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Sección Cartas al Director

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Presencia 2006 jul-dic; 2(4)

 Manuscrito recibido el 26.09.06
Manuscrito aceptado el 27.09.06

 

 

Cartas al Director 

 

Seguimiento del Plan de Salud Mental de la Comunidad de Madrid 2003-08

Ana García Laborda1
1Enfermera especialista en Enfermería de Salud Mental. Socióloga. Antropóloga.

Cómo citar este documento:
García Laborda A. Seguimiento del Plan de Salud Mental de la Comunidad de Madrid 2003-08. Rev Presencia 2006 jul-dic;2(4). Disponible en <http://www.index-f.com/presencia/n4/51articulo.php> [ISSN:1885-0219] Consultado el


Sr. Director. Antes de hablar de cual ha sido el desarrollo del Plan de Salud Mental 2003-08 de la Comunidad Autónoma de Madrid cabría preguntarse qué clase de Plan de Salud Mental es este. En el Plan se dice que se defiende una cosa, pero los hechos van por otro lado. En la presentación se hace una declaración de principios apostando por que la “continuidad de cuidados en todo el proceso asistencial, es uno de los objetivos prioritarios”, “haciendo hincapié en las estrategias de rehabilitación y reinserción social”, especialmente en el “trastorno mental grave y de larga duración”. En este sentido, el programa estrella es el Plan de Atención Integral (PAI) dirigido a las personas con enfermedad mental crónica, cuya responsabilidad profesional recae sobre el Coordinador de Cuidados de Salud Mental, provisor de cuidados, coordinador de los distintos profesionales y dispositivos necesarios para la rehabilitación(1).

    Pero cuando vemos qué sucede con la distribución de recursos humanos, nos encontramos con que el modelo defendido es un modelo fundamentalmente biomédico donde se recomienda un psiquiatra por cada 20.000 habitantes, mientras que la recomendación de enfermeras es de una por cada 40.000 habitantes, o dicho de otro modo, media enfermera por cada psiquiatra. Parece difícil imaginar que con esta proporción se puedan dar cuidados directos, responsabilizarse de la continuidad de la atención del paciente, coordinarse con el dispositivo que este esté utilizando, desplazarse al lugar en que tenga necesidad el usuario o su familia y ocuparse de la atención en las crisis tal y como el Plan señala que debe hacer el coordinador de cuidados.

    Esta situación hace que en la práctica cada enfermera tenga a su cargo en la continuidad de cuidados 50, 60 o más pacientes, por supuesto, además de sus otras tareas en el centro de salud mental. La enfermera del Reino Unido en programas similares tiene entre 10 y 14 pacientes, y esta tarea es su única obligación. Además, como el modelo sigue teniendo al psiquiatra como centro del sistema, es imposible que la enfermera sea la que guíe y se ocupe de todas las necesidades del paciente. Se habla de un modelo de asistencia que propugna la calidad de los cuidados y se posibilita un modelo que lo hace imposible.

    El número de profesionales necesarios para la atención en salud depende de:

    -Las características de la población a atender.

    -El modelo de atención sanitaria que se pretende poner en práctica.

    -La cartera de servicios ofertada.

    -La atención a la cronicidad.

    El Banco Mundial recomienda de 2 a 4 enfermeras por cada profesional(2) médico en población general(2), siendo el número medio de psiquiatras en la Comunidad Autónoma de Madrid de 7,44 por cada 100.000 habitantes(3) . Resulta que en cifras de 2003 el número de enfermeras sería de entre 14,88 a 29,76 por cada 100.000 habitantes. A esto debemos añadir otro tipo de recomendaciones, cuando en vez de población general hablamos de personas con alteraciones de la salud. Así por ejemplo, la Plataforma de Antequera(4) recomienda una enfermera para cada 8 pacientes con nivel de dependencia baja, una cada 6 pacientes en niveles de dependencia media y 1 por cada paciente en niveles de dependencia alta.

    Con esto no quiero decir que el Plan de Salud Mental no sea valido, es más, tiene entre otros, dos grandes aciertos. En primer lugar, el establecer ratios de profesional por población asignada; y en segundo lugar, poner en el centro del sistema la atención a las personas con enfermedad mental crónica, definiendo y asegurándose cómo debe ser el cuidado tanto al paciente como de sus familiares.

    A dos años de la finalización de la vigencia del Plan de Salud Mental, las previsiones de adscripción de profesionales indican que existe un déficit de 19,5 psiquiatras, 19,18 psicólogos y de 26,66 enfermeras(5). En el caso de estas últimas, principales dispensadoras de cuidados a las personas con enfermedad mental crónica, suponen 2,11 enfermeras por 100.000 habitantes, ni siguiera un 10 % de las recomendaciones del Banco Mundial (29,76/100.000 habitantes). Esta falta de profesionales en los programas de rehabilitación ha dado lugar a que progresivamente se vayan externalizando diferentes dispositivos de rehabilitación, cada vez más dispositivos intermedios son concertados por la Administración Pública con empresas privadas.

    Otro aspecto importante en cuanto a la calidad de la atención proporcionada, es la falta de profesionales del cuidado de la salud en los dispositivos de rehabilitación. Tenemos enfermeras en los centros de salud mental, unidades de hospitalización breve, unidades de rehabilitación y cuidados prolongados, hospital de día, atención infanto-juvenil e interconsulta hospitalaria, aunque en algunos casos la presencia sea casi testimonial tal y como sucede con las dos enfermeras (una en el Hospital de la Princesa y otra en el Hospital de la Paz) de interconsulta hospitalaria.

    Esto es, existen enfermeras en los dispositivos sanitarios, pero no en los dispositivos dependientes de servicios sociales: Centro de Rehabilitación Psicosocial  (CRPS), Centro de Rehabilitación Laboral (CRL), centro de día, mini residencia, ni equipo de atención social comunitario. ¿Es que acaso las personas que acuden a estos dispositivos no necesitan cuidados, ni educación para la salud? ¿No hay que cuidar sus hábitos de higiene? ¿Y su alimentación? ¿No hay que apoyarles en el tratamiento farmacológico? Etcétera. Todo esto sería evitable si la rehabilitación fuese una prestación de carácter sanitario y no a medio camino entre lo sanitario y lo social. Las prestaciones sanitarias son un derecho salvaguardado por la Constitución, mientras que las prestaciones sociales son graciables.

    Falta por preguntarse qué calidad de cuidados se quiere para las personas afectadas de enfermedad mental crónica. Cuando alguien de nuestra familia enferma todos queremos que el médico que la atienda sea lo más especialista posible. Con las enfermeras no sucede ésto. Desde 1970 tenemos enfermeras especialistas en Enfermería de Salud Mental, sin que hasta el momento la Comunidad Autónoma de Madrid exija este título para poder trabajar con personas con enfermedad mental. Distintos estudios han demostrado que cuanto más expertas son las enfermeras que atienden a los pacientes menor es la mortalidad y mejor y más pronto se recuperan (porque los cuidados y la promoción de los autocuidados son determinantes en el mantenimietno, conservación y restauración de la salud).

    La cuestión es: ¿Quién y cómo queremos que nos cuiden?

Bibliografía

1.Comunidad de Madrid. Plan de Salud Mental de la Comunidad de Madrid 2003-08. Madrid: Comunidad de Madrid, 2002.

2.World Bank. World Development Report Investing in Heath. New York, Oxford. University Press, 1993.

3.Salvador, I (Coordinador). El Observatorio de Salud Mental: Análisis de los recursos de Salud Mental en España. Madrid: AEN, 2003.

4.Plataforma Antequera. Por el desarrollo de los cuidados enfermeros para mejora de la atención sanitaria. Disponible en http://www.asanec.org/ Consultado el 18 de septiembre de 2006.

5.De la Mata, I (Coordinador). Boletín de la Asociación Madrileña de Salud Mental. Observatorio de Salud Mental de Madrid. Número extraordinario. Primavera 2005.

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