ENTRAR            

 


 

PRESENCIA revista de enfermería de salud mental ISSN: 1885-0219

 

 

EDITORIAL

 

 Comentar este artículo

Documentos relacionados

 Ir a Sumario

Documento anterior

Documento siguiente

Enviar correo al autor

 

 

Ustedes y nosotros1

Martín Orlando Barrera Cobos
Enfermero especialista en salud mental. Coordinador de política de salud mental. Boyacá, Colombia

Manuscrito aceptado el 22.10.2010

Presencia 2010 ene-jun; 6(12)

 

 

 

Cómo citar este documento

Barrera Cobos, Martín Orlando. Ustedes y nosotros. Rev Presencia 2010 jul-dic, 6(12). Disponible en <http://www.index-f.com/presencia/n12/p0165.php> Consultado el

 

    El campo de la subjetividad humana suele ser tan amplio como complejo, diverso y, a la vez, universal en muchos procesos y experiencias que quedan expresados en la salud mental de los individuos y colectivos. De cómo se tejen las relaciones de las personas con las representaciones del mundo y los objetos, surge la invitación a repensar el síntoma y el sufrimiento psíquico como procesos mentales más allá de su connotación patológica, para encontrarles la utilidad de un posible puente hacia la salud mental, antes de pensar en su extinción, bien sea por la vía farmacológica o terapéutica.

Estamos determinados por aquello que deseamos, por nuestros déficits, por nuestras faltas; esto marca la manera como establecemos una relación con los objetos, con el otro, la cultura, la sociedad. A su vez, estamos en un constante devenir entre nuestras ausencias y las presencias de lo que deseamos, cambio en el que nos instalamos de diferentes maneras, unas veces con amor y esperanza, y otras con dolor y sufrimiento. Sucede entonces, que en este vivir cíclico somos madurados por aquello que deseamos, pero ¿qué tan legítimo o pertinente es a nosotros ese deseo?, ¿realmente se desea con una conciencia clara del objeto que se persigue?, y ¿vale la pena el sufrimiento en que se incurre por un objeto que no se alcanza?, o ¿tan solo estamos inundados de una lista de objetos para los cuales, en verdad, no cabe dicho deseo, y nuestra obsesión por ellos nubla los alcances de la verdadera falta que habita en cada uno de nosotros: "la razón de ser del deseo", y el sentido dado a esta razón con la búsqueda que propone: desear la ausencia de aquello que se tiene, pero que aún no es evidente ante nuestra conciencia.

La inserción de todo sujeto en una cultura lo pone necesariamente en el lugar del síntoma; dependiendo de qué respuestas pueda dar la cultura a las necesidades y particularidades de cada uno, este síntoma cumplirá o no con su función adaptativa; de esta apreciación se puede admitir el necesario devenir del síntoma entre las demandas personales y las propuestas de la cultura, y cómo en este transitar regulado por el deseo surge una infinita gama de posibilidades para el sujeto, las cuales pueden responder más a las necesidades de unos(as) y otros(as), de ahí que el lugar de la falta que habita el síntoma cumpla con su función de integrar o fragmentar al sujeto.

Por otra parte, entre las dinámicas del deseo y las particularidades de cada cultura surge una gama infinita de seres humanos que no pueden ser ajenos a los matices del sufrimiento psíquico, el cual ha sido interpretado, en un sentido polarizante, como el abismo y el caos del yo, punto de no retorno, que no solo hay que evitar, sino que se debe buscar cualquier método para dejarlo en el vacío de su sinsentido, que suele ser la causa de su existencia.

La salud mental no puede interpretarse en la simplicidad de la ausencia del síntoma, porque, de hecho, no estamos exentos de él, y tampoco puede ser asumida como el lugar de la eterna felicidad, porque la naturaleza humana está atada al cambio, y todo cambio implica a su vez renuncias que duelen; por lo tanto, hablar de salud mental sin un síntoma en función de, y un sufrimiento psíquico sin sentido, nos convierte en ajenos a la naturaleza de nuestro deseo, que no es otra cosa que la fuerza que busca la integridad y armonía en nosotros y de cada uno con el mundo.

No es la intención de esta reflexión hacer una apología al dolor y la "patología"; por el contrario, es una invitación a encontrar en la inmediatez de lo cotidiano el valor y el sentido de estos matices, exploraciones que corren el riesgo de desaparecer en la medida que -en quien cuestiona- se incrementa la soledad, que, sabemos, no es buena consejera, más si las condiciones en que surge el sujeto están mediatizadas por un entorno familiar y social poco accesible o prácticamente ausente en estas.

Reflexionemos, un poco más: Para nadie es un secreto que estructuras sociales, familiares y parentales consolidadas alrededor de la confianza, la solidaridad, el mutuo apoyo y la apertura emocional al otro son, entre otros factores, claves para lograr una mejor salud mental. Sin embargo, somos testigos de cómo en nuestros países de América Latina, incluido Colombia, estas estructuras tienen comportamientos diferenciados, y en aquellas regiones en donde la pretensión de una globalización cultural se ha insertado con mayor fuerza se debilita lo que antaño estaba llamado a blindarnos y prepararnos para integrar más sana-mente el síntoma y el sufrimiento psíquico a nuestra salud mental, como son: la presencia incondicional del Otro, la certeza que provee la identidad cultural y la cohesión social.

El interés por incrementar el desarrollo, y, por otra parte, la llamada transición demográfica, económica y cultural que ha caracterizado a los países de América Latina en los últimos 30-35 años, ponen en evidencia una sociedad y una cultura que se resisten al abandono de aquellas seguridades destinadas a promover la salud mental, pero que a su vez avanzan peligrosamente hacia estructuras que huyen de la integración del síntoma y el sufrimiento psíquico como medida de su salud mental; prueba de ello es el consumo de alcohol y drogas, y el suicidio, entre otros, que surgen como métodos para estar lo más lejos posible de todo aquello que implique ambivalencia. Como si la ambivalencia en sí misma no fuese la señal que indica la necesidad de unidad en todo sujeto y éste implica la armonización de procesos psíquicos que invitan a la maduración y crecimiento con todo aquello que es apreciado como doloroso y extraño.

Todo grupo humano suele categorizar las conductas y comportamientos de sus miembros en categorías que facilitan la apreciación de los matices de la anormalidad y la normalidad, usando esta herramienta para cualificar las expresiones humanas según estén o no en capacidad de responder a los valores que cada cultura considera válidos para la convivencia y la supervivencia. El éxito de este ejercicio taxonómico está en identificar tempranamente conductas o comportamientos que pongan en riesgo la integridad personal o la de otros, y a su vez estimular o favorecer aquellas que redundan en beneficio de todos. Como consecuencia de ello, y pese a la pretendida estandarización y universalización de conductas (véanse los manuales diagnósticos y estadísticos de la Asociación Americana de Psiquiatría o la clasificación de la Organización Mundial de la Salud), cada país y cada región consensuan unos márgenes de adaptación para sus comunidades, y una vez más con esta herramienta se juzga la integridad de la salud mental de sus usuarios.

El "paradigma" sobre el cual está cimentada la salud mental de un colectivo tiene varias consecuencias; una de ellas puede asumir como piedra angular la existencia de unas condiciones materiales básicas para garantizar la calidad de vida de las personas, y en otras, ante la precariedad de estas, se puede recurrir a prácticas que incrementan el capital social; en el primer caso, se obtienen personas que gozan de bienestar biológico; y en el segundo, personas que experimentan seguridad y protección. Pero ¿qué ocurre cuando estos paradigmas juzgan la normalidad y la anormalidad y deben tomar decisiones para restablecer la salud mental de sus integrantes? Es de suponer que una sociedad que ha concentrado sus esfuerzos en el bienestar material ofrezca soluciones para restablecer las condiciones biológicas; en este orden de ideas no es casual el incremento del consumo de psicofármacos en regiones y colectivos con un alto desarrollo económico; y, por otra parte, es de suponer que aquellos que han privilegiado los esquemas sociales utilicen la contención y cohesión social a nivel familiar y colectivo como primera estrategia de soporte para quienes requieren proteger la salud mental, única medida con la que cuentan un gran número de comunidades en países con desarrollo económico bajo y medio.

Una y otra solución pueden ser exitosas para un grupo importante de personas, en unas condiciones históricas y culturales muy particulares, con experiencias igualmente variadas de sintomatología y dolor; pero como toda solución "terapéutica" que pretende el amplio espectro está limitada, y para la reflexión que nos ocupa, el devenir del síntoma y el sufrimiento psíquico está llamado a ocupar un lugar en la "terapéutica", cuando son incorporados a la armonía que busca restablecer el deseo.

Bibliografía

1. Benedetti, Mario. Inventario. Poesía Completa (1950-1985) Cuarta Edición. Editorial Seix Barral. Colombia. 1996.

Principio de página 

Comentarios

DEJA TU COMENTARIO     VER 0 COMENTARIOS

Normas y uso de comentarios


Hay un total de 0 comentarios


INTRODUCIR NUEVO COMENTARIO

Para enviar un comentario, rellene los campos situados debajo. Recuerde que es obligatorio indicar un nombre y un email para enviar su comentario (el email no sera visible en el comentario).

Nombre:
e-mail:
Comentario:

 
Pie Doc

 

RECURSOS CUIDEN

 

RECURSOS CIBERINDEX

 

FUNDACION INDEX

 

GRUPOS DE INVESTIGACION

 

CUIDEN
CUIDEN citación

REHIC Revistas incluidas
Como incluir documentos
Glosario de documentos periódicos
Glosario de documentos no periódicos
Certificar producción
 

 

Hemeroteca Cantárida
El Rincón del Investigador
Otras BDB
Campus FINDEX
Florence
Pro-AKADEMIA
Instrúye-T

 

¿Quiénes somos?
RICO Red de Centros Colaboradores
Convenios
Casa de Mágina
MINERVA Jóvenes investigadores
Publicaciones
Consultoría

 

INVESCOM Salud Comunitaria
LIC Laboratorio de Investigación Cualitativa
OEBE Observatorio de Enfermería Basada en la Evidencia
GED Investigación bibliométrica y documental
Grupo Aurora Mas de Investigación en Cuidados e Historia
FORESTOMA Living Lab Enfermería en Estomaterapia
CIBERE Consejo Iberoamericano de Editores de Revistas de Enfermería