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TEMPERAMENTVM ISSN 169-6011

 

 

EDITORIAL

 

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Historia del tiempo presente:  Enfermería y Globalización

José Manuel Jover Lorente
Secretario General de la Consejería de Economía y Trabajo de la Junta de Extremadura (España)

Correspondencia: C/ Juan de la Cierva 38. 06800. Mérida, Badajoz (España)

Manuscrito aceptado el 7.11.2006

Temperamentvm 2006; 4

 

 

 

Cómo citar este documento

Jover Lorente JM. Historia del tiempo presente: Enfermería y Globalización. Temperamentvm 2006; 4. Disponible en </temperamentum/tn4/t806.php> Consultado el

 

     Las consecuencias de ese complejo proceso de relajación de las trabas a la libre circulación de mercancías y personas que hemos dado en llamar globalización, se dejan sentir ya en todos los aspectos de nuestra vida personal y profesional. Y la de las enfermeras no es una excepción.
     Así, no son pocas las enfermeras españolas que han optado por trabajar en Portugal, o se han sentido atraídas por las tentadoras ofertas de la sanidad británica. Tampoco es raro el caso de los que dedican parte sus carreras a colaborar con ONGs, en lugares cuyas penurias han hecho tan cercanas la facilidad para desplazarse y el desarrollo de las tecnologías de comunicación. Cada vez son más los que, en su labor cotidiana, deben atender a personas procedentes de otras culturas. Y ninguno permanece ajeno a la creciente presencia de inmigrantes dedicados a cuidar a nuestros mayores y discapacitados. No es exagerado afirmar que la Enfermería se ha hecho por la fuerza de las cosas indefectiblemente internacional. Estamos ante una globalización sin discusiones de los profesionales sanitarios.
     En el mismo orden de cosas, las cifras que describen el aumento de la población extranjera en España, son elocuentes. Aunque sea difícil establecer con exactitud cuántos inmigrantes viven en España, en enero de 2006 el INE cifraba en 3.884.000 los extranjeros empadronados; es decir, en más del 8% de la población total. En 1996 no llegaban a los 550.000, de modo que, en poco menos de una década, su número se ha multiplicado por siete.
     Estos datos resultan aún más llamativos si se comparan con los de los años 70, cuando éramos los españoles, los que emigrábamos. Por otra parte, teniendo en cuenta factores como la reagrupación familiar a la que tienen derecho los inmigrantes cuando obtienen los permisos de residencia, o las escasas y lejanas perspectivas de mejora que se vislumbran en los países emisores, las previsiones apuntan a que la inmigración seguirá aumentando a un ritmo cercano al 20% anual, con lo que en 2050 un 25% de los residentes en España habrán nacido en otros países.
     Las nacionalidades que componen la población extranjera, no sólo son muy diversas sino que son también cambiantes en el tiempo. Mientras en 1999 la mayor parte de los inmigrantes que residían en España procedían de la Unión Europea (41,1%) y del continente africano (23,4%), en 2005 el 45% de los inmigrantes residentes procedían de América Latina seguidos con un 19,2% de los inmigrantes procedentes de Europa del Este. Estamos ante un, más que evidente, proceso de globalización de los eventuales pacientes, sobre los que las profesiones sanitarias ejercerán su labor.
     Este efecto diversificador en culturas y nacionalidades de los destinatarios de los cuidados sanitarios, se dará en todo el territorio nacional si bien en distinta intensidad. El choque migratorio se ha producido con una notoria expansión a lo largo de la geografía: mientras que en 1999 sólo Baleares tenía una proporción de inmigrantes superior al 4%; en 2005 eran ya 11 las Comunidades Autónomas que tenían una proporción de inmigrantes superior al 4%. La mayor parte del choque migratorio se ha concentrado en la Comunidad de Madrid, el arco mediterráneo (Cataluña, Comunidad Valenciana y Murcia) y los archipiélagos tanto balear como canario. La globalización de los eventuales pacientes nos alcanzará a todos.
     España se enfrenta a las previsibles consecuencias de estos cambios poblacionales, en el llamado Estado del Bienestar, desde una posición sólida: la que proporciona un consenso social, casi unánime sobre la necesidad de ampliar las prestaciones de la red asistencial pública a las personas dependientes (materializado en la reciente aprobación de la Ley de Dependencia), y la consolidación de un sistema sanitario público que ofrece una de las mejores coberturas del mundo a cualquier persona que la requiera.
     La responsabilidad en los mayores y mejores cuidados sanitarios, sobre todo donde serán más intensos, implicará una mayor responsabilidad social tanto pública como privada y requerirá un espectacular incremento de empleos destinados a cubrir dichas necesidades. No es descabellado pensar que gran número de los empleos de cuidados sanitarios auxiliares a dependientes se llevará a cabo por mano de obra inmigrante. Téngase en cuenta que hay una representación superior en 14 puntos porcentuales de la población inmigrante en el servicio doméstico, respecto a empleadores.
     Nuestros ancianos y dependientes serán cuidados o seremos cuidados en gran medida por personas con otra lengua materna, otra cultura, otros hábitos higiénicos, otras creencias éticas y religiosas. Las enfermeras, habrán de desplegar grandes esfuerzos en labores de educación para la salud y cuidados a dependientes. Los efectos de la globalización alcanzará al ámbito familiar íntimo, en aspectos donde requerirá significativos esfuerzos pedagógicos en los cuidados de salud.
     Sin embargo, es labor de todos y todas que ese marco y el espíritu solidario que lo anima no se tambaleen con el impacto de la inmigración. El papel de las enfermeras, en este empeño, no es menor. En la medida en que han de tratar con personas con hábitos de salud y concepciones sobre la enfermedad y la muerte a menudo distintas a los nuestros, no les queda sino abrir sus mentes a esa diferencia y afinar su sensibilidad ante el dolor ajeno. Y desde el momento, en que el cuidado de ancianos y discapacitados se ha convertido en una de las ocupaciones principales de muchas inmigrantes, éstas tienen en los conocimientos y en la actitud de las enfermeras una referencia inmejorable.
     En suma, el rápido e intenso aumento de los extranjeros que viven con nosotros y su doble condición de enfermos y de cuidadores de enfermos, sitúan a las enfermeras ante situaciones que añaden nuevos retos y nuevas dificultades, pero también nuevos estímulos y oportunidades.

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