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TEMPERAMENTVM ISSN 169-6011

 

 

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Sostiene Pereira. Una declaración
Antonio Tabucchi
Editorial Anagrama (Colección Compactos). Barcelona, 2012 (17ª edición). 184 Págs.

Autor del comentario:
Francisco Herrera Rodríguez

Temperamentvm 2012; 15

 

 

 

Cómo citar este documento

Herrera Rodríguez, Francisco. Sostiene Pereira. Una declaración, de Antonio Tabucchi [comentario de texto] Temperamentvm 2012, 15. Disponible en <http://www.index-f.com/temperamentum/tn15/t0712.php> Consultado el

 

 

 


El corazón del señor Pereira

    Antonio Tabucchi se ha ido prematuramente, como lo hicieron Albert Camus o Antón Chéjov, se ha ido cuando sus lectores esperábamos más páginas hipnóticas escritas al ritmo lento de un fado. En un fado caben los vivos y los muertos, el presente y el pasado, la esperanza y el desamor, y también todo eso está en la literatura de este italiano que un buen día fue seducido por Lisboa y por el universo de Fernando Pessoa. Difícil tarea la de discernir dónde empieza la ciudad y termina el escritor portugués, no se entiende la una sin el otro y viceversa, pero para eso está Antonio Tabucchi que como nadie lo explica en una obra tan real y fantasmagórica como Réquiem. Una alucinación, donde la Vieja Gitana aconseja:

"...así no puedes continuar, tú no puedes vivir en dos lados, el lado de la realidad y el lado del sueño, eso provoca alucinaciones, eres como un sonámbulo que atraviesa un paisaje con los brazos extendidos y todo aquello que tocas pasa a formar parte de tu sueño...".

Tabucchi muestra ese Portugal en que el mundo de los vivos y de los muertos no se distingue en la realidad ni en los sueños, ni en el día ni en la noche, algo así como en la Comala de Juan Rulfo, pero con la luz atlántica y el lirismo lento de una Lisboa que parece temer despertarse de una siesta eterna; el pasado y el presente son eternos, sí, como también sucede en Dama de Porto Pim, y es que como dice este portugués de adopción "la literatura llega más allá de lo que somos capaces de mirar".

El sueño y el pasado, pues, como elementos configuradores de la literatura de Tabucchi; pero, ¿esto sucede también en Sostiene Pereira? A esta pregunta creo que hay que responder con un sí y con un no, con un sí porque el señor Pereira (viudo, gordo, católico y sentimental) vive una vida sin sobresaltos dirigiendo la página cultural de un periódico de Lisboa; una vida lenta y anclada en el pasado, una vida que preside el retrato que le hizo años atrás a su esposa muerta de tisis:"desde que había muerto su mujer, él vivía como si estuviera muerto"; pero también hay que contestar que no porque determinados acontecimientos históricos y políticos darán un giro sustancial a su vida. Pereira parece un personaje gris y anodino, pero la pluma del escritor italoportugués crea un personaje equiparable en grandeza al Tío Vania de Chéjov o al Meursault de Camus. Tabucchi sitúa a Pereira en una encrucijada histórica, moral y clínica, en una Lisboa que un día refulge "en el azul de la brisa atlántica" y al otro del océano "llega una espesa cortina de niebla" envolviéndola "en un sudario de bochorno". Metáfora climática que viene a subrayar el huracán histórico que padece el mundo en el verano de 1938; una encrucijada presidida en Portugal por Oliveira Salazar, cabeza visible del Estado Novo; el país se convierte en un pasillo, de norte a sur, que facilita la comunicación a las tropas de Franco durante la guerra civil española. Son los años de la entrada en Viena de Adolf Hitler, del bombardeo de Guernica por la Legión Cóndor o de la trágica muerte de García Lorca. En esta encrucijada histórica se verá envuelto el señor Pereira, un periodista que curiosamente para enterarse de lo que pasa en el mundo tiene que recurrir a las informaciones clandestinas de los cafés. A Pereira parece que estas cosas ni le van ni le vienen porque es un hombre tranquilo que tiene algún que otro problema existencial con la muerte, especialmente con la idea de la resurrección de los muertos; en el alma sí cree, pero esto de la resurrección le produce una cierta intranquilidad teológica, no vaya a ser que sus ideas lo sitúen en la órbita de lo herético. Este hombre tranquilo, católico y sentimental, no vive en una torre de marfil, y además de sudar mucho piensa que "esta ciudad apesta a muerte, toda Europa apesta a muerte". La encrucijada histórica se está convirtiendo en su conciencia en una encrucijada moral, personajes de su entorno con diferentes ideas agitan las turbulencias interiores de nuestro hombre; personajes como Monteiro Rossi, Marta, Lugones, el padre Antonio, el camarero, la portera, el director, Silva, la señora Delgado, el doctor Cardoso o los escritores inquietos que hablan sobre la situación en un café, todos ellos conmueven de una manera o de otra los cimientos morales del señor Pereira; pero también al amar y conocer la cultura francesa, está muy pendiente de lo que opinan escritores católicos como Mauriac y Bernanos, por un lado, y Claudel por otro. No se olvide que éste se mostró radicalmente a favor del alzamiento de Franco, mientras que Mauriac y Bernanos se mostraron muy críticos, este último denunció la situación en Les grands cimetières sous la lune. La señora "de la pierna de madera", la señora Delgado, lectora de Thomas Mann, le dice a Pereira "usted es un intelectual, diga lo que está pasando en Europa, exprese su libre pensamiento, en suma, haga usted algo".

La encrucijada histórica, pues, lleva a Pereira a la encrucijada moral, queda claro, como a tantos hombres y mujeres que en estos años no pudieron acallar sus conciencias convirtiéndose en actores de la Historia. Lo que quizás no queda tan claro es lo que apunté más arriba, lo de la encrucijada clínica, que es quizás la que da sentido a esta reseña en una revista de humanidades hecha por y para los sanitarios. Con esto de la encrucijada clínica me refiero a que el señor Pereira es un hombre entrado en años al que le preocupa la muerte, que tiene sobrepeso, hipertensión, taquicardia, sudoración profusa, disnea y una sed que trata de paliar con limonadas cargadas de azúcar, de vez en cuando toma alcohol y fuma; no hace ejercicio, lleva una vida sedentaria, coge taxis y tranvías, y come mal (pan, "omelette" a las finas hierbas, chuletas fritas, etc.), de seguir así el médico le ha dicho que durará poco tiempo.

Tabucchi muestra a un personaje en una coyuntura histórica y moral, a un hombre que tomará una decisión crucial a pesar de que su cuerpo está enfermo; el alma del señor Pereira es un alma limpia, es un hombre bueno en el sentido machadiano, pero su cuerpo arrastra una obesidad que le incomoda, una más que probable diabetes que se manifiesta con sudor y sed, algún clínico dirá si nos encontramos o no ante una persona con síndrome metabólico. Pereira toma decisiones con un cuerpo cansado que es pasto de la hipertensión, su corazón no está bien, y trata de solucionar todo esto en una clínica de talasoterapia con dieta, friegas con algas e interesantes conversaciones con el doctor Cardoso; el señor Pereira parece que quiere arreglar su cuerpo, pero sobre todo lo que quiere arreglar es su alma para tomar la decisión más adecuada de acuerdo con su conciencia. Así son las coyunturas históricas que ponen a las personas contra las cuerdas, las obligan a definirse, a tomar partido; aunque el cuerpo esté maltrecho hay que tomar partido, en este caso por la libertad y por lo que cree justo, a pesar de poder vivir plácida y cómodamente en Lisboa haciendo traducciones y confeccionando las páginas culturales de un periódico que da sus bendiciones a la política de Salazar y silencia la proliferación de los grupos paramilitares. Aquí ya no se trata de lo que piensen Bernanos, Mauriac o Claudel sino de lo que piensa el señor Pereira. Tabucchi ha creado un personaje fundamental de las letras contemporáneas, cuando acabamos el libro tenemos la certeza de que Pereira es algo más que un personaje literario y que este periodista entrado en años (católico, enfermo, gordo y sentimental) no saldrá ya nunca de nuestras vidas, el señor Pereira se ha convertido en un referente ético para siempre, porque alumbra el mundo como cantan Carlos Goñi y Bunbury en el sublime Faro de Lisboa.

En un momento de la novela Pereira se baja de un tren y se encamina a la playa, se enfunda un infame bañador y temerariamente comienza a nadar en el agua fría, a pesar de que se lo tiene prohibido su cardiólogo; al salir del mar nace un nuevo Pereira, el que después de hablar con el doctor Cardoso y el padre Antonio, y tras otros acontecimientos, será capaz de tomar decisiones arriesgadas para su persona, de llenar de nuevo aliento su vida póstuma y amortizada, de lo que no estamos tan seguro es que nuestro querido Pereira fuera capaz de transformar sus hábitos dietéticos y su régimen de vida, de vez en cuando en este sentido al hombre buena voluntad no le faltaba. Sostiene Pereira tiene una lectura histórica, moral y clínica, que además puede complementarse con la película protagonizada por Marcello Mastroianni.

Dice Carlos Cano: "tiene el corazón razones/que nadie sabe explicar". Y sostiene Pereira: "Las razones del corazón son las más importantes, es necesario seguir siempre las razones del corazón". Sostiene.

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