REVISTA INTERNACIONAL DE HISTORIA Y PENSAMIENTO ENFERMERO
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 La responsabilidad enfermera: "decirse"

Jorge Mínguez Arias
Diplomado en Enfermería. Licenciado en Antropología Social y Cultural. D.E.A. por la Universidad Pública de Navarra. Centro de Salud Labradores, Logroño (España)

Correspondencia: Centro de Salud Labradores. C/Labradores 40. 26005 Logroño (España)

Manuscrito aceptado el 11.05.07

Temperamentvm 2007; 5

 

 

 

Cómo citar este documento

Mínguez Arias, Jorge. La responsabilidad enfermera: "decirse". Temperamentvm 2007, 5. Disponible en <http://www.index-f.com/temperamentum/tn5/t1206.php> Consultado el

 

 

 

En el año 442 antes de nuestra era, ya contaba Sófocles en su tragedia Antígona1 la contradicción entre el deber tradicional familiar y el respeto a las normas emanadas del estado, pues Creonte, rey de Tebas, condena al hermano de ésta, Polineces, a permanecer sin sepultura por morir atacando a su ciudad. Su condición de mujer, linaje casi de esclava en la época,2 no le impide contradecir y revelarse contra el rey dando sepultura a su hermano. Lógicamente sabe que con ello va a encolerizar a Creonte hasta el punto de ser ejecutada, riesgo que asume pues sabe que tiene el compromiso de cumplir con la tradición y las leyes de sus dioses.

Este mito contrapone los deberes de sangre y los deberes de vecindad, la ruptura entre el mundo antiguo pre-ciudadano donde se muestran "las formas" anteriores a las ciudades y las ciudades que "inventan" la vecindad.

En Antígona se muestra claramente la importancia que tiene el dar sepultura en la Grecia clásica. El morir insepulto es morir en ningún lugar sin el acotamiento territorial que borra toda señal de la propia muerte en la tierra. Se restringe el recuerdo a cero y por tanto, no se puede convocar a su propio recuerdo a las personas que a uno le recuerdan, por ello, si éstas no se convocan, no solo se muere físicamente, sino también se produce la muerte social. Por tanto morir sin sepultura, es morir en ningún lugar no solo físicamente sino socialmente.

En el sistema de creencias de la civilización occidental, basado en la Grecia clásica, la sepultura es algo muy importante, por ello los esfuerzos realizados para dar sepultura a las enfermeras de Valdedios,3 recuperando su memoria histórica, dado que la sepultura, es la superación social de la muerte biológica.

En el recuerdo del fallecido, al morir sepultado, existe un lugar, un sitio que cobra una densidad significativa que no tenía antes. Ese no es un lugar como otro cualquiera pues en él confluye el recuerdo. Muchos ponen un ramo de flores, una cruz, crean o construyen un monumento, que acota y determina una circunstancia acontecida.

Este conjunto de adensamientos significativos, llamémosles monumentos, actos, discursos, canciones, poemas, etc., etc., son construcciones cotidianas de nuestra vida, que constituyen una sucesión diferenciada de hechos, dando lugar a una serie de hitos, gracias a los cuales el ser humano se puede ir orientando, y por ello puede ir habitando el mundo donde vive, con el cual se identifica indicándole donde está y lo que es. Va balizando y por tanto haciendo habitable la mar o el desierto, pues tiene referencias en él; donde no existen referencias no se puede subsistir dado que uno se pierde y fácilmente se muere y desaparece.

Este es el proceso por el cual se va construyendo la historia, consecución de hechos que no siempre todos son contados, permanecen o subsisten aquellas historias consideradas más importantes, más trascendentes, las que mejor o "más" interesan merecen la pena ser contados.4 Por eso se narran las historias, las hazañas de las heroínas, héroes y se evitan las de los cobardes, salvo que en sí misma, tal cobardía resulte heroica. Solo los hechos memorables merecen la pena ser llevados a la memoria. Si no se te recuerda, no se señala tu espacio. Cuando la muerte de alguien convoca a la comunidad es porque esa persona, merece un monumento por hacer cosas memorables. De ahí que estos hechos suelen ser contados y cantados por artistas, poetas e historiadores.

Si no te cuentas no existes. Dice Ortega y Gasset que somos nuestros dichos y nuestros hechos, que somos lo que decimos que somos y lo que hacemos, pero además tenemos que contarlo, debemos contarnos para tener nuestro espacio social, para tener nuestra memoria, para poder ser.5

Wittgenstein dice que no hay río si no hay cauce, pero tampoco hay río si no hay agua, comparando el agua a las ideas, y el cauce a las creencias. Muchas veces olvidamos la importancia de las creencias con las que describimos nuestra realidad, centrándonos más en las ideas, por ello debemos considerar que éstas surgen de nuestro interior de lo mas íntimo, de lo más subjetivo, por lo cual, debemos conocer y controlar desde donde somos contados.6 Como consecuencia de lo mencionado, el conocimiento de la realidad no es neutral, esta cargado de valores, de subjetividades, los entornos, los espacios se construyen con referencias de carácter territorial.

Siendo muy reduccionista y por tanto asumiendo el riesgo de cometer errores, se puede decir que en el proceso evolutivo del ser humano, existe un primer estadio donde el conocimiento de la realidad era a través del animismo. Comte, en 1826, al inaugurar unos cursos que llama de filosofía positiva, establece el planteamiento sobre la historia del pensamiento científico y su proceso, basado en tres estadios o niveles, el teológico, el metafísico y el de la ciencia positiva.

En el denominado teológico, la realidad se explica a través de la visión religiosa, de los mitos, de las fábulas; en este apartado no hay ciencia, todo se intenta explicar a través de mitos, visiones religiosas, fábulas, etc. Posteriormente Descartes con el "cogito, ergo sum" (pienso, luego existo), muestra el paso del mitos al logos, donde la explicación de la realidad es a través de la razón.

La ciencia positiva, muestra la realidad a través de lo observable, de lo visible de lo objetivable. La realidad es todo aquello que se puede pesar, medir o contar, pasando la física a ser la ciencia de primer orden, reduciendo a las que hasta el momento habían ocupado ese lugar, como eran las matemáticas, la geometría, a ciencias de segundo orden; convirtiendo así el objeto en norma positiva.7

Desde entonces las entidades sociales se estudian como si fueran entidades físicas, observables, cuantificables.

Estudiosos de las teorías de ciencia, se percatan de la necesidad imperiosa de liberar al científico de sus creencias, de su subjetividad para valorar y observar con total neutralidad la realidad, para poder ver y comprender así la verdad.

Esta circunstancia los lleva a buscar caminos nuevos, pues parten de un observador subjetivo que tamiza por sus valores, por su subjetividad, la realidad que observa, de ahí que se replanteen cual es el objeto de su acción y conceptos de realidad.

La epistemología es importante como fuente que estudia los problemas filosóficos derivados de la ciencia del conocimiento, ocupándose de la definición del saber, de los conceptos relacionados, de las fuentes, de los criterios, de los tipos de conocimiento posible y del grado con el que cada uno resulta cierto; así como de la relación exacta entre el que conoce y el objeto conocido. Procede del griego episteme que significa conocimiento y de logos que es teoría, razón. De ahí que las enfermeras de un tiempo a esta parte hayan descubierto el sagrado deber e importancia de contarse para existir, para saber quienes son, para ser útiles como instrumento al servicio de la comunidad, para mostrar al ciudadano lo que les pueden pedir, de ahí que sea preciso determinar desde dónde, cómo, quienes, porqué, etc., se cuentan.8

Las enfermeras para poder ser, toman conciencia de su dinamismo, no son un ente que permanece estático a lo largo del tiempo, nunca son iguales, están en constante transformación y cambio, expresando así la voluntad del quehacer cotidiano. Para poder decirse y ser como colectivo social, están sometidas a un proceso evolutivo con dos tipos de comportamiento antagónicos, unos conservatistas y otros dinámicos; hay cosas, que permanecen pero que a la vez cambian, manifestándolo en los actos de conformidad o disconformidad, que estructuran y desestructuran la propia organización social, sin dejar de ser lo que son (diferentes a ayer, pero distintos a mañana, y sin embargo, no dejan de tener la propia identidad enfermera). Esta aparente contradicción, conservar lo que se es y a la vez innovar, es una característica del ser humano y de sus organizaciones sociales, por tanto, no hay que considerarlo como algo anómalo, sino como algo implícito a la propia condición humana.9

Pues bien, a través del mito de Antígona mostramos la necesidad de evitar el desierto para referenciar y cartografiar la realidad, considerando que a lo largo de la historia profesional, se han utilizado distintos filtros en cada momento para reconocerla, siendo conscientes que ésta nunca es neutral, dado que está cargada de valores, de creencias, de intereses, de subjetividades, construidas en entornos y espacios con referencias de carácter territorial, pero sin dejar de asumir el sagrado deber de contarse y evitar la trágica muerte social.

Bibliografía

1. Sofocles. Áyax, Las Traquinias, Antígona,Edipo Rey. Clásicos de Grecia y Roma. Madrid: Alianza Editorial, 2006; 169-230.
2. Fraisse G, Turbet S. Del sexo al género: los equívocos de un concepto. Madrid: Cátedra, 2003; 305.
3. Minguez Arias J, Santolalla Arnedo I. Los enfermeros de Valdedios: dar vida a la memoria. Boletín de Enfermería Comunitaria 2003; 9: 27-28.
4. Siles González J. La construcción social de la Historia de la Enfermería. Index de Enfermería 2004; 47: 8-10.
5. Ortega y Gasset J. ¿Qué es filosofía? Colección Austral Ciencias y Humanidades. Madrid: Espasa, 2007; 119-137.
6. Molines U, Zares A. Editores. Wittgenstein L. Investigaciones filosóficas Edición bilingüe alemán-castellano. Barcelona: Instituto de Investigaciones Filosóficas, UNAM y Editorial Crítica; 1988.
7. Diccionario de Filosofía Contemporánea. Salamanca: Ediciones Sígueme; 1976; 88-89. 1976.
8. Siles González J. Epistemología y enfermería: por una fundamentación científica y profesional de la disciplina. Enfermería Clínica 1997; 7: 188-94.
9. Herskovits Melville J. El hombre y sus obras. México: Fondo de Cultura Económica, 1952; 518-531.

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