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La Enfermería y la Humanización

 

Paloma Calero Martín de Villodres

D.U.E., Hospital de San Rafael, Granada, España

Index de Enfermería [Index Enferm] 2004; 46:69-70

 

 

 

 

 

 

 

Cómo citar este documento

 

 

Calero Martín de Villodres P. La Enfermería y la Humanización. Index de Enfermería [Index Enferm] (edición digital) 2004; 46. Disponible en <http://www.index-f.com/index-enfermeria/46revista/46_articulo_69-70.php> Consultado el

 

 

 

Sr. Director: Una amenaza, que actualmente está presente en todos los ámbitos de la vida social, es aquella que tiene que ver con la deshumanización. La Enfermería se define como una práctica social. El futuro prioriza lo económico, focaliza lo social y casi no lo subvenciona. El desafío es, entonces, cómo dar repuesta al mercado, a las nuevas tendencias, sin perder de vista su carácter  humano, que es y debe ser el eje, o la razón de ser de la labor enfermera.

El hombre es un ser bio-psico-social dinámico, que interactúa dentro del contexto total de su ambiente, y participa como miembro de una comunidad, de esta manera, partimos  de la base de que la Enfermería como profesión constituye un servicio encaminado a satisfacer las necesidades de salud de las personas sanas o enfermas, individual o colectivamente en todas sus esferas, por lo que podemos decir que la Enfermería no puede ser sólo técnica, aunque como sabemos es una de las obligaciones de la profesión. Hemos de decir que el personal de enfermería debe ser maestro, consejero y administrador, preocupado por la promoción y mantenimiento de la salud, ya que en caso contrario no ejercería correctamente su papel en el renombrado "Arte de Cuidar". La Enfermería prestará unos cuidados convenientes que vuelvan a dar sentido a la vida.

Son muchas las ocasiones en las que está en nuestras manos la dignidad de la naturaleza humana y de ahí nuestra mayor responsabilidad como profesionales. Vivimos en una época en la que se hace preciso realizar una profunda reflexión sobre los aspectos humanos, valores y actitudes de las profesiones sanitarias, en general y de la profesión de Enfermería en particular. Durante la primera mitad del siglo XX, siendo todavía tributaria de los valores religiosos y morales heredados del pasado, la Enfermería poco a poco se ha ido distanciando de sus orígenes haciéndose cada vez más "médica", valorando cada vez más la pericia, pero sin dominarla aún. Los cuidados de los enfermeros se están convirtiendo en la "técnica", dejando a un lado los denominados "cuidados técnicos", que son en realidad la base de la profesión. Su predominio y su hipervaloración crean las expectativas de un tipo de cuidados basados en la imagen de una salud-curación. Adquiere un valor mítico de poder, de recurso supremo para las soluciones de problemas sanitarios que no son objeto de análisis de las situaciones, que permiten comprender la naturaleza de las dificultades encontradas por el enfermo, su familia y su entorno. Esta corriente en torno al ejercicio de la enfermería, ha marcado considerablemente la práctica de la misma y continúa, y por supuesto continuará, ejerciendo sobre ella una influencia predominante, teniendo en cuenta el impacto de la técnica en la sociedad industrial y sus repercusiones en todos los dominios de la vida económica y social, y por tanto, de la salud.

No podríamos minimizar o menospreciar la necesidad de basar un oficio o una profesión en unos procedimientos. Ningún oficio, ninguna profesión puede ejercerse sin la utilización de instrumentos y, por tanto, de técnicas. Esta corriente también ha permitido tener en cuenta la necesidad técnica, ha mostrado que los cuidados de enfermería no pueden permanecer solamente en el terreno de la atracción hacia los demás, sino que exigen saber utilizar los instrumentos. Esta corriente introduce verdaderamente la competencia técnica en el seno de la profesión. Rechazarla es negarse como profesión, es renegarse. La pregunta puede ser: ¿"técnica sí" o "técnica no"?, es de naturaleza más compleja ya que exige preguntarse por su significación, por la tecnología utilizada en las situaciones planteadas al cuidar, con respecto a la naturaleza de los problemas planteados, y de las condiciones que influyen en estos problemas. Exige preguntarse si las tecnologías utilizadas y los procedimientos con los que están relacionadas están adaptados, se justifican. Exige considerar los límites de su utilización, estudiar su umbral de eficiencia (no de eficacia), extender su campo de investigación por otros medios distintos de los prestados por la medicina, y no quedarse anclados sólo en el terreno de la curación. Para que la técnica permanezca al servicio de los cuidados y no que los cuidados sean puestos al servicio de la técnica, es indispensable cuestionar la necesidad de su utilización restituyendo su empleo según el conjunto de problemas humanos que plantea la enfermedad. Por ello, tal vez sea el momento más idóneo para hablar de ética profesional, sin temor a moralismos trasnochados, sino sencillamente abordando, en el marco de un Código Deontológico, lo que constituye el armazón de nuestra profesión, más allá de sus elementos técnicos.

El Código Deontológico para la Profesión de Enfermería en España es un instrumento eficaz para aplicar las reglas generales de la ética al trabajo profesional. Insistir en esto parece, no pocas veces, una reiteración innecesaria ya que se da por supuesta en nuestra profesión, sin embargo, cada vez con mayor fuerza van aumentando las voces que hablan de falta de ética, y de deshumanización. Por ello, es necesario articular el contenido de nuestra responsabilidad profesional, no sea que con la evolución de la Enfermería como ciencia se nos vaya escapando su esencia fundamental, la de los valores que le sirven de sostén. Desearíamos que este Código sirviera para tener conciencia de que los valores que manejamos son auténticamente fundamentales: la salud, la libertad, la dignidad, en una palabra, la vida humana, y nos ayudara a los profesionales de Enfermería a fundamentar con razones de carácter ético las decisiones que tomemos. Estoy convencida, por último, de que un Código Deontológico, en cuanto a criterio ético, es estrictamente necesario para el buen desempeño de nuestra profesión, no sólo para hacer uso de él en situaciones extremas, sino para reflexionar a través de él en aquellas situaciones diarias en las que se pueden lesionar o infravalorar los derechos humanos.

Hacer Enfermería es algo que va más allá de la pura técnica, nuestras actitudes han de trascender al limitado marco que nos otorga un Código Deontológico, ya que ser enfermera es gozar de un talante ante la vida, con un origen de creación, que va más allá de los límites del ser humano, para cuyo estímulo ojalá nos sirva dicho Código Deontológico. Los Principios Éticos pueden dejar de ser teoría para convertirse en práctica cotidiana, reconociendo que la existencia humana más que acción y razón, como se ha creído durante siglos defender, es pasión y en cada una de las acciones que se realiza se trata de encontrar el verdadero sentido de la vida. Se puede decir que la tecnología no es más que un apoyo para nuestro trabajo diario para que cuidar sea en ocasiones más "soportable o llevadero", teniendo en cuenta las condiciones afectivas, materiales y sociales de los cuidados.

Los cuidados de enfermería, tienen y tendrán que seguir buscándose, igual que la vida de la que parten. Como la vida, de la que se ha dicho que había que reinventarla, hay que reinventar los cuidados, unos cuidados que sean convenientes, unos cuidados desalienantes que vuelvan a dar sentido a la vida, tanto la de los que reciben como la de los que los administran. En definitiva me gustaría concluir con una cita:

"Y os digo que la vida es realmente oscuridad,

Salvo allí donde hay entusiasmo,

Y todo entusiasmo es ciego, salvo donde hay saber

Y todo saber es vano salvo donde hay trabajo

Y todo trabajo está vacío, salvo donde hay amor

¿Y qué es trabajar con amor?

Es poner, en todo lo que hagáis, un soplo

De vuestro espíritu."

Khalil Gibran

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