón del Investigador
Otras BDB
Campus FINDEX
Florence
Pro-AKADEMIA
Instrúye-T

 

¿Quiénes somos?
RICO Red de Centros Colaboradores
Convenios
Casa de Mágina
MINERVA Jóvenes investigadores
Publicaciones
Consultoría

 

INVESCOM Salud Comunitaria
LIC Laboratorio de Investigación Cualitativa
OEBE Observatorio de Enfermería Basada en la Evidencia
GED Investigación bibliométrica y documental
Grupo Aurora Mas de Investigación en Cuidados e Historia
FORESTOMA Living Lab Enfermería en Estomaterapia
CIBERE Consejo Iberoamericano de Editores de Revistas de Enfermería