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Humanizar la tecnología: la asignatura enfermera

Felipe Cañadas Núñez
Enfermero. Hospital Torrecárdenas, Almería, España
 

Index de Enfermería [Index Enferm] 2005; 48-49: 69-70

 

 

 

 

 

 

 

Cómo citar este documento

 

 

Cañadas Núñez F. Humanizar la tecnología: la asignatura enfermera. Index de Enfermería [Index Enferm] (edición digital) 2005; 48-49. Disponible en <http://www.index-f.com/index-enfermeria/48-49revista/48-49_articulo_69-70.php> Consultado el

 

 

 

     En la sociedad del siglo XXI el culto al consumo, a la alta tecnología, al énfasis por lo inmediato y el individualismo hacen que las relaciones humanas se deterioren. Paradójicamente en salud se tiende a hablar de ser integral, biopsicosocial, de concepto holístico, del paciente como centro de nuestra labor. El fin principal de los hospitales es ofrecer una buena asistencia, proporcionando la mayor comodidad y el mejor cuidado (que es el pilar de sustento del pensamiento enfermero). Un cuidado humanizado debe ser imperativo ético y profesional, con ello no quiero decir que nuestro colectivo sea el más deshumanizado, más bien al contrario, si hay algún colectivo que sabe como se llama el paciente, su familiar, lo que no le gusta comer, etc, no es otro que el equipo enfermero.
     Estos cambios no son ajenos a la enfermería intensiva, nuestras unidades hacen clara referencia a la enfermería, dando un valor magnánimo al concepto cuidar, y hablar de cuidados es hablar de cuidados enfermeros. Los enfermeros hemos dejado de ser meros ayudantes y sombras médicas, nos estamos desarrollando para ser gestores de cuidados, queremos más independencia y ello conlleva más responsabilidad. La burocracia nos abruma, la carga asistencial es insostenible, las unidades cuentan cada vez con tecnología impensable hace apenas unos años, controlamos todos los parámetros, somos capaces de ajustar dosis con sofisticados recursos, pero a pesar de todo esto no debemos olvidar nuestro eje, que no es otro que el paciente y su familia, que desean nuestra máxima preparación pero también que sigamos siendo los que damos una palmada de apoyo, una sonrisa de complicidad. Nuestro apoyo puede ser incluso más terapéutico que algunas de las medidas adoptadas, esperan que seamos el nexo de unión con el médico que les cautivó por el efecto placebo de su información técnica y profesional, que en ocasiones se asemeja a un mini-simposio de cinco minutos en una pequeña sala con tres o cuatro personas ávidas de escuchar su sapiencia, que a buen seguro es importantísima pero que tras esa información no saben cómo está su familiar. Esperan que le respondamos mirándolos a la cara, que nos pregunten sin miedo al ridículo y que les respondamos en términos que ellos entiendan hablando de María, Juan o Antonio, porque lo importante de la información no es lo que se emite sino lo que se recibe.
     Los registros son el reflejo del avance de una disciplina. El  registro enfermero es algo que nos avala profesionalmente, en mi unidad usamos el modelo de necesidades humanas de Virginia Henderson, pero lo usamos, en ocasiones, de forma obsesiva queriendo encajar todas las respuestas de nuestro paciente en él, sin percatarnos que este modelo es más que una mera agrupación de datos, es, diría yo, una filosofía donde se incluye a la familia, no como un escollo o apéndice molesto sino como personas con problemas que debemos detectar e incluso empezar a tratar. Resulta grotesco y claramente antiterapéutico ver a tus personas queridas a través de un cristal que se golpea de forma insistente para llamar su atención como si de una jaula se tratase o dejando el cristal lleno de lágrimas que intentan limpiar para que el paciente no lo vea aunque sus ojos congestionados lo delaten. Nadie debería morir solo en las unidades de cuidados intensivos, rodeado de cables y tecnología instalada de forma invasiva en su cuerpo, sin una mano querida que te acaricie, te despida, que te bese por última vez, pues la muerte es una experiencia tan íntima y tan valiosa como el mismo milagro de la vida, no me refiero con esto a los casos agudos en los que la presencia familiar, tal vez, esté contraindicada, todos sabemos a qué casos me refiero y no encuentro incongruencia alguna entre la tecnología y las cualidades humanistas.
     Si hacemos un acto de reflexión seguramente nos veremos reflejados o veremos a nuestros compañeros en las situaciones que a continuación voy a relatar. Es frecuente observar como tuteamos al paciente, elevamos la voz a enfermos mayores (aun sin saber de su hipoacusia), raramente nos presentamos y nos identificamos, comentamos a pie de cama temas ajenos a su salud, o cuando es referente a su estado de salud aparecen los tecnicismos haciendo del paciente un mero objeto a cuidar, actuamos como agentes de suplencia total cuando el paciente sólo requiere ayuda parcial, se ven forzados a continuos despertares por técnicas que pueden posponerse, la música y la temperatura siempre es elegida según el sentir del personal, luces que nunca se apagan caen de manera fija sobre la mirada de nuestro enfermo, frases como: " lo mejor de mi servicio es no tener a la familia", " estoy tan liado que no puedo perder el tiempo con los familiares", "cuando entren las visitas aprovecho y hago el informe". Seguro que tras leer esto a todos se nos viene a la memoria otras situaciones que por ende son fácilmente evitables y prácticamente con coste cero (no vale la excusa de que es muy caro o falta personal). Ante esta situación los enfermeros no debe-mos resignarnos, sino tomar la iniciativa y corregir defectos, derrumbar mitos sin base científica, no dejar al azar o a la voluntad individual la mejora de estos aspectos humanos. Debemos implantar ya la figura del enfermero responsable como referencia familiar, escuchar frases del tipo: "dejaré el informe para sentarme con María que está muy angustiada por su hijo Pedro", "ahora que entran las visitas no salgo porque sé que mi presencia los reconforta y tranquiliza" , "no sé la respuesta para eso, pero buscaré a la persona adecuada para resolverlo, no se preocupe". Las visitas deben ser más amplias, frecuentes y a pie de cama, manteniendo un orden y serenidad de la unidad, las puertas deben permanecer cerradas para evitar el trasiego de personal innecesario y ávido, en ocasiones, de curiosidad. El actual régimen sólo beneficia al personal pero ¿cómo nos va a beneficiar algo que no beneficia a nuestro paciente?
     En conclusión, debemos mejorar la calidad de los cuidados actuando sobre el paciente como eje principal, pero también sobre la familia, entorno y, cómo no, sobre el personal, es decir, Calidez en un entorno Terapéutico. La planificación conjunta del médico y enfermero responsable, con voz y voto del paciente y familia, será esencial para el correcto cuidado integral aunque esto suponga un desafío para la medicina tradicional.
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