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BIBLIOTECA LASCASAS ISSN 1885-2238

 

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Pensar, sentir y vivir como cooperantes en la sociedad del conocimiento
Carmen Chamizo Vega,1 Ana Fernández Feito1
Departamento de Medicina. Universidad de Oviedo (España)

 

Biblioteca Lascasas [Bibl Lascasas] 2012; 8 (3)

 

 

 

 

 

Cómo citar este documento

 

 

Chamizo Vega, Carmen; Fernández Feito, Ana. Pensar, sentir y vivir como cooperantes en la sociedad del conocimiento. Biblioteca Lascasas, 2012; 8(3). Disponible en <https://www.index-f.com/lascasas/documentos/lc0665.php> Consultado el 01 de Marzo del 2024

 

 

 

 

 Ref.

 

lc0665

País

 

España

Idioma

 

Español

Fecha de producción

 

2012

Productor

 

Las autoras

Proveedor

 

Carmen Chamizo Vega

Fecha de inclusión en la Biblioteca Lascasas

 

15-10-2012

 

 

 

 

 

Pensar tiene varias definiciones y según la RAE: imaginar, reflexionar, formar ánimo de hacer algo. Podemos consultar grandes tratados sobre el "ser pensante" y concluir que: pensar es una acción innata al ser humano que nos ayuda a entender el universo y a discernir; por tanto se afirma que el pensar debe estar iluminado por el conocimiento y que, para no caer en nuevos errores, debemos gravar en la memoria, conceptos aprendidos que nos impiden olvidar...¡incluso hasta lo que deseamos olvidar!

 

Sentir se define como experimentar sensaciones producidas por causas externas o internas (RAE) y Vivir como tener vida o lo que es lo mismo, tener fuerza interna sustancial, mediante la que obra el ser que la posee.

 

Teniendo en cuenta las definiciones de los verbos que encabezan este editorial, comentarles que la experiencia en cooperación, que narraremos a continuación, fue posible gracias a un proyecto conjunto entre una ONG (https://www.culturaindigenasturias.com/) y la Universidad de Oviedo (Área de Salud Pública de la facultad de Medicina y CC de la Salud). Hecho este que demuestra la transformación que está sufriendo la Universidad, pasando de ser cuna del conocimiento a ser elemento esencial para el desarrollo de cambios sociales, económicos y culturales en la sociedad actual y futura. Algunos lo han denominado "la tercera misión", que no es más que la función complementaria a la docencia y a la investigación, y que abarca las actividades relacionadas con generación, uso y aplicación del conocimiento, sin olvidar las de transferencia o difusión del conocimiento que va ligado a la innovación.
No obstante uno de los problemas de dicha innovación, es la escasa cultura de cooperación en el aprendizaje, en la transferencia y en la producción del conocimiento. Para promocionar la cooperación existen muchas medidas: ofertar titulaciones y asignaturas que potencien la cooperación con un carácter internacional, potenciar acuerdos de colaboración y de investigaciones sobre cooperación, potenciar las redes de transferencia e intercambio de buenas prácticas entre instituciones, ONG´s, empresas y comunidades de otros ámbitos. En resumen desarrollar una función de transferencia de conocimiento para el desarrollo social que combinara la cultura humanística y la científica.

 

También como enfermeras, profesionales, padres, vecinos, empresarios, etc. debemos posicionarnos y defender que el saber es un bien, un activo que no se puede comprar ni vender, sino que es lo que nos permitirá realizar acciones para potenciarlo, desarrollarlo y difundirlo siendo -el saber o conocimiento-, elemento indispensable para el desarrollo personal y social.

 

También como profesores o colaboradores de instituciones de educación superior deberíamos ofertar a nuestros alumnos asignaturas y oportunidades para desarrollar el conocimiento en cooperación que podrían servir de referencia para establecer comparaciones y equivalencias mundiales e internacionales y así propiciar el desarrollo socioeconómico y mejorar la calidad de vida de las personas.

 

Tras esta reflexión y posicionamiento de las autoras sobre la transferencia del conocimiento, la cuestión de cuándo comenzamos a pensar, la dejamos en manos de los prehistoriadores y anatomistas y nos centraremos en qué es pensar, desde un punto de vista subjetivo, desde la experiencia vivida en Santa Clara, una aldea Maya en el Quiché (Guatemala) y, por tanto, puede que sea equivocada, pero lo cierto es que es real y otra forma de ver el desarrollo de la capacidad de pensar, en la complejidad del universo del cuidar, como enfermeras y profesoras de enfermería.

 

De niñas nos repetían: ¡Estás en Babia!, ¿en qué piensas?, ¡que imaginación tienes!; pero creemos que es cuando más librepensadoras nos hemos sentido. Posteriormente, la realidad nos hace tomar tierra y descubrimos el pensamiento exterior del mundo de los otros, en donde crecemos y comenzamos a investigar, a querer comprender lo externo, también lo interno, para adaptarnos, o porque simplemente queremos descubrir lo oculto, comprender por qué los que nos rodean sienten y viven de aquella manera.
Y así, tras muchas inseguridades resueltas a base de adiestramientos diversos (enseñanzas regladas e institucionalizadas, desamores, miedos, etc.), llegamos a la etapa adulta buscando certezas y seguridades, adoptando imaginarios que son elegidos por los recuerdos emocionales vividos (positivos o negativos), distrayéndonos del presente e impidiéndonos, a veces, ser conscientes de la realidad que se nos presenta, múltiple y compleja. Es fácil, que ante la angustia de la incertidumbre, optemos por rellenar las lagunas del pensamiento con el conocimiento adquirido, proyectando posibilidades imaginarias basadas en la memoria, en teoría y planes de cuidados enfermeros estandarizados aprendidos tras años de discentes. Quizás así, olvidamos percibir la realidad cambiante y actual y obviamos, que las posibilidades de lo desconocido y de la manera de cuidar son incalculables y únicas.
Esto nos lleva a pensar que, superponer información pasada, organizada previamente sobre ellas sólo nos impide la percepción y el aprendizaje de lo nuevo: cómo son los cuidados ahora, los que necesita Ana, no los que trae el OMI o el Selene;1 o el tratado de medico-quirúrgica, sino aquellos que él, ella, nosotras y yo, definimos como "me siento raro/a, estoy triste". Algo así ocurre en todas las facetas de la vida, personales, profesionales, etc.
Si tenemos una concepción de la vida, o de la Enfermería, de los cuidados, de la historia, del pensar, del otro... no hay aceptación de la  realidad, sea cual sea. Si nuestro pensamiento - enfermero - tiene una imagen fragmentada, derivará en deseos que impiden la percepción de lo que es real y necesario para la sociedad actual, no comprendiendo lo que en realidad ocurre en los otros y que deriva en una frustración personal o profesional. Esta frustración es generada porque se compara la realidad presente con la proyección no coincidente de nuestro deseo (la Enfermería debe ser., los cuidados son., la asistencia sanitaria es..., el paciente-usuario debe hacer...).

¡Cuánto aprendimos en la selva guatemalteca!
Por razones diferentes, tanto personales como profesionales, acudimos a trabajar como sanitarios con unos proyectos previstos. Allí, entre el silencio de la selva y las gentes de Santa Clara, que viven en el presente continuo, aprendimos que la realidad no se percibe sólo con el pensamiento, sino que hay que añadir sentimiento a la acción. La realidad se conoce cuando dejamos de proyectar lo que haremos, cómo cuidaremos, con qué, por qué, a cambio de qué, si me dan qué, si soy o seré especialista, doctora, etc. y vivimos en el presente sencillo, de una manera libre y optimista (en Santa Clara hay poco de todo menos selva y sonrisas y no saben qué es la crisis actual). No fue necesario hacer un gran estudio de necesidades de salud, ni planes de cuidados, sólo estar allí, en el presente, viviendo con ellos/as y así comprendimos que la percepción se activa sintiendo y no teorizando y así realizamos nuestros cuidados de salud: caminando con ellos, limpiando, comiendo, rezando y riendo.
Llegamos a la compleja realidad de España y observamos conflictos, pasiones, dimes y diretes, exabruptos entre amigos...y más entre enemigos y políticos (y enfermeras y seres humanos). Procuramos no juzgar, pero pensamos que  estos conflictos sólo se podrán resolver con la comprensión profunda, a la par que sencilla, y no sesuda, ni estudiada, de lo que sucede. ¿Pero cómo se hace eso? Una opción es volviéndonos niños, percibiendo sin juzgar la verdad del ser y de sus emociones, deseando aliviar su sufrimiento, sin pena, sin piedad, sin lástima sólo con compasión y comprensión, de la realidad cambiante y múltiple.
En Santa Clara aprendimos que lo que se conoce puede ser infinito, como la combinación de colores y que debemos estar atentas y no encasillar los cuidados en cuestiones cerradas y encriptadas lejanas de la realidad. Sólo un ejercicio hasta el regreso: estar atentas a nuestras pantallas emocionales y abiertas a percibir las necesidades propias y ajenas, para canalizarlas con sencillez, optimismo, paz y comprensión en nuestros cuidados. Cuidar y ser feliz en cooperación es sencillo, lo difícil es cuidar y  ser sencillo en el día a día al volver; pero trabajaremos en cooperación desde nuestro barrio como vecinas, como enfermeras en nuestro trabajo, dinamizando la participación comunitaria, como profesoras dinamizando la solidaridad y el humanismo en nuestras clases y desarrollando investigaciones con métodos científicos, participativos y críticos.

 1.Programas informáticos utilizados actualmente para registrar datos y cuidados de enfermería en el SESPA (servicio asturiano de salud).

 

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