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PARANINFO DIGITAL INDEX. ISSN 1988-3439

 

 

 

 

 

 

 

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CONFERENCIA INAUGURAL

 

 

 

Miguel Guirao P鲥z 

 

Anatomía del cuerpo emergente
Prof. Miguel Guirao
Catedrático de Anatomía. Profesor Emérito de la Universidad de Granada, España

Rev Paraninfo digital, 2007: 1

 

Cómo citar este documento

Guirao Pérez, Miguel. Anatomía del cuerpo emergente. Rev Paraninfo Digital, 2007; 1. Disponible en: <http://www.index-f.com/para/n1/conina.php> Consultado el 11 de Agosto del 2022

La actualidad del cuerpo humano como protagonista de constantes y sorprendentes avances científicos sanadores, figurando él como donante y remediador de tantas y tantas carencias y dificultades propias y ajenas, nos hace recordar aquellos otros tiempos de los cincuenta en que sucedía lo contrario, y cómo mi compromiso de presentarlo a mis alumnos como profesor estaba lleno de tabúes, restricciones, incomprensiones diríamos, que nos hicieron sufrir. El verlo ahora �liberado�, y sentirlo tan deseado por impensables trasplantes, atractivas clonaciones, las células madre como el gran remedio, el genoma que desvela el gran secreto de la vida, y hasta el cordón umbilical, que antes iba literalmente a la basura convertido en banco de salvación, y tantas sorpresas como se nos anuncian cada día, nos permite presentarlo ya como el tesoro que es, pero eso no es todo�

Profesor de Anatomía joven, mi vocación me hizo sentir desde el principio el deseo de presentar a ese cuerpo así, sumariamente como protagonista único y capaz de todo, en un sentido tanto vivencial como existencial, lo que sólo pude hacer a medias. Hoy en cambio tengo la oportunidad de hacerlo aprovechando la invitación que se me ha hecho por parte de la Fundación Index para hablar sobre el cuerpo y sus emergencias. Aunque he de aclarar que todo lo que cuente en la historia que sigue y que expondré en este tiempo que tanto me complace compartir con ustedes puede leerse en el libro que he coordinado, recién aparecido, titulado �El cuerpo humano y su emergencia. Ciencia y Tradiciones�, título que ya adelanta su argumento. Jubilado, me siento liberado de contar lo que he sentido siempre, y siento.

El Cuerpo, vigilado

Comienza la historia en el tránsito entre los cuarenta y los cincuenta, cuando accedía al encargo docente. Disponía de cadáveres en la Sala de Disección para tratar de que mis alumnos los conocieran y comprendieran, y pudiéramos razonar en ellos sobre la vida, pero el programa oficial los entendía aquí únicamente como soporte material sin suponer nada más, y, poco a poco, me encontré defraudado. Es obvio que el cadáver es una pieza clave en la trama docente de la medicina, el mejor medio inicial para la presentación de la imagen, de las estructuras groseras, de muchas intimidades del cuerpo humano que ayudan a profundizar después en él, pero eso no es suficiente porque no completaba su significado. Urbano coincidía: �El significado humano del cuerpo no puede leerse directa o inmediatamente en sus estructuras biológicas y anatómicas��, o, �en todo caso, un reduccionismo a la pura biología rebaja al hombre a nivel animal�.

El trabajo era muy digno, pero muy mecánico, como si se hablara del cuerpo de un �muñeco humano� acostado, yacente, que sí, que se dejaba mover con nuestras manos pero no animar; podíamos hablar entre nosotros de lo que era, muerto, pero no especular sobre lo que fue o pudo ser o hacer en vida. Llegó un tiempo en que yo, ambicioso, me revelaba porque era el único que trataba con la muerte en una facultad de medicina de las de la salud y la vida, y, así, aunque fuera todo lo lógica que se quisiera aquella situación, traté de integrar equipos docentes movilizadores que no supimos consolidar, porque cada uno era muy celoso de su campo en aquellos tiempos de una pedagogía muy compartimentada. En fin, tenía que contentarme con que los alumnos comprobaran en la realidad lo que presentaban los atlas que tenían recomendados como libros de estudio, y a convencerlos de que las cosas eran así me consagré.

Lo peor, lo irremediable, llegaba cuando se trataba de explicar el sistema nervioso. Podía yo facilitar la comprensión de la forma, composición y relaciones de los grandes sectores del encéfalo, hasta teñirlo resaltando estructuras groseras, y ciertamente que no era difícil hacer comprender cómo en el cerebro se podían recibír sensaciones y producir respuestas, pero, vuelvo a decir, que eso era poco. Como ejemplos, se entendían muy fácilmente los sustratos del movimiento, la dinámica elemental de los sentidos, cómo se hablaba o hasta memorizaba, pero cuidado con decir que el individuo pensaba o tenía sentimientos, porque eso no se podía demostrar anatómicamente, y, en todo caso, correspondía a la psiquiatría, asignatura que estaba alcanzando en las facultades carta de identidad en aquellos años y adolecía aún de bisoñez, o se estudiaba en psicología en otra facultad. Escribía yo al respecto en una ocasión: «No; no se admitía entonces una relación clara entre mente y cerebro; había trastornos mentales que no había que buscarlos ni tratarlos en el último porque allí ni se reconocían, y, así, la mente quedaba como desarraigada, lejana, como volando�.

Y esto se complicaba porque, todavía, influía en el fondo una trasnochada dualidad entre alma y cuerpo, hasta el punto que, dada la preponderancia social de la primera y la recién citada inmadurez del diagnóstico médico, no era infrecuente que compartieran entonces los confesores con los doctores la atención de quienes sufrían por causas supuestamente linderas. Aún se podía palpar una asentada negatividad residual de afirmaciones disparatadas que se escribieron alguna vez, como aquello de que �el hombre es espíritu preexistente al cuerpo, donde se encuentra ahora el alma debido a una especie de culpa original, desterrada y alienada en él y del que tendrá que purificarse y separarse��, lo que he de confesar que me producía cierta repugnancia. ¡El cuerpo cárcel, cuando yo lo entendía como faro, templo y hogar!

Urbano insistía en que estaba ya más que superada la filosofía dualista que imaginaba al �alma como algo independiente, originada en lo divino y lo bueno, que se opone al cuerpo engendrado por el mal�, y es verdad que contra este agravio, se podía decir ya, sin reparo, que �el cuerpo humano es el resultado feliz de la función informativa del espíritu sobre la materia; que es, necesariamente ya, la integración de alma y cuerpo�, pero confieso que yo me sentía impaciente.

A pesar de todo, en el inevitable e influyente entendimiento científico-religioso de la época, el cuerpo humano que enseñábamos seguía considerándose en amplios sectores como que era la carne pecaminosa, que �poseía argumentos o factores incitadores�, y había que someterlo. Es chocante que aún, a estas alturas, estemos escribiendo sobre el tema, pero es que yo afirmo que todavía, en los cincuenta, por allí estaba acechando el desliz, la culpa, y hasta doy fe de que era polémico presentar sin restricciones el cuerpo femenino en la propia cátedra, porque podíamos estimular la concupiscencia de los jóvenes aprendices a médicos, y había que disimularlo en sus evidencias naturales, por pudor. Todos los alumnos eran hombres, pero si aparecía alguna de aquellas valiosas mujeres pioneras, futuras médicos, había que ser muy discreto y acaso se agradecía una velada advertencia previa de tal exposición en cátedra por lo que procediera de compromiso.

Pero sobre todo, insistimos, en cualquier caso era una temeridad un abordaje integral del cuerpo humano aludiendo a sus capacidades mentales sutiles, y lo asumíamos con disciplina, pero cada vez pensaba más entendiéndolo menos, y no podía admitir que ese tesoro del cuerpo, que es lo que somos, lo único que tenemos y con el que tan lejos podemos y tenemos que llegar en el largo compromiso de la existencia, fuera tan minusvalorado e incomprendido. Era inusitado que, explicando el cerebro, no se pudiera siquiera aludir doctrinalmente a sentimientos, decisiones, ilusiones, esperanzas, etc. La medicina de aquel tiempo era organicista, estructuralista, y se entendía que para servir a la clínica bastaba, y era lo mejor explicar una anatomía poco complicada, �práctica� para el diagnóstico y la intervención, como si es que el ser humano naciera ya necesariamente enfermo y el aspirante a médico no debiera conocerlo primero en plenitud de capacidades en salud, como era mi vocación.

Simplemente, se explicaba un cuerpo que había llegado allí, sin antecedentes, supuestamente tras enfermar, muerto y nada más, y había que aprovecharlo para conocer las interioridades, pero mente, psique, espíritu, eran términos inusuales, cerebro y nada más, y de él hasta donde se pudiera llegar en sus testimonios materiales orgánicos, ¡y en cuanto al alma, definitivamente, yo ya siempre la eludía!

Es verdad que hubo en los cincuenta-sesenta un repunte de la �Anatomía descriptiva� hacia la �Anatomía funcional� y, ciertamente, se avanzó hacia un necesario vitalismo, pero, todavía, saltando relaciones y sistemas, yo abogaba por una «Anatomía de la acción», que era no sólo como si ese muñeco se moviera como si tuviera cuerda, sino que �accionara�, hiciera cosas buscándoles sentido, porque una cosa es vivir y otra existir, y con la función nosotros sólo ayudábamos a comprender una vida de casi pura supervivencia, poder reproducirnos, caminar erguidos, respirar, oír, y así.

Mientras tanto� ¡la �New Age�!

Las cosas estaban así de restringidas en correspondencia a una situación social que ya estamos desvelando. En nuestro país, el rígido idealismo del nacional-catolicismo era poco propicio a posiciones correctoras de una sesgada tradición; se advertía del pecado a los jóvenes, se recomendaba la pureza y el buen comportamiento, y en la misma línea pero a otros niveles sin duda, en la Europa occidental cristiana, crecía la oposición a un sistema creciente e invasor de libertades y abusos, del laicismo más absoluto, como se decía que era el mundo libertario-comunista. En un término medio estaría la virtud, pero, en uno y otro lado, la inteligencia interesada, o, mejor, la incapacidad de un puñado de poderosos dirigentes de naciones que pudieron vivir en paz, las empujaron por el camino del interés, de la soberbia, del egoísmo, del enfrentamiento, de la crueldad más refinada, hasta el holocausto. Una avanzadilla fue nuestra guerra civil, como �cruzada�, pero, insatisfechos, y probadas ya en ella las nuevas armas de destrucción, a nuestra contienda sucedió otra mundial de dimensiones aterradoras, que, a la larga, no arregló demasiado según se ha venido viendo después, y sí se siguió de la reacción social que se podía esperar.

Entre los años cincuenta y setenta, y como repulsa y remedio a esas guerras exterminadoras, se fue instalando un cambio social en el mundo que lindó la reforma radical. Quizás la mundialización de la contienda, hizo llegar a los jóvenes occidentales el conocimiento de otras culturas que -aunque feroces también para el combate- su cultura era de la contemplación, la meditación, la interiorización en suma, seguidores sus miembros de doctrinas como el budismo o el hinduismo, y sus fundaciones, estandartes que aconsejaban la armonía interior como antídoto a cualquier doloroso alboroto. Modelos de vida reivindicativa se hicieron oír con estrépito por doquier, hasta el punto de denominarse esa circunstancia histórica como «Nueva Era», la «New Age», porque cambió el perfil y el alma de la humanidad en la segunda mitad del siglo XX a través del empuje de los jóvenes, inicialmente ingleses y norteamericanos. Conocían que aquella supuesta inteligencia prebélica de las poderosas personas mayores, gobernantes, no sirvió para hacernos más felices sino, al contrario, más desgraciados, y había que pensar en otros recursos, buscar una religión de vida joven, nueva, como ellos entendían.

Esa especial situación se vino a concretar, finalmente, en la �Era de Acuario�, propuesta astrológica de una �Era de Luz, dirigida por el Cristo cósmico y correspondiente al elemento aire, al movimiento, un período en que el Sol sale de Piscis para entrar en Acuario, desde luego sin prisa�. Según esta creencia, el comienzo de la era marcaría el inicio de un cambio en la consciencia del ser humano, que ya estaría empezando a notarse en aquello días, y que lleva asociado un tiempo de prosperidad, paz y abundancia. Claro que lo que apareció también en turbión y con el deseo de transformación, fue la confusa instalación de sistemas de creencias diversas y esnobistas, con ideas reformuladas por sus partidarios hacia la exploración espiritual y el misticismo cósmico directo y fácil, sin excluir nuevos estilos de vida social en música, teatro, convivencia, etc. En nuestro campo, se fue instalando una �medicina holística�, supuestamente correctora de la medicina académica tradicional, considerada anónima, cara y, sobre todo, agresiva.

Algunas de estas prácticas sociales perdieron legitimidad, al instaurarse en la rebeldía con fuerte rechazo social, ya que empezaron algunos jóvenes a vivir la vida de lo fácil, lo directo, lo sentido, �¡lo que se nos ocurra!�; tirados en la calle o rompiendo las puertas y ocupando sin más locales supuestamente olvidados, manchando paredes, bebiendo en las fuentes, dedicados a juegos malabares o percusiones musicales en las plazas, sólo para gozar, ¡y no hablemos de la droga! El �movimiento okupa� tiene aún una clara vigencia.

No obstante, por otra parte en el mundo occidental cuajaron positivamente y con ventaja, culturas importadas de esas otras citadas tradiciones más contemplativas, con modelos de interiorización «in extenso», y nacieron escuelas y líderes que rompieron moldes anticuados, soltando amarras a nuevos comportamientos, estilos artísticos, religiosidades, que transformaron la sociedad hacia un positivo modernismo, dicho así tan de pronto y con optimismo. La inteligencia formal dictadora, que tantos errores cometió, pesaba menos en la cultura de los jóvenes y la dejaban �para los mayores y sus errores formalistas�, y estos los comprendían y respetaron.

La Intuición

Para salvar a una capacidad tan esencial como la inteligencia, me decidí a llamar la atención a mis alumnos, que todos eran jóvenes, sobre el hecho de que es que el cerebro no estaba completo. El hemisferio cerebral izquierdo, que se había llamado hasta entonces «dominante» porque era el asiento de la �Inteligencia� se había portado como dictador, y visto lo visto y si queríamos cambiar las cosas hacia un modo más simple y sano de verlas, teníamos que impulsar otra capacidad del ser humano, menos conocida, llamada �Intuición�. Había estrés en la sociedad y teníamos que conducirnos de una nueva manera, más dialogante (¿democrática?), y eso se conseguía poniendo en marcha nuevos recursos, como las cualidades de otro hemisferio casi olvidado, llamado «menor o dominado», ya que se suponía el asiento de una «inteligencia menos valorada�.

La intuición es una especie de sexto sentido que podía servir a la razón humanizándola, dándole argumentos acaso muy acertados, quizás menos elaborados pero nunca condicionantes sino convincentes y persuasivos. Hasta entonces y con evidente marginación de la feminidad en una sociedad machista, se llamó siempre a ese hemisferio �femenino� porque, frente a la preponderante inteligencia supuestamente masculina, se le concedía a la mujer la �capacidad menor de intuir», que era como aportar moderación, ternura o cordura que ahora parecía necesario investigar e incorporar, viendo el fracaso de los sabios estadistas y poderosos estrategas, casi todos masculinos en aquellos tiempos.

Los anatómicos empezamos ya a comunicar, todos y en nuestras lecciones a los alumnos, que el cerebro era equipotencial, sus dos hemisferios del mismo valor, y la intuición una capacidad de primer orden que nunca más se puso en cuestión. No sólo quedó claro que el hemisferio izquierdo era el de la inteligencia y el otro de la intuición, sino que se completaron sus perfiles, de modo que si aquél era analítico, lento, éste era sintético, rápido; si aquel necesitada el testimonio claro éste gozaba de un conocimiento directo, capaz de relacionar más cosas al mismo tiempo para entenderlas mejor; si el primero era el aritmético, de las ecuaciones, el otro era el geométrico, de las formas y relaciones directas; y, en definitiva, si aquél era razonador mirando a fuera, el otro era interiorizador, sensible a la intimidad de nuestras vivencias. Desde entonces trabajamos mucho con los dos y el cerebro es así más rico.

Consciencia, Corporalidad, Autoconsciencia humana

Estando así las cosas, y la creciente instauración de métodos interiorizadores moderadores de conductas, yo, anatómico reiterativo como se ve, enemigo, por supuesto, del alboroto y el abuso, encontré de positivo en estos cambios el que se pusieran de moda el aprendizaje y la práctica de técnicas de claro �protagonismo corporal�, y hasta mí, personalmente, llegó el aire y la necesidad de renovación, y, sin entrar ahora en detalles, empecé a analizar ese modo de ser distinto en mí mismo y a estudiarlo con seriedad. Practiqué y aprendí a frecuentar aquellos ambientes renovadores, juveniles -35 ó 40 años podían ser los míos-, para aprender a experimentar mi cuerpo cuya profundidad ya presentía. Si el cuerpo conocido era el del trabajo, de la relación exterior, de la urgencia y, por tanto, del riesgo y error, el cuerpo interior que yo ya descubría me parecía lo contrario, el de la armonía, el equilibrio, la transformación, la paz... No debía fallar pero estaba escondido y había que buscarlo, y a mí me pareció inteligente hacerlo porque me estaba llevando lejos en mis propósitos más sutiles.

Pasé a vivenciar y estudiar íntimos y profundos caminos que me confortaban, y por ahí llegué a experimentar esa �Consciencia� (con s), la vivencia de la �Corporalidad�, la totalidad corporal, palabra apenas en uso pero que ahora resultaron referencias del núcleo personal del �Yo�. Efectivamente, me di cuenta que los sentidos que antes me sacaban fuera (se ve, se oye, se toca, lo exterior) se me enriquecieron con «sentidos interiores», que sirven para constatar en el cuerpo su armonía a través de los vericuetos anatómicos que transitan la corporalidad. El método para descubrirla consiste en liberar la atención atrapada por los sentidos tradicionales que la agotan fuera, para aplicarla dentro con los estos últimos sentidos, y poder recorrer con ellos senderos de renovación espirituales o pseudomísticos, desde luego transformadores y, sobre todo, confirmadores de que materia y espíritu, en el cuerpo humano, no son cosa distintas sino vecinas, y no son posibles una sin otra.

 Pero no sabía yo a dónde conducía ese ensimismamiento que parecía que nos podía aislar negativamente si buscábamos cada vez un cuerpo más hondo y oscuro, pero Urbano me ayudó escribiendo que �la corporalidad, más claro aún, la sexualidad, ya en el pensamiento bíblico no estaba cargadas de negatividad y pecado. No hay rechazo; hay apertura al otro� es la posibilidad concreta de ser y comunicarse con el mundo � el campo experiencial del hombre�; la significación humana de la corporalidad no procede, pues, sólo de la interioridad cerrada, sino de la experiencia integral incluida la relación exterior con los/lo demás, un principio de instrumentalidad como servicio, que es para mí un permanente destino.

Yo mismo me di cuenta de que esta experiencia, era camino de salida más que de interiorización, de ahondar para salir mejor, de modo que la oración, más que elevando los ojos mirando al cielo, más que entre cantos de resonancia perturbadora, era en mí más profunda y viva cerrando los ojos y mirando �a dentro�, porque me sentía confortado y podía hablar, como si entendiera que me podían oír aunque no me contestasen.

De la timidez inicial pasé a tratar el tema con naturalidad. Incorporé a mi programa docente los citados sentidos interiores que completan la corporalidad con la experiencia del cuerpo interior. Son varios, pero baste con los de la �cenestesia� y �cinestesia�, como ejemplo de entrada, que significan nada menos que, en estado de relajación y en la profundidad, uno puede sentir peso, calor, distensión, hormigueo, cambios y sucesos gratos que suceden dentro, armonía y bienestar que no son sino la �salud�, esa que no advertimos hasta que la echamos de menos y que, luego, nos cuesta cultivar. Estamos experimentando un ventajoso cuerpo interior, porque eso de sentir y moderar el palpitar del corazón, el calor de la dilatación de los plexos, el seguir plácidamente el aire respirado, la distensión de la musculatura, el poder dirigir e intercambiar las sensaciones aislados de fuera, todo me parece una formidable conquista personal.

De esta manera, hay que concluir que el cuerpo vivo, el que es y existe, hogar de nuestras capacidades, templo de nuestros sentimientos, ventana de nuestras ilusiones, depósito de nuestra armonía; no es un solo armazón, no es cualquier cosa sino, en definitiva, lo que el ser humano tiene -lo único- para recorrer el reto de su existencia en todos sus parámetros de realidades, compromisos y hasta esperanzas.

No obstante, Urbano nos habla de la �corporalidad como límite�, para sacarnos de la ilusión y la prepotencia de un cuerpo todopoderoso, porque ya se ve que necesita en sus acciones perseverancia, compromiso, humildad y esfuerzo. �La expresión corporal no responde plenamente a la intención de la persona, es engañosa, y así está expuesta al equívoco y al mal entendido, pero, sin embargo, su obligada limitación no empobrece ni empequeñece la grandiosidad de la corporalidad humana; es la gloria y al mismo tiempo la tragedia del ser humano�.

Desde entonces pude hablar y escribir sobre la «Consciencia corporal», muy distinta de la moral, la del bien o del mal, la única que había en �aquellos tiempos�, y escribí sobre ella, en un libro de los sesenta, «Anatomía de la Consciencia», del que estoy satisfecho aunque recibí de mis compañeros críticas evasivas, o la sincera confesión de tratarse de �un libro muy bien hecho pero que no es anatomía». Comprendo ahora que fui muy audaz adelantándome con lo que eran casi como intuiciones, que no tardaron en hacerse realidad, es verdad. El hecho es que, con la consciencia, yo quería cerrar el círculo del sistema nervioso integral, como testimonio no sólo de la percepción y la voluntad y otras, sino también de la responsabilidad en la libertad de vivir sentimientos vivos y profundos, y, en definitiva, de una excelsa capacidad directiva del existir.

Finalmente, debemos decir que, pese a todo, el término consciencia no es totalmente representativo y se queda corto si no llegamos a la �Autoconsciencia�, que es como se debe llamar la consciencia �humana�, la de la citada responsabilidad, �un proceso de experiencia última que incluye la dialéctica entre consciencia primaria y otra de orden superior ��; hay quien le atribuye la verdadera creatividad, la que sirve, renueva, relaciona saliendo de dentro.

El cerebro humano y la Cosmicidad

Ya tenemos cuerpo y mente, y, con ellos, inteligencia, intuición, conciencia y autoconsciencia, pero ¿no puede haber confusión?, ¿cómo se articulan?, ¿cómo se integran?, ¿cuál es la participación existencial de cada una? ¿hasta dónde se puede llegar?

 Los gurús fundadores, los líderes que llegaron a ser mundiales por efecto de la difusión universal de sus propuestas místicas, proponen que todo eso que podemos llamar consciencia interior, esa vivencia profunda de armonía, de paz, de unidad restauradora, puede ser la resonancia o la vivencia de lo �Absoluto, lo Cósmico o Universal, el Vacío unificador�, algo como el anuncio de la posibilidad de un ejercicio renovador, transformador, santificador si se asume con convicción existencial de un destino. Lo Absoluto se asimila a Dios, y el Vacío que se consigue con la meditación al auténtico Camino, porque cualquier vasija para llenarla de contenido nuevo ha de vaciarse del viejo. Las alusiones al Universo y al Cosmos, lo son también, para el creyente, al Creador o la Creación, que cada uno personifica o nomina a su modo en su tradición o cultura, estando Dios presente no pocas veces.

Todo eso quiere significar que el ser humano es criatura cósmica, creada en un �Cosmos� de donde todo viene y a donde todo va, reflexiones que condicionaron mi modo de ver los senderos humanísticos de la medicina basados en tantas circunstancias poderosas: Los estudié a fondo, los practiqué, y luego los propuse con éxito a la .Facultad de Granada, que se convirtió en pionera de la enseñanza optativa de las «Medicina complementaria» pues correspondía a un concepto médico del �hombre cósmico� que enriquecía el bagaje de los conocimientos de los médicos. Profundicé en cuatro líneas: La Acupuntura nos sacaba con sus meridianos a un ambiente planetario; la Medicina naturista nos recomendaba las reglas de la naturaleza, el cosmos cercano; la Homeopatía se refería al modo de recolectar y aplicar las energías universales sanadoras; la Sofrología un método de interiorización creado y administrado por médicos que era como una síntesis sanadora� ¡Desoí propuestas ambiciosas pero interesadas y poco cimentadas� pero ese es otro tema y las dejé con mi respeto!

De un modo paralelo, por todo ello y afortunadamente por aquellos años apareció dentro de la medicina académica una «Medicina psicosomática», integradora, superadora del otro perturbador �dualismo psique y soma�, novedad que se fue imponiendo con agrado porque era muy positiva como reconstructora de la anarquía conceptual. Trataba de convencer a los más reacios de que ya no se podría pensar nunca más en que un trastorno afectivo pudiera instalarse en una persona sin repercusión o concomitancia orgánica, o, al contrario, la no presencia de factores psicológicos en enfermos originariamente considerados netamente orgánicos. Se hablaba entonces ya de «perfiles biográficos» que permitían entender la conversión o repercusión de un disturbio psíquico en una alteración orgánica funcional� de modo que de una psiquiatría tradicional especulativa se estaba pasando a una «Psiquiatría biológica», que aceptaba que tenía que haber una relación estrecha entre los citados cuerpo. y mente como una inevitable e imprescindible globalidad que acabó imponiéndose.

En la Anatomía repercutió esta actitud global, de tal modo que yo mismo escribí, con mis colaboradores ya, un texto de ¡�Neuropsicoanatomía�! En ella, por ejemplo, junto a las trayectorias de las sistemas motores o sensitivos clásicos, pudimos trazar otros bioquímicas transportadores de neuropéptidos relacionados con el trastorno y con sentimientos de placer y felicidad, y hasta de responsabilidad y libertad, todos lo que tanta falta nos hacen para componer la personalidad. Hoy estamos con psicólogos clínicos, en ejercicio privado y en hospitales generales como cualquier otro especialista de cualquier equipo.I

¡La accionalidad como testimonio definitivo!

En fin, a pesar de todo, sin exigirlo a los alumnos y con críticas explícitas o veladas de mis compañeros, como ya he dicho, fui escribiendo a lo largo de la segunda mitad del siglo, sucesivamente, una «Anatomía de la Emoción», un atrevimiento, y veinte años más tarde la «Anatomía de la Consciencia», casi pura heterodoxia para quien se paraba en el título, y aún después, esta «Neuropsicoanatomía», una síntesis anatómica, para acabar ahora coordinando una «Anatomía de la Emergencia», término ambicioso basado en todo lo que aquí voy contando y que será polémico aunque me ha llevado muchos años el sentirlo y construirlo y, sobre todo, presentarlo sin petulancia ni acritud.

 El cuerpo tenía que mirar ya a su definitivo destino. Estábamos en condiciones de dar pasos decididos, y, también Urbano volvió a ponerme sobre la pista en esta aventura, descubriéndome que la antropología bíblica, al referirse al cuerpo, habla de tres entidades testimoniales, y decía él que eran �Basar�, carne o �Sarx�, totalidad del cuerpo; �Nefes�, o �Psykhé�, psique, espíritu o aliento vital; y �Ruah� o �Pneuma�, menos concreta, respiración, viento pero no en oposición a la materia, sino aquello que hace capaz al hombre de escuchar a Dios, un "carisma que lo capacita para ejercer una tarea especial en orden a la salvación". En otras fuentes hemos leído �aliento divino, espíritu de Dios, reflujo de Dios, Dios destino, divinidad�, lo que nos daba mucha luz para una investigación más prometedora.

Tanto me interesé que sus indicaciones fueron ampliadas en comentarios bíblicos bien considerados, y en vocabularios bíblico-teológicos muy precisos, y acabé liberándome de una situación antes sin salida. Digamos, eso sí, que, en principio, la confusión fue enorme, unas cosas contradecían frecuentemente a otras: "... basar o sarx; es un error traducir uno por otro; pneuma y nefes son lo mismo; sarx no es el cuerpo; pneuma es cohesión..." Un paseo por Internet les dejará sorprendidos., pero lo peor o más curioso es que en ningún caso aparece �soma� y es necesario porque ahora soma y psique, dualidad psicosomática, es lo aceptado. En fin hemos de contar con esos tres elementos pero alguno debe tendrá que ver con soma.

Insistamos en que no podemos discutir a sarx su significación de cuerpo, y aunque no habíamos oído hablar de este término, rebobinamos buscando referencias que validaran su realidad, y están a la mano. Tenemos: "sarcófago", donde la carne se destruye hasta su extinción, y "sarcoma", cáncer de los tejidos blandos, del hueso, cartílago, grasa, músculo, de la carne en fin. No hay pues dificultad en que sarx sea cuerpo. Pero, por su parte, la palabra soma, ya hemos dicho que tiene también actualmente una realidad reconocida como cuerpo, y resulta que ahora no lo podría ser por serlo ya sarx. Entonces ¿de qué cuerpo hablamos cuando decimos uno u otro? ¿No podría ser que hubiera dos y tuviéramos que distinguir entre un cuerpo material, carnal, vital, (de vida o supervivencia), que fuera sarx, y otro �existencial� (de existencia, de acción y hasta de superación ascética, que fuera soma?

Nosotros decimos de soma que podría ser, en ese caso, lo que sarx y psique, lo que carne y espíritu, hagan de sí y entre sí: la conducta, la huella, el legado, el testimonio, el cuerpo que da sentido a la existencia. Definitivamente proponemos que es el �cuerpo acción�, es la �accionalidad�. Venimos al mundo con un cuerpo material y un principio espiritual animador y transformador para elaborar entre los dos un cuerpo de continuidad; el primero queda en el sarcófago y al segundo se le da la opción de su continuación hacia/tras la resurrección.

En cuanto a "ruah� o �penuma�, dos traducciones de lo mismo, vienen a ser lo que acabamos de decir. "EI ser humano no es sólo biología o sarx, y sociología o historia, o nefes, sino que es asimismo, ruah, exceso, desmesura., acto de conciencia que revienta la libertad; viento, fuerza invisible y poderosa, poder humano, es divino, espíritu de Dios...". Queremos ver una coincidencia con soma en su significado, ya comentado, de "testimonio existencial del cuerpo vivo�, activo, relacionador, buscador del destino; lo esencial en cualquier camino ascético que se plantee, de cualquier �juicio final" que se intuya o anhele.

Y si teníamos alguna duda, un teólogo actual, amigo mío, José María Marín Miras, que ha escrito recientemente el magnífico libro �Reflexiones sobre Jesús histórico�, incluye valiosas reflexiones, como que �la resurrección no implica la asunción del cadáver, pero no anula una resurrección corporal�, así que �digo ahora yo- podía haber, mejor debería haber, ha de haber, dos cuerpos en la trayectoria existencial, sarx y soma, el primero, �cuerpo carnal�, será cadáver, no implicado en la resurrección, como el citado autor dice, y el segundo �cuerpo acción� sí que tendrá opción a un resurrección gloriosa supuestamente si el testimonio de sus acciones lo merece. Marín relaciona en su texto �accionalidad y resurrección�, y nosotros insistimos en que sí, que la primera es el único testimonio existencial que podemos construir en vida y que podamos ofrecer en la �aduana� de la eternidad.

Finalmente, pensando todavía en ruah o pneuma, y soma no sé si son lo mismo, pero sí que, vengan de donde vengan sus etimologías y sus historias, significan lo mismo y repito: el cuerpo existencial, el que aspira, fuerza invisible y poderosa, ¡exceso, desmesura!, el que acciona, carisma que capacita al cuerpo para ejercer una tarea especial en orden a la salvación. ¿No es lo mismo accionar que ejercer?

En fin, en la práctica que yo persigo, las denominaciones equivalen a lo mismo, de tres en tres: basar, sarx, y cuerpo material, vital; nefes, psique, y espíritu animador; ruah, pneuma y soma, el otro cuerpo, el existencial, el de la acción, el del compromiso, el de la trascendencia.

Y, ¿cómo la emergencia?

Traigo esto a colación después de admitir que el ser humano la prepara en su aventura existencial. Por eso hablo yo ahora de �trascendencia�, o de �emergencia� que parece menos ambiciosa. Ambas son palabras que significan �salir de o salir hacia�, hacia fuera, hacia el amigo, hacia el reconocimiento, hacia la aventura, y que, en el terreno espiritual, corporal también, legítimo, pueden instar a �emerger a lo más�, y, como parece que la muerte puede ser vencida, hay personas que dedican su vida a ganarse el más allá.

En todo caso y cuando decimos que el ser humano ha sido creado para la relación con lo/los demás, es porque sale, va, llega, vuelve, etc, ejercitando el roce, el encuentro, el diálogo, el trabajo, la familia, porque todos lo necesitan y si alguien no lo hiciera así sería un alienado.¡Y desde luego los cuerpos son los protagonistas!

Un ejemplo sencillo nos basta. Estas páginas que estoy escribiendo salen de mi deseo, de mi vocación relacionadora, pero el hecho es que �estoy pasando a vosotros� mientras me leéis; estas ideas estaban ancladas hasta ahora mismo en mi memoria, eran mías, y las movilicé con mi voluntad para que se volatilizaron de sus depósitos y poder pasároslas. Nos estamos encontrando en este vacío común de la distancia que parece que nos separa y no. Me estáis descubriendo, y yo a vosotros, ambas cosas en un encuentro o relación como de magia; pero es más, y es que si aprendéis algo y lo memorizáis, y quizás, pasado el tiempo, lo contáis a otros, estaremos ejercitando esa red humana, invisible pero sustancial, que es vital y trasformadora.

Repito, también, siempre que viene al caso, el de una pareja que se ama y vive muchos años junta. Pues bien, sus �egos� (gustos, necesidades, tendencias), cosa tan importante identificadora de cada uno como �una instancia psíquica que se reconoce como el intransferible �yo�, �que media entre los instintos del ello inconsciente, y los ideales del �superyo� con la realidad del mundo exterior�, acaban fundiéndose en uno, por simple roce de una larga y diaria relación, con tal fuerza aquél que los intransferibles �egos�, se fueron fracciomando en �subegos� para volver en la práctica a reconvertirse en idénticos �yoes� al final. ¡Se igualan los gustos, las aspiraciones�!

Por fin, ¿y el destino de la Carne, tan colaboradora?

�Salimos, emergemos, y comprended, amigos, terminando ya, que yo, que tanto he pensado en el cuerpo y que tan maravillado estoy, me pregunte ahora: ¿y se merece ese cuerpo al final de sus prestaciones desaparecer del todo? Ya hemos hablado de la accionalidad del soma como camino de salida espiritual hacia un cambio de vida, pero y el sarx, el despojo ¿qué?

Pues que, siguiendo esa búsqueda que en mi vida no cesa tras las huella o pistas del cuerpo humano, fui tan lejos que comprendí que todo el universo, el cosmos, está lleno de �criaturas cósmicas� como yo, y por eso quise acercarme a su conocimiento por si aprendo de ellas, y he de confesar que pocas ciencias modernas me han resultado más apasionantes que la física molecular, cuántica, la microfísica, la astrofísica, como se la llame en cada situación y que yo las llamo en conjunto la �ciencia de la vida�.

 He aprendido cosas sobre la creación del universo, sí, desde el big-bang, pasando por energías, partículas, moléculas, organismos, estrellas, galaxias, etc, viviendo explosiones, enfriamientos, dilataciones, contracturas y tantos fenómenos por los que me pierdo hasta ver el universo realizado, pero después de todo esto no he podido responder a mi dilema sobre qué va ser de nuestra carne, de nuestros despojos más allá de la putrefacción, ¿qué va a pasar con nuestro cuerpo cuando, al morir, devolvamos su vida?

 He pensado que lo mejor era rebobinar la película creadora, leer hacia atrás el discurso de la evolución universal, en la que estamos implicados. Yo esperaría ver cómo aquellas secuencias de partículas surgentes del magma inicial, esos átomos, esas moléculas que se iban acoplando para ir construyendo el cosmos sin prisas, su replicación para la vida orgánica, otras criaturas, nosotros, esas secuencias, digo, con nuestra muerte harán el camino a la inversa; soltando energías ligantes siempre, �disolviendo� sucesivamente órganos, tejidos, células, moléculas, átomos, no sé si hasta las partículas menores, pero volviendo al fondo energético universal a disposición para sintetizar nuevas criaturas, hombres, árboles o estrellas - ¡qué sé yo!-, en una danza sin fin. Los orientales lo hayan fácil con la reencarnación hasta purificar el "karma".

En resumen, que también la esencia material del cuerpo humano que fue, se descompondrá en sus elementos constitutivos y nunca habrá sido ni será inútil en un universo donde nada se crea ni se destruye sino que se transforma. Nuestro cuerpo cumple dándonos la vida y, en este relato de muerte también ha cumplido.. En su faceta de vehículo nos ha transportado de aquí para allá para hacer cosas, mejor meritorias todas ellas; ahora su �esencia� debe estar dispuesta para nuevos encargos.

Epílogo

Y termino para pediros, queridos amigos y amigas, perdón después de esta larguísima, seguro que confusa, difusa y acaso temeraria reflexión y/o confesión personal, y que me permitáis concluir que parece mentira pero es verdad que el concepto y hasta la realidad del cuerpo humano en la actualidad, afortunadamente no se parece en nada al que existía hace cincuenta años, y eso invita a la satisfacción, la reflexión y a la esperanza.

¡Perdonad mi osadía! No sé nada de mi trascendencia aunque no tardaré en comprobarlo, pero sí intuyo que lo que haya logrado o tenga cuando llegue la hora, no va a ser de ninguna manera ni baldío ni basura. Trabajemos, aprovechemos el tiempo porque vuela, y pronto puede ser tarde ¡y no me preguntéis más!

Gracias, de nuevo, a la Fundación Index, ahora por haberme dado la oportunidad de poder expresar públicamente la inquietud y el trabajo que durante muchos años me ha proporcionado el tema que figura en el título, así como la satisfacción de haber encontrado respuestas a tantas preguntas y problemas, que, puede que sólo me valgan a mí porque sea más ingenuo que exigente, pero me ayudan. Los lectores que saquen sus propias conclusiones.Principio de p᧩na

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