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PRESENCIA revista de enfermera de salud mental ISSN: 1885-0219

 

 

EDITORIAL

 

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Acción, buenas prácticas y espíritu de esperanza

Aurora Sánchez González
Presidenta de la Asociación Nacional de Enfermería de Salud Mental (ANESM)

Presencia 2013 ene-dic; 9(17-18)

 

 

 

Cómo citar este documento

Sánchez González, Aurora. Acción, buenas prácticas y espíritu de esperanza. Rev Presencia 2013 ene-dic, 9(17-18). Disponible en <http://www.index-f.com/presencia/n17-18/p0198.php> Consultado el

 

    En estos momentos del siglo XXI, en España se cumplen ya cincuenta años de avances y perfeccionamiento de la especialización de la profesión enfermera en la atención psiquiátrica y de salud mental. Siguiendo los pasos firmes de países pioneros tales como Gran Bretaña y los Estados Unidos de Norteamérica entre otros, la Enfermería de Salud Mental en nuestro país se consolida como una especialidad de las Ciencias de la Salud de considerable significación para el desarrollo humano de las personas y la sociedad en su conjunto. Rescatando las palabras de Evans et al. (1976), resulta de interés recordar que la Enfermería de Salud Mental se define como «un área especializada dentro de la práctica de la Enfermería que emplea teorías del comportamiento humano como ciencia y como arte, estando dirigida hacia los impactos preventivos y correctivos sobre los trastornos mentales y sus secuelas, y se preocupa por fomentar la Salud Mental óptima en nuestra sociedad». Es por ello, que desde una óptica holística en la que es necesaria la humanización de los cuidados, la enfermera de salud mental aplica modelos y teorías en la elaboración de planes de cuidados dirigidos no solo al individuo sino a sus familia y a la comunidad, que promueven el fomento de la salud, la prevención de enfermedades o las complicaciones asociadas, así como la incorporación de un régimen de tratamiento y de rehabilitación prescrito a partir de un pensamiento crítico-reflexivo centrado en una enfermería basada en la evidencia. Todo ello conlleva la mediatización propia del momento histórico y de los cambios acontecidos en la sociedad, en el sistema político-sanitario y en la disciplina de los profesionales de los cuidados, determinándose así los modos y las formas en las cuales las enfermeras de salud mental gestionan y planifican sus actividades en el área de la salud.

En la actualidad, cuando realizamos un análisis de la situación observamos la cruda realidad. Son muchas las luces y sombras, las fortalezas y debilidades, las oportunidades y amenazas, que determinan considerablemente el presente y el futuro de los cuidados enfermeros de salud mental. Esta idea nos lleva a un planteamiento: ¿es preciso realizar un estudio que abarque todas estas cuestiones?. No. ¡La obra ya esta ejecutado!. Gracias a las aportaciones de los profesionales en el área, tanto españoles como foráneos a los largo de ya más de una treintena de años, este se ha ido acometiendo paulatinamente. El propósito de este editorial no es realizar un estudio exhaustivo. Tan solo busca aglutinar los recuerdos, recuerdos que están presentes en las conclusiones de los actos científicos que ha ido celebrando la Asociación Nacional de Enfermería en Salud Mental (ANESM) en estos últimos tiempos, donde se han concretado las inquietudes de un colectivo preocupado por evolucionar hacia formas diferentes que se ajusten coherentemente a las necesidades de una sociedad que vive en el siglo XXI.

La especialidad guarda su esencia en la responsabilidad de gestionar cuidados a partir de modelos teóricos, de competencias profesionales y de una metodología específica para el desarrollo del plan de cuidados que se nutre de taxonomías propias en constante evolución. Por supuesto, la herramienta fundamental de la Enfermería de Salud Mental es la presencia, la palabra, la accesibilidad y el encuentro terapéutico con las personas, las familias y la comunidad. Las enfermeras son conscientes de esta situación, teniendo un firme convencimiento de la importancia de promover el desarrollo y el autocuidado de las personas con problemas psíquicos atendiendo al modelo comunitario en el que está inserto la perspectiva de la recuperación, recovery, respetando derechos tales como son la autodeterminación, la dignidad de la persona y la humanización de la asistencia. Si colocamos nuestra mirada en las competencias docentes, de gestión e investigadoras de la Enfermería de Salud Mental, comprobamos que son ellas las que posibilitan en los servicios de salud mental y en el sistema sociosanitario la formación pre y postgraduada, la administración de los servicios y la gestión de la calidad total, así como la imprescindible contribución en innovación y desarrollo para garantizar buenas prácticas clínicas, seguras y humanitarias. Evidentemente, la capacidad científica representa un valor extraordinario para el desarrollo de la disciplina, lo que correlaciona directamente con la capacidad para ayudar a resolver las necesidades de salud de la población.

En relación con la formación en la especialidad de Enfermería de Salud Mental, la necesaria ampliación a dos años efectuada a partir del año 2012 para la integración y aprendizaje de las competencias profesionales, ha supuesto cambios y reajustes importantes en las unidades docentes, que van desde los tutores hasta las enfermeras internas residentes (EIR). El nuevo programa formativo, regulado por la Orden SPI/1356/2011, de 11 de mayo, por la que se aprueba y publica el programa formativo de la especialidad de Enfermería de Salud Mental, ofrece un marco de competencias claro, referencia inequívoca para la programación de la formación especializada y la adecuación de las unidades docentes. A pesar de estas venturas, existen distintas dificultades y amenazas de grave envergadura que afectan o podrían afectar el esperado curso de la formación y el desarrollo de la Enfermería de Salud Mental. Siguiendo las conclusiones del XXIX Congreso Nacional de la ANESM, la consecución de la formación pregrado al más alto nivel, la posibilidad de acceder a formación postgrado y al doctorado, el reconocimiento de la capacidad investigadora y la formación especializada, representan logros irrenunciables de la profesión enfermera. Estos logros responsabilizan a las enfermeras en la búsqueda de la excelencia en los servicios de cuidados que prestan a la sociedad. No obstante, la responsabilidad del respeto, reconocimiento y protección de la disciplina y su adecuado desarrollo en la práctica, también es de obligado cumplimiento por parte de agentes políticos, profesionales y en si de la Administración Pública. El compromiso ético con la ciencia de los cuidados requiere que hagamos oír nuestra voz en la reivindicación tanto de una actividad asistencial como un bien social, como de unas condiciones institucionales que condicionen favorablemente para poder llevarla a cabo.

La actual situación de crisis de la sociedad del bienestar, con la consiguiente problemática socioeconómico-política de agravamiento en la disponibilidad de recursos, no puede generar un perjuicio sobre ciencias como la Enfermería, responsables del cuidado formal de la ciudadanía y fundamentalmente sobre la población a la que presta servicio, que ve mermados sus derechos y su posibilidad de participación comunitaria, difuminándose las necesidades sentidas y expresadas en materia de salud. El grave déficit de enfermeras acumulado en nuestro país, claramente en contraste con los índices europeos, así como los recortes en las políticas de Protección Social, en Educación y en Sanidad, perturban la disponibilidad de recursos, afectando directamente a la atención sanitaria. Se han visto deteriorados los niveles de calidad, a lo que se ha unido el impedimento de desarrollar propuestas e introducir mejoras. Todo ello pone en riesgo dos cuestiones: el mantenimiento del modelo comunitario de atención a la salud mental tras la reforma experimentada en España, y el enfoque basado en la recuperación y en la reinserción de los individuos en la sociedad. Estos recortes o falta de la adecuada dotación presupuestaria, como quieran denominarse, atentan a derechos fundamentales de las personas y provocan situaciones de auténtica injusticia social. No obstante, la economía no es exclusivamente el mayor de los problemas. Diferentes decisiones políticas resultan contraproducentes y atentan contra los derechos de las personas con enfermedad mental y sus familias. El actual proyecto de Ley Orgánica por el que se modifica la Ley Orgánica 10/1995 del Código Penal, así como la definición del Tratamiento Ambulatorio Involuntario, suponen un grave perjuicio y discriminación. Estas medidas intermedias pretende tan solo parchear las deficiencias de la atención sociosanitaria de nuestro Sistema Nacional de Salud. Más y mejores enfermeras, más y mejores programas de continuidad de cuidados, ofrecerían un marco respetuoso y eficaz para dar respuesta a las necesidades de las personas y familias afectadas por problemas de salud mental.

Por otro lado, actualmente existen algunas proposiciones de involución para la disciplina enfermera de gravísima repercusión. El Informe denominado Propuestas para la reforma y mejora de la calidad y eficiencia del sistema universitario español, entregado por el Excmo. Sr. Ministro de Educación, Cultura y Deporte, D. José Ignacio Wert Ortega (2013) obvia las necesidades reales y pone en riesgo la seguridad de los ciudadanos, comportando un grave retroceso en la capacitación profesional y por tanto en la calidad de los cuidados a la población. Las enfermeras mostramos al respecto un total desacuerdo y alertamos sobre las posibles consecuencias negativas que pudieran acontecer.

Otra asignatura pendiente para la especialidad de enfermería de Salud Mental, es la tan esperada «catalogación de puestos de trabajo» y la «creación de la categoría de enfermero especialista en salud mental» en todas las Comunidades Autónomas (CC.AA.). Actualmente contamos con un total de más de 6.500 enfermeras especialistas y en formación en salud mental, al que debemos sumar el número de especialistas previos al sistema en proceso formativo de EIR. Sin embargo, en más de la mitad de las CC.AA. no es exigible el título de enfermera especialista en salud mental como condición para comenzar a trabajar en un centro de salud mental o en una unidad hospitalaria. Sólo se convierte en un requisito imprescindible en las ocho CC.AA. que cuentan con dicha categoría profesional: Aragón, Cantabria, la Comunitat Valenciana, Galicia, Extremadura, Euskadi, Illes Balears y la Región de Murcia. En el actual contexto económico, resulta paradójica la ruptura entre el gasto invertido en la formación de enfermeras especialistas en salud mental y el perfil de los profesionales que ocupan las puestos en las unidades de salud mental. Este hecho esta recogido en la Estrategia, al mencionar que «aunque se forman especialistas en enfermería en salud mental desde 1998 tan solo algunos servicios de salud autonómicos ofertan puestos de trabajo con categoría de especialistas». Este panorama nos lleva a plantearnos que es necesario algo más que meras recomendaciones y observaciones para poder superar de una vez este problema y avanzar en el reconocimiento de la categoría de la especialidad de manera homogénea en nuestra Nación. Desgraciadamente, la Administración viene realizando una gestión ineficaz de los recursos invertidos en la formación de especialistas puesto que en la mayoría de las situaciones las enfermeras especialistas no pueden desempeñar puestos de trabajo específicos de atención a la salud mental debido a que los sistemas de contratación y cobertura no contemplan la titulación como requisito imprescindible. Este desarrollo irregular, y la situación de agravio comparativo para los ciudadanos de las diferentes CC.AA., evidencia la inadecuada optimización de recursos que se viene realizando desde hace prácticamente cincuenta años, momento en el que comenzó a regularse la especialidad en Psiquiatría para las enfermeras en nuestro país según RD 3193/1970.

Con el discurso hasta ahora expuesto se pone de manifiesto que hay mucha tarea todavía por realizar. Afortunadamente, nuestra especialidad no está sola. Desde hace muchos años camina unida a la ANESM, así como de otras entidades y asociaciones que trabajan por esta área desde la vertiente científico-profesional. Con el lema del XXX Congreso Nacional de Enfermería de Salud Mental, 30 Años de Experiencia para mirar al futuro, se transmite el suficiente aliento para seguir trabajando unidos en unos valores, los nuestros, que siempre han ido orientados en pro de la salud mental, y del desarrollo tanto de la especialidad como de la profesión del los cuidadores.

La ANESM tiene en su agenda un amplio abanico de ocupaciones y actividades que redundan en el beneficio de la población y de las enfermeras de salud mental. Como representante de los miembros de la Junta Directiva de la ANESM, en colaboración estrecha con todos los socios y socias, doy fe de que nuestro compromiso se centra en avanzar e impulsar cambios que permitan la mejora de la atención sociosanitaria y el desarrollo de la especialidad, en el empuje a la capacidad científica e investigadora, así como la búsqueda de la excelencia profesional y la participación en las políticas de salud nacionales e internacionales con objeto de mejorar la atención que se presta a los ciudadanos. Esta intención es el caldo de cultivo para la creación de un contexto que favorece un progreso permanente, un progreso esperanzador, un progreso avanzado, que busca su identidad pragmática en disciplina como la filosofía y el humanismo. Por supuesto, el empuje y apoyo, tanto a la docencia como a la formación especializada, está en aras de garantizar la adecuada capacitación formativa por parte de las unidades docentes, aspecto de especial relevancia al que se le une el de la catalogación de los puestos de trabajo y el reconocimiento de la categoría de enfermero especialista en salud mental en todo el territorio nacional. Ante este panorama, la ANESM observa, está dispuesta a escuchar y detecta a través de su observatorio aquellas circunstancias de especial alarma que artefactan los propósitos fundamentales de su razón de ser. La ANESM, nosotros, como hemos venido haciendo desde nuestra génesis, seguiremos informando, negociando, alcanzando acuerdos y reivindicando aquellas condiciones que por derecho reduzcan en la calidad de vida de los ciudadanos y en el desarrollo de la Enfermería de Salud Mental.

Encontrándose a disposición de todos, desde este editorial de la revista PRESENCIA, la ANESM hace pública su satisfacción, complaciéndole reconocer todos los ejemplos de buenas prácticas que observa desde su marco de actuación. Esperamos que en este 2014, la participación de los ciudadanos en pro de la Salud, las redes, las asociaciones, los movimientos sociales, el esfuerzo cotidiano de las enfermeras y de otros profesionales, y el compromiso de socios, socias y voluntarios, sigan avivando el espíritu de la esperanza, el ELPIS, que al igual que a Pandora, sea ésta la virtud que anide entre nosotros, convirtiéndose en nuestra compañera de viaje en el camino presente y todos aquellos que están por venir.

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