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Cuidado integral: Cuidando de si, del otro, del todo
Vera Regina Waldow

Enfermera, docente jubilada de la Escuela de Enfermería de la Universidad Federal de Rio Grande del Sur, Porto Alegre, Brasil. Maestra en Educación y Doctora en Educación en el área de Enfermería. Investigadora y conferencista

Rev Paraninfo digital, 2012: 15

Cómo citar este documento
Waldow, Vera Regina. Cuidado integral: Cuidando de si, del outro, del todo. Rev Paraninfo Digital, 2012; 15. Disponible en: <http://www.index-f.com/para/n15/002po.php> Consultado el
03 de Abril del 2020

RESUMEN

La vulnerabilidad es la condición que convoca el cuidar. El presente texto enfoca el cuidado utilizando dos itinerarios filosóficos: el fenomenológico y el holístico. Habla del cuidar de sí como un requisito para cuidar del otro, dando énfasis en el cuidar con el otro. El ser que cuida teniendo el cuidar como su esencialidad en ser profesional, es un ser existencial, conforme la filosofía heideggeriana, un ser-ahí-en-el-mundo-con-los-otros y que se encontra capacitado para cuidar con responsabilidad, respeto, involucramiento, o sea , de una forma ética.
 

TEXTO COMPLETO

     Como estudiosa del cuidar, tengo resaltado mi punto de vista en relación a la temática y que culminó en algunos conceptos y definiciones, tanto en el aspecto general del cuidado cuanto en lo que concierne a el cuidado en la área de enfermería. Algunas ideas y definiciones pueden ser  consultadas en los libros y artículos de mi autoría, dos de los primeros en este texto referenciados (Waldow, 2004; 2006).

Considero importante para la presente conferencia destacar como pienso el cuidado: yo considero el cuidar como una forma de ser y de estar con el otro (alguien, una cosa, etc.), de modo que presenta características existenciales (el modo de ser) y relacionales (el estar con), además de características contextuales, o sea, el cuidar presenta variaciones según el medio y las circunstancias en que ocurre. Otro punto a resaltar es que idealizó el cuidar como una forma de ser y estar no sólo con el otro, pero con el mundo. Hablando más claro, o de otra manera, cuidado es un fenómeno que ocurre en relación al ser consigo mismo y con los otros en el mundo. En esta forma de pensar creo que esta visión integra dos itinerarios filosóficos: el fenomenológico y el holístico.

La vulnerabilidad

     La experiencia de la vulnerabilidad está íntimamente arraigada en la humanidad. Vivir humanamente significa, pues, vivir en la vulnerabilidad.

Desde un punto de vista fenomenológico se pueden distinguir varios tipos de vulnerabilidad: ontológica, ética, social, natural y cultural. En este texto voy a destacar tres tipos: de la naturaleza, la social y la cultural. Las siguientes líneas fueran extraídas de las escritas de Torralba (1998: 247-250):

Estamos experenciando una radical vulnerabilidad de la naturaleza frente a la acción técnica del hombre. La violación de las leyes naturales y la lógica de lo viviente, suponen cambios estructurales en el entorno ambiental del ser humano y repercute inevitablemente en su vida y en la realización de su libertad. Precisamente por ello, porque el ser humano tiene una dignidad absoluta, es necesario velar por el respeto y el cuidado de la naturaleza y proteger su vulnerabilidad de los múltiplos abusos y de intereses de tipo económico, político o industrial. Si el ser humano es, un todo integrado abierto a la realidad, el deterioro de la realidad natural afecta gravemente su estructura personal, su forma de vivir, de trabajar y de amar.

La sociedad es el lugar de realización del ser humano, porque es un animal político y social según Aristóteles le denominaba. Toda persona, precisamente por ser persona, se construye y se realiza en íntima interacción con otros seres humanos y crea con ellos sociedad, es decir, �polis�, comunidad, comunión de vida. Pero la relación interpersonal puede desarrollarse en el plano de la amistad, del amor, del respeto y de la contemplación, pero también cabe la posibilidad real que se despliegue en el plano de la violencia y de la instrumentalidad. Cuando ocurre esto, el sujeto entendido como ciudadano o agente social, sufre la vulnerabilidad social, es decir, la inseguridad, el riesgo, la exposición al ultraje, en definitiva, la desprotección.

En el marco de las sociedades postindustriales y masificadas la vulnerabilidad social se acrecienta extraordinariamente, pues el desconocimiento del otro es un rasgo evidente en este tipo de colectividades y la desconfianza es un tipo de relación habitual.

El ser humano es un ser cultural, es decir, crea cultura, consume cultura, se expresa mediante instrumentos culturales, se comunica utilizando la red de símbolos y signos de la cultura donde está ubicado. Pero la cultura, como la sociedad, como la naturaleza, no es absoluta ni perfecta en grado sumo, pues  es siempre la producción del ser humano y el ser humano desde el punto de vista ontológico es un ser vulnerable. La ignorancia es la máxima expresión de la vulnerabilidad cultural. En el grado sumo, convierte al ser humano en un sujeto completamente manipulable e instrumentalizable, pues cuanta menos información y conocimiento, más desprotegido está el ser humano frente a cualquier abuso de poder. En el área de la salud, ocurre en muchas ocasiones que el paciente sufre no sólo una vulnerabilidad de tipo ontológico, o sea, una enfermedad que afecta su estructura anatómica y fisiológica, sino también una vulnerabilidad cultural, es decir, un desconocimiento de los motivos y las razones de tal alteración. En esta situación, el profesional tiene el deber moral, no sólo de  velar por una información adecuada y transparente  del contenido de la enfermedad, en cuanto debe, también asumir la vulnerabilidad cultural del paciente y tratar de ilustrarla desde la empatía, la competencia y arte de comunicación, cuidándole humana y dignamente. Esto significa estar atento a las predisposiciones de los pacientes  que son variables de acuerdo con sus propias concepciones acerca de la salud y de la enfermedad. Luego, esta vulnerabilidad cultural también la sufre el profesional y debe superarla mediante el conocimiento personalizado del paciente.

La fenomenología y el cuidado

     Me gustaría traer una contribución de Pegoraro (2009: 141) acerca del rol de la fenomenología del cuidado: �la fenomenología instaló el ser humano (de acuerdo con la fábula de cuidado) como el único ente encargado de celar por la existencia del mismo, de la naturaleza y de la historia�. Cabe a él comandar la ética del cuidado que es la �ética de la solidaridad antropocósmica�; es suya la incumbencia de descubrir caminos de comportamientos que unan la naturaleza, los progresos tecno científicos y la historia humana.

La interpretación fenomenológica del cuidado es apoyada en Martin Heidegger (2001) y en varios otros que adoptan sus ideas (Boff, 1999; Noddings, 2003; Mayeroff, 1971; Torralba, 2009; Pegoraro, 2009). El cuidado, según los filósofos, existe �a priori�, o sea, antes de nacernos estamos subyugados a la  esencia del cuidado, él es el camino de nuestra superación, de la perfección.

El ser-ahí, el ser-en-el-mundo se caracteriza por el cuidar, por estar en relación. Significa un venir-a-ser; el ser vive el significado de su vida a través del cuidar. El modo de ser-unos-con-los-otros-en-el-mundo permite la manifestación del cuidado; el cuidado es lo que posibilita la condición de humanidad del ser.

El ser (sujeto que realiza la acción y el sujeto que recibe la acción) está siempre en función del otro como su próximo (Torralba, 2005) y esto remite a el principio de la fraternidad. En la perspectiva de Lévinas in Pelizzoli (2002), un autor que, aunque no haya se dedicado al estudio de cuidar tiene elementos que complementan aquellos sobre el ser y el cuidado, dice que el ser sólo se complementa en relación a el otro (una idea bastante enfatizada por Noddings).

Lévinas hace el discurso en torno de la alteridad -del latín alter que significa otro-. Tomando algunas ideas, prestadas de este autor y de Zoboli (2009), nos constituimos como personas a través de la intimidad, proximidad, o sea, a través de  una abertura para con el otro, a través de la relación, de la comunicación. La alteridad �corrige una visión individualista y abstracta del personalismo y rescata el sujeto concreto" (p.202). La alteridad se caracteriza por ser una acción práxica. La proximidad práxica revela el otro. El cuidado incluye un encuentro en que ambos sujetos se desvelán; es un encuentro de subjetividades o un encuentro intersubjetivo.

Es interesante destacar que el cuidado es necesario para el desarrollo del ser. Pero ni todos reciben cuidado y hay personas que son víctimas de no cuidado, consecuentemente pueden convertise en  personas de no cuidado, es decir, que no es cuidadoso (Pegoraro, op cit.), pues no experimentó el cuidado en su vida. Para cuidarnos es imprescindible que tengamos experiencia con cuidado - vivenciar cuidado y seremos seres de cuidado (lo explicado más adelante)-. Cuidar es un acto de vida y para la vida (Boff, 1999; Collière, 1998; Zoboli, 2009). Lo que no es cuidado (seres vivos -plantas, animales, personas-) no se desarrolla o muere.

Los demás filósofos expanden el cuidado del ser, trayendo una preocupación con el entorno. E ahí traemos el suporte del holismo para ampliar la visión del cuidado tomando en consideración su inserción (del sujeto) en el mundo y como afecta y es afectado por él. El mundo está siendo entendido como el medio ambiente, la tierra, el sistema planetario, el Universo. Yo acostumbro a representar como veo el cuidado, de forma general (cuidado humano) en una forma gráfica y que pueden visualizar en el slide.

Nuestra relación de estar-en-el-mundo (cuidado) es un compromiso del yo/self para conmigo mismo, para con el otro y con el todo mayor, el cosmos.

Holismo

     El holismo se apoya en una visión del todo, de integralidad -ambos términos sinónimos-. El holismo cuyo término tuve como fundador Jan Christian Smuts (Brandão, Crema, 1991; Weil, D�Ambrósio, Crema, 1993), es un proceso de síntesis criadora y significa que los todos resultantes de esto proceso son, por su vez, dinámicos y evolucionarios. No existen muchas prelaciones  en torno de la filosofía holista, desde la publicación de Smuts datada de 1926. En el final de la década de 70, surge la primera Universidad Holística, en París y en 1988 se inician las actividades de la Universidad Holística Internacional de Brasília (Brasil), sedeada y mantenida por la Fundación Ciudad de la Paz (Brandão, Crema, 1991; Weil, D�Ambrósio, Crema, 1993).

Con la nueva visión de la física, no obstante, algunos principios del holismo logran desta que tales como el principio de la incertidumbre y de que el observador tiene influencia sobre la experiencia, desmontando la idea cartesiana de objetividad. La realidad es un proceso de cambio entre todos los entes: físicos, biológicos, psicológicos y sociales. Prevalece la visión de la totalidad. Las unidades menores tienen un sentido derivado del conjunto, o sea, a partir del conjunto se tiene el significado de las partes, o como se dice, el todo es más que la suma de las partes.

El holismo es fruto de una propuesta, un nuevo paradigma que rechaza la tendencia de las sociedades actuales que privilegian la especialización, la economía, la racionalidad, el individualismo, entre otras cosas. De acuerdo con la nueva propuesta paradigmática, el ser y su desarrollo interior son enaltecidos al envés del tener. Las búsquedas y exploración de otras galaxias, tierras y espacios, así como la exploración y control de la Naturaleza son substituidos por la búsqueda y exploración de la interioridad, de la subjetividad, de la existencia colectiva; la conservación y preservación de la Naturaleza es una de las metas.

La filosofía holista tiene una visión de mundo que incompatibiliza con la manera de pensar y actuar de la sociedad actual y precisaría de una revolución cultural, en la opinión de Capra (1982). Sin embargo, algunos movimientos ya pueden ser percibidos en pro de un cambio, hasta en la misma academia, reducto francamente conservador.

Azevedo (2010) hace una  reflexión crítica acerca de la globalización apuntando para la complexidad de este fenómeno. Al envés de la tradicional orientación de las sociedades cuya tendencia es fraccionar o compartimentar el conocimiento, se hace preemente su integración y observa el autor, con base en el pensamiento complexo de Morin, que es necesario un pensamiento que considere las partes en relación con el todo y esto, por su vez, en relación con las partes. La sugerencia es pensar la crisis mundial que existe a través de un cambio, o sea, pensando en una política de humanidad -o antropológica (rescatando el verdadero sentido de política en la concepción aristotélica)-. Diciendo en otras palabras, la sugerencia es reflexionar la crisis de la civilización, conduciendo para una política de civilización.

El cuidar de sí

     Yo parto del principio de que para cuidar de otro es fundamental que se cuide de sí, en primer lugar. Así vamos discutir el cuidar de sí para después tratarnos del cuidado en relación al otro.

El cuidar de sí para Michael Foucault, por ejemplo, se refiere a conocerse a sí mismo y que se desvela como una ética de sí (Eizirik, 2005; Foucault, 2007). La ética para él resulta de una relación del sujeto consigo mismo, como se constituye a sí mismo como sujeto moral, responsable por sus propias acciones. La acción va se revelar ética en la medida en que ella contribuye o no para la formación de la subjetividad. De esta forma, el sujeto es formado por las prácticas que lo constituyen. La noción de cuidar de sí se origina con Sócrates y cambia la visión de cuidado, antes una preocupación con las cosas y factos exteriores para una concentración sobre sí mismo y que sería traducido como �aplicar el espíritu a sí mismo�, cuidando de lo que se es. Engloba mejoramiento de sí, un perfeccionamiento del sujeto. No olvidando que para Foucault, así como para otros autores de la antigüedad y mismo para los autores de la modernidad, el cuidado de sí sólo se justifica en la perspectiva del cuidado de los otros.

De una preocupación con el exterior, el cuidado de sí pasa a una concentración de sí, con una connotación más espiritual. Algunos filósofos de la modernidad discursan en torno del cuidado de sí concluyendo que el mismo presenta una connotación de angustia sobre la existencia y que culmina en una preocupación con el ser-en-el-mundo. Es importante recordar que esto cuidado muestra dislocamiento y que está sujeto a influencias históricas, políticas y sociales.

El cuidado de sí en la área de la salud ha sido pensada cuasi que exclusivamente en los aspectos físicos y, de esta manera, en las prácticas que los sujetos realizan con el objetivo de mejorar su condición física. En este sentido tenemos hábitos de salud que, en general, son prescritos o recomendados como preventivos -ejercicios físicos, dieta equilibrada,etc.-. Más modernamente, son incluidos cuidados con la mente y lo espíritu -lazer, afetos, etc.-.

Jean-Yves Leloup (1996) discurre sobre los terapeutas de Alexandria contado en un texto de uno de ellos, llamado Fìlon. Es contado que la tarea principal de los terapeutas era cuidar, pues consideraban que la Naturaleza era que tenía la incumbencia de curar. Cuidar de lo cuerpo (cambiando la ropa, cambiando la alimentación, por ex.), cuidar de los dioses, cuidar de lo deseo y cuidar del otro, son citados como tareas importantes. Los terapeutas, ya en aquella época (entre antes y después de la era cristiana) consideraban el ser humano como una totalidad cuerpo/alma/espíritu.

En una publicación (Waldow, 2004) refiero el  cuidar de sí como el cuidado personal, es decir, en una dimensión sujeto-self. Este cuidar de sí incluye, conforme escribí en aquella publicación, el conocimiento de sí, de sus potencialidades, necesidades y limitaciones. Eso conocimiento favorece una mejor auto-estima, confianza en sí y en la vida. Comprende también el cuidar de la salud, del espíritu, del intelecto, de su tiempo, del ocio y así por adelante. Entre las sugerencias coloqué: ser capaz de expresar su verdadero self, actuando de forma auténtica; rever valores y principios a través de auto-reflexión o introspección; exibir comportamientos de cuidar (solidaridad, amor, compasión); desarrollar estilo de vida que incluya prácticas de cuidar y estos pueden comprender alimentación adecuada, ejercicios físicos, exámenes médicos periódicos, meditación, prácticas de relajamiento, jardinería, además de una infinidad de actividades. De esa forma, para mí el cuidado pasa a ser  existencial y pasa a ser sentido, practicado, vivido y, consecuentemente, proyecional, o sea, se reflexiona en el ambiente.

El cuidar del otro

     Tomando ahora la cuestión del cuidado y el otro, creo ser imprescindible traer la contribución de Milton Mayeroff (1971) que afirma que el verdadero cuidar ocurre en la medida en que se ayuda a el otro crecer y a realizarse.

El cuidar implica en un movimiento en dirección a algo o alguien que es motivo de interés o preocupación. Es una acción que nos mueve a hacer algo, que nos impulsiona -una acción moral para satisfacer, aliviar, ayudar, confortar, apoyar-. Esta acción es acompañada de actitudes y comportamientos los cuales tienen siempre una connotación para proveer, favorecer el bien para el otro ser. Es por tal razón que el cuidar se constituye en una acción noble y que ni siempre tiene lo reconocimiento o la comprensión debida. La finalidad del cuidado es algo o alguien que necesita de ayuda (atención, cariño, apoyo, etc.).

Ser-en-el-mundo es esencialmente celar, cuidar, existir al lado de las cosas y de los seres; tener interés, ser-con-los-otros que encontramos en el mundo, lo que corresponde  a lo que Heidegger (2001) denomina de �solicitud�. La relación de ser con los otros se caracteriza por la manera como se actúa, siente y piensa en el convivio con sus semejantes. El �ser-con� es un constitutivo fundamental del ser-ahí del existir humano. De modo que �cuidar� se expresa por la relación con el otro dentro del mundo. En el ámbito profesional, al  pensarse el ser de forma integral, en un abordaje de cuidado, las relaciones se modifican, o sea, la actitud del profesional va más allá de su conocimiento técnico. Esto significa que él percibe el otro como un igual en su totalidad e esto incluye el reconocimiento de la subjetividad, pero, también de su vulnerabilidad. El reconocimiento de la subjetividad es la forma en que las personas significan su realidad e interactúan con ella. Sabedor de su circunstancia de vulnerabilidad, el cuidador se empeña en fortalecer las potencialidades para el mantenimiento de la integridad del otro, en el caso, el sujeto a ser cuidado. Es así que el cuidado se desvela como una verdadera relación.

Conclusiones

     La vulnerabilidad es considerada como la condición que convoca el cuidar. El cuidar de sí es una precondición para cuidar el otro, en una manera singular que se denomina cuidar con, o sea, con la participación del otro ser.

El cuidado profesional  en la perspectiva del texto incluye que él, el ser que cuida, teniendo el cuidar como su esencialidad en ser profesional es un ser existencial, un ser-ahí-en-el-mundo-con-los-otros y que está capacitado para cuidar con responsabilidad, respeto, involucramiento, o sea, en una actitud ética.

Referencias bibliográficas

Azevedo PF. Globalização: breve reflexão crítica. Adverso 2010 jul.; (179)19.
Boff, L. Saber cuidar-Ética do humano-compaixão pela terra. Petrópolis: Vozes, 1999.
Brandão DMS, Crema R. O novo paradigma holístico. São Paulo: Summus, 1991.
Capra F. O ponto de mutação. São Paulo: Cultrix, 1982.
Collière MF. Invisible care and invisible women as health care providers. Int Journal of Nursing Studies 1986; 23(2): 95-109.
Eizirik MF. Michael Foucault: um pensador do presente. Ijuí: Ed. Unijuí, 2005.
Foucault M. História da sexualidade 3: o cuidado de si. Rio de Janeiro: Graal, 2007.
Heidegger M. Ser e tempo (Parte 1 e 2). Petrópolis: Vozes, 2001.
Leloup JY. Cuidar do ser: Fílon e os terapeutas de Alexandria. Petrópolis (RJ): Vozes, 2003.
Levinas E. Totalidade e infinito. Lisboa (PT): Edições 70, LDA, 1980.
Mayeroff M. On caring. New York: Harper, 1971.
Noddings N. O cuidado: uma abordagem feminina à ética e à educação moral. São Leopoldo (RS): Unisinos, 2003.
Pegoraro O. Existência humana é existência cuidadosa. O mundo da Saúde. 2009 Abr- Jun; 33(2): 136-42.
Torralba FR. Antropologia do cuidar. Petrópolis (RJ): Vozes, 2009.
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Waldow VR. Cuidar: expressão humanizadora da enfermagem. Petrópolis (RJ): Vozes, 2006.
Weil P, D�Ambrósio U, Crema R. Rumo à nova transdisciplinariedade:sistemas abertos de conhecimento. São Paulo: Summmmus, 1993.
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