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Presencia 2007 ene-jun; 3(5)

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Presencia 2007 ene-jun; 3(5)

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Entrevistas y Reportajes

Entrevista a D. Pedro Martínez Núñez, Vicepresidente de la Federación Madrileña de Asociaciones Pro Salud Mental (FEMASAM)

Pedro Martínez Núñez
Vicepresidente de FEMASAM

Por Ana García Laborda1, J. Carlos Rodríguez Rodríguez2.

1Miembro del Comité de Redacción de Presencia. Revista de Enfermería de Salud Mental. Enfermera especialista en Enfermería de Salud Mental. Socióloga y Antropóloga.  
2Sociólogo. Antropólogo.

Cómo citar este documento:
García Laborda A, Rodríguez Rodríguez C. Entrevista a D. Pedro Martínez Núñez, Vicepresidente de la Federación Madrileña de Asociaciones Pro Salud Mental (FEMASAM). Rev Presencia 2007 ene-jun;3(5). Disponible en <http://www.index-f.com/presencia/n5/69articulo.php> [ISSN:1885-0219] Consultado el


    Hace tiempo que conocemos a Pedro, hombre respetado y respetable, quien siempre ha estado muy próximo a nosotros los miembros de la Asociación Nacional de Enfermería de Salud Mental (ANESM). Pedro es un hombre curtido por el tiempo, por el compromiso y por el sufrimiento humano, que no le es ajeno en absoluto. Pero aún así, derrama vitalidad y nos contagia de esperanza y de solidaridad. Tiene una claridad de ideas que es envidiable. Por eso le hemos pedido que respondiera a algunas cuestiones para PRESENCIA y gentilmente ha accedido a ello.

     Nacido en Guadalajara, el 28 de junio de 1939, ha realizado estudios en Ciencias de la Educación e Informática. Ha sido director y fundador de la Revista de Salud Mental, presidente de la Asociación de Padres de Alumnos del Colegio Patriarca Eijo y Garay, miembro la Asociación Salud y Ayuda Mutua (ASAM), miembro del Consejo Asesor de Bienestar Social de la Comunidad de Madrid, vocal representante de la Comunidad de Madrid en la Confederación Nacional de Asociaciones de Familiares de Enfermos Mentales y presidente de Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI) hasta junio de 2006. Actualmente es vicepresidente de la Federación Madrileña de Asociaciones Pro Salud Mental FEMASAM.

     Pedro nos recibe en la sede de FEMASAM, lugar siempre en movimiento donde hoy, 19 de febrero de 2007, lo que urge es la petición de subvenciones para el año en curso. Llega puntual a la cita, saluda a unos y otros y se aviene a ser fotografiado. Como siempre sabe ser cordial y cercano, pero sobre todo apasionado de aquello que cree justo y razonable.

Pregunta. Pedro es un placer hablar con un hombre comprometido como tú, te agradecemos mucho que hables para nuestra revista. ¿Cuándo entras en el movimiento asociativo?

Respuesta. Me acaban de dar un reconocimiento de meritos, que suelen dar cuando le retiran a uno, en él hablan de 20 años, pero yo creo que no, que en el campo de la salud mental sí, pero siempre recuerdo estar en algún movimiento asociativo desde muy joven. La primera vez que me acerco al tema de la salud mental, es por motivos personales cuando en la familia irrumpe una enfermedad mental. Yo llego al tema hace 20 años, me encuentro un mundo que desconozco, uno tiene que afrontar el asumir que algo tiene que hacer lo que le queda de vida para arreglar este problema, es cuando le da a un hijo, el tercero de mis seis hijos, una vez que supero el trauma que supone enfrentarse de verdad a la enfermedad, me encuentro que no hay soluciones mirando desde tu propio problema, sino que hay que hacerlo desde una perspectiva más amplia y a partir de ahí me aproximo a las asociaciones.

    No hay soluciones desde la autocompasión, y con mi problema personal me acerqué a las asociaciones, me aproximo a ellas junto con mi mujer, desde un punto de vista de autoayuda, pero ante los múltiples problemas, me impliqué ya de forma plena. Los primeros seis meses de mi dedicación a la Federación de Asociaciones, me dediqué a la creación de la Fundación Manantial, después me impliqué en la presidencia de la Federación con siete asociaciones y lo dejé a los seis años, con 22 asociaciones, con todo un modelo, la creación de grupos de autoayuda, que se puedan formar grupos, que conozcan lo que es la enfermedad mental desde la perspectiva no que me puedan dar, sino de la que yo soy capaz de dar, y que adquieren una relevancia que nunca creí que pudieran llegar a tener. Es una de las cosas de las que me siento más orgulloso y lo que me permitió continuar tantos años, a pesar de un desgaste muy grande en el ámbito personal, porque que lo tenía que compaginar con la vida profesional, truncada también con el problema que te supone inicialmente la llegada de la enfermedad mental en la familia. La fuerza la encontré en los grupos de autoayuda.

P. ¿Cuál es tu balance del momento actual del movimiento asociativo?

R. Yo creo que el momento, para el tercer sector, es importantísimo, y creo que la valoración real de algunos movimientos asociativos es muy superior a su entidad real, dada su repercusión social y en el ámbito sanitario. En política muchas veces se establecen relaciones valorativas con las cúpulas del movimiento asociativo, sin entrar a estudiar las necesidades de las bases. En cuanto a la salud metal, aunque se ha avanzado mucho, todavía se da preeminencia a otras asociaciones con otros objetivos, quizás porque nuestras asociaciones son todavía jóvenes, creadas a partir de la Reforma Psiquiátrica, y otras asociaciones se basan en la veteranía para marcar diferencias con las nuestras, con lo que provoca que dentro de las asociaciones que se preocupan de la discapacidad se tenga que luchar para que las asociaciones de salud mental tengan su sitio.

    El papel de la familia en nuestro colectivo es una perspectiva no habitual en otras culturas, hay países donde no se entiende que el cuidado de la persona enferma tenga que pasar por la familia, se ve más al paciente como independiente, como un ser que debe vivir su propia vida y no en el seno familiar, sino no puede hablarse de salud, nosotros estamos en esta batalla. Quizás un tema pendiente, es el trato injusto y el abandono institucional a los cuidadores informales, porque incluso con la “Ley de Dependencia” cuando habla del cuidador o la cuidadora principal, lo único que ha hecho es bajar la edad en 20 años del perfil de la encuesta que nosotros hicimos hace también 20 años, donde dábamos un perfil en el que la cuidadora principal de un enfermo mental crónico era una mujer de 65 años, actualmente son mujeres de 85años. Ahora se habla de una mujer de 35 o 45 años porque el tema preferente en las demencias es que sean las hijas las que cuiden de los padres. Me parece tremendamente injusto. Lo positivo es la creación de los nuevos dispositivos, tanto para que los pacientes estén correctamente atendidos, como para poder descargar a los cuidadores.

    Me gustaría poder decir algo que me parece algo muy importante: aclarar si estamos en un modelo sociosanitario o sanitario, aunque esto lo estoy exponiendo con mucho cuidado, porque las palabras se pueden interpretar de muchas maneras y las palabras son peligrosas; a mi lo que me preocupa, respecto a la problemática de la “Ley de Dependencia”, es que cuando hablamos de actuaciones sociosanitarias o rehabilitación psicosocial, y muchas veces lo que oculta es un problema económico. Hay que tener en cuenta que una cama hospitalaria para atender a un enfermo mental, está en torno a 3.000 euros al mes. Si cambiamos el concepto y la llamamos cama sociosanitaria el precio estaría en torno a los 300 euros y si ya bajamos del concepto sociosanitario y es el nivel familiar, este no cuesta nada. Lo que se ha hecho es una amortización de camas, es una Reforma Psiquiátrica con un coste cero para el Estado, y un coste familiar que no hemos cuantificado pero que sería altísimo. El peligro, la trampa está en que de un tratamiento sanitario de calidad, terminaríamos dándole un tratamiento social, quizás de calidad pero no terapéutico. Esto me preocupa mucho y ahí creo que está el peligro del juego de palabras entre lo sanitario y lo sociosanitario; antes se entendía que cuando hablábamos de lo sanitario también entraba lo social, ahora no es así, sobre todo cuando el coste por persona sería 10 veces menos.

P. ¿Cuál crees que es la situación actual de la asistencia en salud mental?

R. Creo que en este momento se está mejorando, abriéndose multitud de dispositivos nuevos, pero, sin embargo, mi experiencia es que las familias siguen igual de abandonadas, de desamparadas y sin un sistema que dé contestación a las expectativas familiares y lógicamente a los pacientes, y que quite la angustia de qué será de nuestros pacientes el día que nosotros faltemos. En ese punto la desesperanza hace que se piense que no se termina de resolver el problema de forma global.

    Aunque ya has hablado de ello, no sé si quieres añadir algo más acerca de ¿cuáles serían los aspectos más descuidados en la asistencia en salud mental?

    Seguramente esto sería entrar en tema muy teórico, pero que está ahí y tiene que ver con los modelos. Primero el peligro de caer en un modelo puramente biologicista, olvidando la primera de las revoluciones en el tratamiento de los enfermos, la revolución de la palabra a partir de Freud. Luego viene la segunda revolución, de hace 40 años, con el descubrimiento de una serie de fármacos, pero con el riesgo de caer en reduccionismos, de olvidarnos de la palabra para atender a los pacientes. Le damos excesiva importancia a unos medicamentos, sin duda necesarios, sin duda estupendos, que deben ser todavía mejores, pero que sólo son paliativos. Y por fin, la tercera pata o punto de apoyo que necesitaría el sistema, sería el apoyo social puro y duro: la calidad de vida para los enfermos mentales el día que demos por finalizado el sistema actual. La perspectiva más dura está en los enfermos crónicos, parece que hubiera dejado de haber crónicos, con lo cual me queda la duda de que lo hagamos todo lo bien que deberíamos. Este año nos toca hablar, desde la OMS, del tema de la salud mental y el suicidio, un tema que nos pone blanco sobre negro, el mejor indicador, o el peor indicador de que las cosas no van todo lo bien que deberían ir, las cifras están ahí, y las cifras de muertos por suicidio son las mismas que por accidentes de tráfico, y mientras a estas se les da importancia a las del suicidio se las oculta, estas cifras tendríamos que estar machacándolas como indicador de cómo estamos haciendo las cosas en salud mental.

P. ¿A tu modo de ver, que supone la “Ley de Dependencia” para la atención en salud mental?

    Esta ley no da la importancia debida a los enfermos de salud mental, presentando distintos puntos preocupantes, como el de los baremos. No hemos estado en la mente del legislador, se ha metido una coletilla y ahí estamos. Una de las grandes dudas que nos acucian es el tema de los baremos, hay buenas leyes, pero luego hay que ver los reglamentos.

    Yo no concibo muchas esperanzas en esta ley, por los compromisos económicos que conlleva, y las dificultades de poner de acuerdo a muchas administraciones. Lo que veo es la necesidad de que el tercer sector vigile y presiones para el cumplimento de esta ley. Creo que de todas formas la salud mental, no ha estado en la mente del legislador, y que no se contempla la demencia específicamente y que no se contempla la especificad de las cuidadoras de enfermos de salud mental. Los datos y las informaciones personales que manejo no me hacen ser optimista. La situación española no hace concebir esperanza de que nos pongamos en el ámbito de los países más desarrollados de Europa,  los recursos son limitados en relación a lo que se pretende hacer en salud mental, lo que es reinserción social son fondos europeos, que no creo que sean renovados, y por lo tanto las dificultades crecerán. Hay campos de la discapacidad como la sensorial, que en España son modélicos, con instituciones como la ONCE, pero en salud mental esto no es así, la Reforma Psiquiátrica no estudió el mejor modelo para entorno del enfermo mental, pero utilizaron los medios de que disponían como la familia, que era sin duda el más barato. Parece que el mejor modelo es la familia, pero no está demostrado que aquellos enfermos que tienen un brote y vuelven a un ámbito que no es el familiar, sus recaídas sean menores.

P. ¿Qué crees que aporta la enfermería a la asistencia en salud mental?

R. Siempre he tenido predilección por la enfermería, porque los enfermos lo primero que necesitan son cuidados, cuidados y atención particulares; lo que veo fundamental son cuestiones como la continuidad de cuidados, poner límites, la alimentación, la educación sanitaria, etc. Hay que complementar los cuidados formales con los informales, no al revés, y usar la familia como centro del cariño y entorno favorable.

    La Reforma Psiquiátrica tiene repercusiones profesionales, desaparece el manicomio, lugar donde se prestaba asistencia a los pacientes, pero también el lugar donde los profesionales desarrollaban su labor y sus competencias, con la Reforma no sólo desaparecen los pacientes sino que los profesionales deben saltar los muros, cambiar sus papeles, incluso se sospecha que sus funciones tienden a desaparecer. En esta reforma los grandes beneficiados son los psiquiatras, cuya figura ni siquiera tenía la consideración en medicina de médicos, pasando con la Reforma a ser especialistas. A la enfermería siempre la he apoyado porque son los que se ocupan de los cuidados y su continuidad, la continuidad de cuidados son fundamentales para un tipo de pacientes que no se curan, sino que sólo mejoran.

    Tras la entrevista, un café en el bar de la esquina. Pedro nos dice que hace dos meses que ha dejado de fumar, un reto más para este luchador incansable.

 

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