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TEMPERAMENTVM ISSN 169-6011

 

 

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Mahatma Gandhi

 

Florence Nightingale según Mahatma Gandhi

Manuel Amezcua,1 Isabel Antón2
1
Recopilador. Profesor, Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Granada y Presidente de la Fundación Index. Granada, España 2Traducción del inglés. Redacción Temperamentvm y Enfermera de Investigación en Insuficiencia Cardíaca en el Hospital General de Southampton, Reino Unido

Temperamentvm 2010; 12

 

 

 

Cómo citar este documento

Amezcua, Manuel; Antón, Isabel. Florence Nightingale según Mahatma Gandhi. Temperamentvm 2010, 12. Disponible en <http://www.index-f.com/temperamentum/tn12/t1110.php> Consultado el

 

 

 

"Ella no tenía miedo de ir al frente de batalla, no conocía el miedo. Sólo le temía a Dios. Ella sabía que tendría que morir un día u otro y, por aliviar el sufrimiento de los demás, soportó con entereza cualquier privación".
Mahatma Gandhi

Introducción

    En un año tan importante para la Enfermería como el centenario de la muerte de Florence Nightingale se suceden los homenajes y contribuciones a su vida y su obra, pero uno que nos ha llamado la atención ha sido un texto breve que se viene difundiendo desde distintas webs. Se trata de un comentario sobre la enfermera británica publicado a comienzos del siglo XX en un periódico indio. La relevancia se la otorga su autor: Mahatma Gandhi.

El conocido pacifista tuvo conocimiento de las hazañas de Nightingale medio siglo antes en la Guerra de Crimea y escribió un breve texto divulgativo para darlas a conocer a la población general. Posiblemente sea una de las primeras semblanzas publicadas sobre Nightingale fuera de su país, y lo hace un joven abogado formado en Londres que unos años más tarde comenzaría a destacar por su activismo político en la India.

El texto que reproducimos es el publicado originalmente en inglés en Indian Opinion, vol. 5, el 9 de septiembre de 1905. Nosotros lo hemos tomado de la web oficial de The Nightingale Declaration, en https://www.nightingaledeclaration.net/history/gandhi/. A su vez, la web declara su procedencia: M. Gandhi, "No. 80, Florence Nightingale" in The Collected Works of Mahatma Gandhi, vol. V, 1905-1906 (New Delhi: Publications Division, Ministry of Information & Broadcasting, Government of India, 1994), pp. 61-62. A la vez que informa de una errata en la fecha de publicación que no hemos tenido oportunidad de comprobar, debiendo ser la correcta el 9 de septiembre de 1915. Lo que sí hemos añadido es la traducción del texto al español, para facilitar su comprensión por nuestros lectores.

Texto original

Florence Nightingale

    We have in an earlier issue of the journal published an account of the career of the benevolent lady, Elizabeth Fry. Just as she brought about an improvement in the condition of prisoners and devoted her life to their service, so also Florence Nightingale sacrificed herself in the service of the men in the army. When the Great Crimean War broke out in 1851, the British Government was as usual not alive to the situation. There was no preparation. And just as in the Boer War, so in the Crimean War, too, they committed blunders in the beginning and suffered a crushing defeat.

Fifty years ago, the various facilities for nursing the wounded which are available today did not exist. People did not come out to render aid in large numbers as they do now. Surgery was not as efficacious then as it is today.

There were in those days very few men who considered it an act of mercy and merit to succour the wounded. It was at such a time that this lady, Florence Nightingale, came upon the scene and did good work worthy of an angel descended from heaven.

She was heart-stricken to learn of the sufferings of the soldiers. Born of a noble and rich family, she gave up her life of ease and comfort and set out to nurse the wounded and the ailing, followed by many other ladies. She left her home on October 21, 1854.

She rendered strenuous service in the battle of Inkerman. At that time there were neither beds nor other amenities for the wounded. There were 10,000 wounded under the charge of this single woman. The death rate among the wounded which was 42 per cent, before she arrived, immediately came down to 31 per cent, and ultimately to 5 per cent. This was miraculous, but can be easily visualized.

If bleeding could be stopped, the wounds bandaged and the requisite diet given, the lives of many thousands would doubtless be saved. The only thing necessary was kindness and nursing, which Miss Nightingale provided. It is said that she did an amount of work which big and strong men were unable to do. She used to work nearly twenty hour, day and night.

When the women working under her went to sleep, she, lamp in hand, went out alone at midnight to the patients' bedside, comforted them, and herself gave them whatever food and other things were necessary. She was not afraid of going even to the battle-front, and did not know what fear was. She feared only God. Knowing that one has to die some day or other, she readily bore whatever hardships were necessary in order to alleviate the sufferings of others.

This lady remained single all her life, which she spent in good work. It is said that, when she died, thousands of soldiers wept bitterly like little children, as though they had lost their own mother.

No wonder that a country where such women are born is prosperous. That England rules over a wide empire is due not to the country's military strength, but to the meritorious deeds of such men and women.

Mahatma Gandhi, Indian Opinion, 9-9-1905.

Traducción al español

Florence Nightingale

    Tenemos publicado en un número anterior de esta revista una descripción de la carrera de la benévola señora Elizabeth Fry. Al tiempo que Elizabeth Fry conseguía mejorar las condiciones y el trato de los prisioneros en el Reino Unido, habiendo dedicado su vida a su servicio, Florence Nightingale se sacrificaba al servicio de los soldados del ejército británico. Al comienzo de la Gran Guerra de Crimea en 1851, el Gobierno Británico seguía mostrándose indiferente [ante las condiciones sanitarias de los soldados]. No existía preparación alguna. De modo que, al igual que durante la Guerra de los Boers, también durante el principio de la Guerra de Crimea se cometieron graves errores y se sufrieron aplastantes derrotas.

Los recursos para el cuidado de los heridos disponibles hoy en día no existían hace 50 años. La gente no se ofrecía para proporcionar ayuda y cuidado como ahora. La cirugía no era tan eficaz entonces como lo es hoy.

En aquellos días, eran pocos los que consideraban que acudir a socorrer a los heridos constituía un acto meritorio y de caridad. Fue en esta época en que esta mujer, Florence Nightingale, apareció en escena y llevó a cabo un buen trabajo digno de un ángel del cielo.

A Florence Nightingale se le rompió el corazón cuando se enteró del sufrimiento de los heridos. Nacida en el seno de una familia rica y noble, renunció a una vida de facilidades y comodidades y se lanzó al cuidado de los heridos y los débiles, seguida por un grupo de enfermeras. Dejó su hogar el 21 de octubre de 1854.

Trabajó sin descanso durante la batalla de Inkerman. En esa época no había ni camas ni comodidades para los heridos. Más de 10.000 estuvieron al cuidado de esta mujer. La tasa de mortalidad entre los heridos, que alcanzada el 42% antes de su llegada, descendió inmediatamente al 31%, y finalmente al 5%. Fue un milagro, aunque puede explicarse fácilmente.

Las vidas de miles de heridos podían salvarse si se conseguía detener una hemorragia, vendar la herida y proporcionar una dieta adecuada al paciente. Lo único que faltaba era cariño y cuidados, ambos ofrecidos por Florence Nightingale. Se dice que hizo tal cantidad de trabajo que hombres más grandes y fuertes que ella no hubieran podido soportar. Trabajaba cerca de 20 horas, día y noche.

Cuando las enfermeras a su cargo se acostaban, ella, lámpara en mano, salía sola a medianoche y acudía a la cabecera de sus pacientes, consolándolos, proporcionándoles comida o aquello que necesitaran. Ella no tenía miedo de ir al frente de batalla, no conocía el miedo. Solo le temía a Dios. Ella sabía que tendría que morir un día u otro y, por aliviar el sufrimiento de los demás, soportó con entereza cualquier privación.

Florence Nightingale permaneció soltera toda su vida, dedicada a trabajar. Se dice que, cuando murió, miles de soldados lloraron amargamente, como niños, como si hubieran perdido a su propia madre.

No es de extrañar que un país en cuyo seno nacen estas mujeres sea próspero. El hecho de que Inglaterra controle un gran imperio no se debe a su capacidad militar sino a las obras de hombres y mujeres como Florence Nightingale.

Mahatma Gandhi, Indian Opinion, 09-09-1905.

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