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EVIDENTIA: ISSN 1697-638X

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Conocimiento de las adolescentes acerca de ETS/SIDA: Una realidad brasileña

Mariana Santiago Siqueira,1 Fernanda Sant'Ana Tristão,2 Sandra Maria Borges,3 Simone Coelho Amestoy4
(1) Enfermeira. Egressa do Curso de Enfermagem da Universidade Luterana do Brasil - Campus Gravataí, Rio Grande do Sul, Brasil. (2) Enfermeira. Mestre em Educação. Doutoranda do Programa de Pós-Graduação em Enfermagem da Universidade Federal de Pelotas (UFPEL). Professora Assistente da Universidade Federal de Pelotas (UFPEL), Brasil. (3) Enfermeira Obstetra. Professora da ULBRA - Campus Gravataí. (4) Enfermeira. Doutora em Enfermagem. Professora do Programa de Pós-Graduação da Faculdade de Enfermagem da UFPEL, Brasil

Manuscrito recibido el 20.6.2012
Manuscrito aceptado el 27.10.2012

Evidentia 2013 abr-jun; 10(42)

 

 

 

Cómo citar este documento

Siqueira, Mariana Santiago; Tristão, Fernanda Sant'Ana; Borges, Sandra Maria; Amestoy, Simone Coelho. Conocimiento de las adolescentes acerca de ETS/SIDA: Una realidad brasileña. Evidentia. 2013 abr-jun; 10(42). Disponible en: <https://www.index-f.com/evidentia/n42/ev8016e.php> Consultado el

 

 

 

Resumen

Este estudio tuvo el objetivo de identificar el conocimiento de las adolescentes acerca de las Enfermedades de Transmisión Sexual (ETSs) y el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA). Se trata de un estudio descriptivo, con abordaje cualitativo, realizado en el segundo semestre de 2010 en una unidad básica de salud de una municipalidad de la región metropolitana de Porto Alegre/RS. Participaron cinco adolescentes, con edades entre 17 y 19 años. Se utilizaron entrevistas semi-estructuradas como técnica para la recolección de los datos. El tratamiento de los datos fue realizado por el Análisis Temático de Minayo. A partir de los resultados fue posible evidenciar la necesidad de adoptarse medidas y planeamientos estratégicos en lo que se refiere a la educación de los adolescentes en cuanto a su sexualidad, y a la prevención de agravios relacionados a las ETSs y al SIDA, las cuales precisan ser reforzadas en el espacio familiar y escolar. También se destaca la importancia de la actuación del enfermero como mediador en las escuelas, a fin de definir estrategias de intervenciones efectivas, que promuevan el autocuidado y el cambio de comportamiento.
Palabras clave: Enfermedades de Transmisión Sexual/ Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida/ Adolescente/ Conocimiento.

 

 

 

Introducción

    En Brasil, se estima que a cada año ocurran cerca de 12 millones de contaminaciones de Enfermedades Sexualmente Transmisibles (ETSs). Como el periodo de incubación es largo, los datos citados sugieren que el contagio ocurrió en el periodo de la adolescencia.1

Las ETSs son enfermedades infecciosas transmitidas, principalmente, a través del acto sexual sin el uso correcto del preservativo, con una persona que esté infectada. Las señales y síntomas más comunes son heridas, flujos, ampollas o verrugas. El uso del preservativo en todas las relaciones sexuales es el método más eficaz para la reducción del riesgo de contagio, en especial contra el virus de la Imunodeficiencia Humana (VIH) y la Sífilis, que también pueden ser transmitidos a través de transfusión de sangre contaminada, uso de jeringas y agujas compartidas. Ocurre, también, en algunas ETSs, en el Síndrome de la Imunodeficiencia Adquirida (SIDA) y en la Sífilis, la transmisión de la madre infectada al bebé durante el embarazo, parto o amamentación.2

Las ETSs pueden causar esterilidad, enfermedad inflamatoria pélvica, cáncer de cuello uterino, embarazo ectópico, infecciones puerperales y recién-nacidos con bajo peso. Además de estos aspectos ampliamente negativos de las ETSs, su abordaje pasó a merecer atención especial cuando se comprobó que su presencia es un factor de riesgo para la contaminación por el virus VIH.3

En cuanto al SIDA se sabe que es una enfermedad causada por el virus VIH, provocando en el organismo una severa imunosupresión que resulta en infecciones oportunistas. Desde el surgimiento del SIDA hubo un progreso considerable en su tratamiento, pero aún hoy el pronóstico es malo. El principal objetivo del tratamiento consiste en retardar la evolución de la enfermedad y preservar tanto cuanto sea posible la imunidad, aumentando el tiempo y la calidad de vida de la persona infectada.2

Inicialmente, a partir de la identificación de los primeros casos de la enfermedad, el SIDA fue asociado a los homosexuales, hemofílicos y usuarios de drogas inyectables. En este punto de vista, las probabilidades de infección por el VIH eran estimadas a partir de la presencia de riesgos individuales, consecuencia de comportamientos específicos.4 Posteriormente, hubo el cambio en el perfil de los portadores de VIH/SIDA, lo que hizo excesivo el término grupo de riesgo. Los cambios señalan tendencias en cuanto a la heterosexualización y a la feminización. El más pertinente, actualmente, es el concepto de vulnerabilidad social, que refleja la asociación de los múltiples componentes que condicionan las relaciones de las personas y grupos sociales con el problema de las ETSs y del SIDA.5

Las personas, en sí, no son vulnerables, pero pueden estar vulnerables a algunas alteraciones negativas y no a otros, bajo determinadas condiciones, en diferentes momentos de sus vidas. El pasaje por la adolescencia, por ser un periodo de tantas transformaciones orgánicas y psicológicas, sugiere la necesidad de programas y acciones con base en el concepto de la vulnerabilidad.1

Las modificaciones biopsicosociales que ocurren en el adolescente pueden interferir en el proceso natural de su desarrollo, haciendo que él sienta necesidad de experimentar comportamientos que lo dejen más vulnerable a riesgos para su salud, incluso en el aspecto de su sexualidad.6

Ante de esta realidad, se destaca el enfermero, en cuanto profesional con calificación y habilidades para implementar acciones de educación en salud, las cuales representan una acción básica, cuyo objetivo es capacitar individuos para asumir o ayudar en la mejora de sus condiciones de salud, a través de la auto-reflexión y de la opción de vida saludable. En ese sentido, los grupos han sido utilizados como un instrumento valioso e imprescindible para el alcance de este objetivo. Por definición, el grupo es una unidad de dos o más personas empeñadas en recíproca interacción psicológica, donde los miembros pueden estar en el mismo ambiente o distante físicamente, pero interactuando a través de algún medio de comunicación.7

Debido a la importancia de este abordaje, existen acciones programáticas del Ministerio de Salud y del Ministerio de Educación de Brasil denominada: Salud y Prevención en las Escuelas, en que el objetivo central es la promoción de la salud sexual y de la salud reproductiva, buscando reducir la vulnerabilidad de adolescentes y jóvenes a las ETSs/SIDA y al embarazo no-planificado, por medio de acciones en las escuelas vinculadas a las unidades básicas de salud del área adscrita.4

A partir de estas consideraciones anteriormete descritas, se destaca que este estudio tiene por objetivo identificar el conocimiento de las adolescentes sobre las Enfermedades Sexualmente Transmisibles (ETSs) y el Síndrome de Imunodeficiencia Adquirida (SIDA).
 

Trayectoria metodológica

    Se trata de un estudio descriptivo-exploratorio con abordaje cualitativo. Fue realizado en el primer semestre de 2010, en una Unidad Básica de Salud del municipio de Gravataí localizado en el Estado del Río Grande del Sur, Brasil.

Conforme lo establecido en la Resolución 196/96, del Consejo Nacional de Salud, la investigación fue realizada después de la aprobación del Comité de Ética de la Universidad Luterana de Brasil, bajo el protocolo 2010-075H y autorización de la Secretaría Municipal de Salud de Gravataí. A las participantes y los respectivos responsables (cuando menor de edad) les fueron aclarados los objetivos de la investigación y después de aceptar, firmaron el Término de Consentimiento Informado, en el cual fue asegurado el anonimato, con el cambio de los nombres por letras elegidas aleatoriamente por las investigadoras.

La investigación se realizó con informantes pertenecientes al área adscrita de una Unidad Básica de Salud del municipio de Gravataí/RS, que realizaron por lo menos una consulta prenatal en el año de 2008 en esa unidad. La búsqueda de datos fue realizada a través del registro en el Programa de Humanización Prenatal (PHPN).

De acuerdo a los criterios de inclusión, 14 adolescentes se encuadraron para participar de la investigación, sin embargo, dos no aceptaron participar, siete no fueron localizadas (cambio de dirección) y las cinco restantes fueron las participantes de este estudio.

La recolección de datos fue realizada en encuentros en la Unidad Básica de Salud y ocurrieron individualmente. Fue utilizado un instrumento dividido en dos partes. La primera, compuesta por un formulario estructurado conteniendo variables socio-demográficas y la segunda, una guía de entrevista semi-estructurada. Las adolescentes fueron interrogadas en cuanto a su conocimiento sobre ETS y SIDA, incluyendo las formas de prevención y contagio, su opinión sobre el uso del preservativos y las fuentes de adquisición de conocimientos acerca de los temas investigados.

El análisis de datos fue realizado a través del Análisis Temático de Minayo, la cual se caracteriza por descubrir los núcleos de sentido que componen una comunicación, en la que la presencia o frecuencia signifiquen alguna cosa para el objeto en análisis. Se divide en tres etapas: el pre-análisis, que comprende la fase que engloba la elecciones de los documentos a ser sometidos al análisis, la elaboración de hipótesis y de los objetivos y la creación de los indicadores que fundamentan la interpretación final de los datos.8

Se utilizó el método de saturación para definir la finalización de la entrevista, o sea, a partir del momento en que las palabras comenzaron a repetirse, se dio por concluida la entrevista.
 

Resultados y Discusión

    Participaron del estudio cinco adolescentes, con edades entre 17 y 19 años. En cuanto al estado conyugal, dos eran casadas o tenían unión estable, una era separada y dos estaban solteras. Tres poseían la Enseñanza Media completa, una la Enseñanza Media incompleta y una la Enseñanza Fundamental incompleta. Cuatro realizaban actividades del hogar y una trabajaba en un establecimiento comercial. En la distribución de renta, una gana hasta un salario mínimo y cuatro no tiene renta propia, dependen del compañero y/o familiares.

Después de lectura exhaustiva de las entrevistas y agrupaciones de las palabras por semejanza, surgieron en el estudio las siguientes categorías: Conocimientos sobre ETS y SIDA; Conocimiento sobre las formas de contagio; Fuentes de adquisición del conocimiento sobre ETS y SIDA.

Conocimientos sobre DST y SIDA

    Se constató que hay poco conocimiento sobre ETS. Solamente dos entrevistadas hablaron sobre el asunto, sin embargo demostraron muchas dudas al referirse al tema.

Ninguna entrevistada supo citar algún tipo de ETS, excepto SIDA, como se puede observar en las palabras:

"[...] yo no sé nada sobre esas enfermedades, sólo sé que son contagiosas y que pueden matar sé del SIDA" (D, 18 años).
"[...] Yo sé que son enfermedades contagiosas y que algunas tienen cura unas pueden transformarse en cáncer, sólo sé del SIDA [...] yo creo [...] no sé como se hace para saber si tenemos esas enfermedades" (Y, 19 años).

Aunque los adolescentes, a principio, tengan un mayor acceso al conocimiento, debido al mayor uso de internet y estén en periodo escolar, el grado de conocimiento es considerado bajo. Ante esto, una gran proporción de adolescentes se involucra en contactos sexuales, como sexo oral y anal, sin reconocerlos como fuente de contagio de enfermedades sexualmente transmisibles.9

Se considera preocupante el número de adolescentes que desconocen enfermedades como la Candidiasis, la Tricomoniasis y, principalmente, el Condiloma Acuminado (Virus del Papiloma Humano/VPH). Esto es un factor importante, pues la Candidiasis y la Tricomoniasis no son transmitidas, exclusivamente, por la relación sexual. Los vectores forman parte de la flora vaginal, habitando la mucosa del sistema genital urinario. Además de la transmisión por vía sexual, esta también puede ocurrir debido a los siguientes factores: embarazo, obesidad, uso de contraceptivos orales de altos dosis, hábitos de higiene y uso de ropas que aumentan el calor y la humedad del lugar.10

Se resalta que el desconocimiento sobre la sexualidad, la salud reproductiva y las enfermedades sexualmente transmisibles hace que las adolescentes se mantengan vulnerables, expuestas completamente a los riesgos de un embarazo indeseada, y a las ETSs y el SIDA.

Conforme los testimonios, el SIDA continúa siendo la ETS más citada, dejando, así, evidente la dificultad de cambiar de conceptos pre-establecidos por el medio y por la población, de un modo general, que teme contraer el VIH, pero no sabe realmente las verdaderas formas de contagio de las otras ETS existentes, y que la contaminación por cualquier ETS, por facilitar una puerta de entrada, favorece el contagio del VIH. Se pueden confirmar estas dudas en los relatos abajo:

"Yo sé que el SIDA es un virus que acontece sin el uso del condón y por la jeringa utilizada [...] yo sé lo que es, pero no sé explicar, sólo sé que es contagioso" (A, 18 años).
"Sabe que yo no sé mucho sobre el asunto, sólo que el SIDA es una enfermedad muy peligrosa que causa adelgazamiento y es contagiosa" (B, 17 años).
"La única cosa que yo sé un poquito es sobre el SIDA [...] sé que no tiene cura" (C, 19 años).

Estos hallazgos son similares a los encontrados en otra investigación, en la cual el SIDA es percibida por los adolescentes como una enfermedad progresiva que no tiene cura y contagiosa, sin embargo, no reconocen claramente el sexo sin protección como factor de riesgo.11

La gran mayoría de los jóvenes define el SIDA como una enfermedad seria, contagiosa, incurable y que mata, sin embargo, no revelan cualquier conocimiento sobre las formas de contagio y desarrollo de la enfermedad. Los contenidos descritos por los jóvenes se caracterizan como un conocimiento superficial y fragmentado, retratando el perfil de las informaciones contenidas en las campañas de prevención transmitidas por los medios de comunicación.3

Los adolescentes en general cuando son interrogados sobre ETS, generalmente hablan del SIDA, lo que muestra la eficacia de las campañas de salud junto a la población; pero las otras ETS son poco referidas y, muchas veces, poco conocidas por gran parte de los adolescentes, como es el caso de la Candidiasis y del VPH. Se debe considerar, aún, que afirmar conocer una enfermedad puede significar simplemente haber oído hablar de ella y no, realmente, tener el conocimiento efectivo sobre el asunto.12

A pesar de haber algún tipo de actividad de prevención del VIH en las escuelas del país, los últimos años se constató una reducción del nivel de conocimiento sobre ETS/SIDA entre la población de 15 a 24 años, siendo mayor entre los grupos de menor escolaridad.13 Este hallazgo va al encuentro de lo dicho por la entrevistada de 18 años que posee la enseñanza fundamental incompleta.

"No sé decir. Ya hablé que no sé nada sobre esas enfermedades" (D, 18 años).

Se destaca, a partir del relato anterior, que el componente social de la vulnerabilidad invloucra el acceso a la información y a las posibilidades de orden cognitivo que posibilitan el cambio de comportamiento. Condiciones éstas que están directamente asociadas al acceso a recursos materiales, la instituciones sociales, como escuela y servicios de salud. La vulnerabilidad de un grupo poblacional a las ETSs y al SIDA es definida por el conjunto de las características políticas, económicas y socioculturales que refuerzan o diluyen el riesgo individual.14

El déficit de conocimiento contribuye con el aumento del sentimiento de invulnerabilidad y, consecuentemente, con el aumento en la posibilidad de que los adolescentes no adopten las medidas preventivas recomendadas.

Conocimiento sobre formas de contagio

    En el transcurrir de las entrevistas fue destacado el poco conocimiento que las adolescentes poseen sobre las formas de contagio, pues relataron informaciones incompletas, con varias pausas para pensar y, de igual forma, demostraron muchas dudas cuando se les preguntó. Se puede comprobar la falta de conocimiento sobre las formas de contagio. El relato de las jóvenes es contrario en partes a los hallazgos de otra investigación, que dice que a pesar del elevado índice de conocimiento sobre las formas de transmisión, aún son pocos los jóvenes que afirman usar condón en todas las relaciones sexuales.15

En las entrevistas, del grupo de adolescentes entrevistadas, no es evidente conocimiento elevado sobre las formas de contagio, excepto en lo que se refiere al SIDA, sin embargo no en el contexto general de las ETSs, como se puede ejemplificar en el relato abajo:

"Algunas yo sé... relaciones sexuales sin condón, hacer sexo oral sin preservativo y por jeringa compartida..." (B, 17 años).

La mayoría de las adolescentes posee conocimientos insuficientes acerca de enfermedades sexualmente transmisibles, no sabiendo referir adecuadamente las formas de transmisión. Consecuentemente, esas fallas en el conocimiento pueden contribuir para generar falsas creencias y reforzar el sentimiento de invulnerabilidad.12

Los estudios muestran que los jóvenes poseen conocimientos sobre el contagio de las ETSs, pues de alguna forma ya leyeron o hablaron sobre el tema, pero el mismo estudio deja claro que el adolescente no tiene informaciones consistentes y fundamentadas para evitar exposiciones y agravantes para todas las formas de contagio de las ETSs, terminando por exponerse al no adquirir medidas seguras en sus relaciones establecidas.16

Se puede observar, también, en el transcurrir de las entrevistas, que existe una dificultad de asimilación de informaciones sobre el asunto, las jóvenes no consiguen hacer relaciones coherentes, pues la misma persona que refirió el preservativo como forma de prevención no relata la forma de contagio más difundida en los medios, que es el no uso del condón.

"Ya oí hablar que no contagia al besar... ni en el abrazo esas cosas... pero que la mayoría de las personas tiene miedo... no sé como más se puede contagiar" (Y, 19 años)

Queda evidente en este testimonio la necesidad de trabajarse las cuestiones de la sexualidad con claridad y objetividad, sin prejuicios y tabúes, mitos y supersticiones populares, favoreciendo la maduración y la conciencia para el sexo seguro con responsabilidad. Para que eso suceda es necesario haber un cambio de comportamientos, una ruptura de paradigmas, y, a su vez algo que demande tiempo, es importante que la educación y la salud anden juntas para calificar el trabajo de los profesionales en el que se refiere a las acciones efectivas de prevención y educación en salud en el contexto ETS/SIDA.

Fuentes de adquisición del conocimiento sobre DST y SIDA

    En el transcurrir de las entrevistas, fueron relatadas varias dificultades en la forma como las adolescentes adquirieron el conocimiento sobre las ETSs y el VIH, pues el tema no es tratado de forma clara y constructiva en sus ambientes de mayor convivencia, como la escuela y el ambiente familiar.

Queda claro, aún, el menor involucramiento de la familia en estas cuestiones de aclaraciones en cuanto a la sexualidad. La poca información concedida por la familia, en lo que se refiere a las ETSs y el VIH, fueron visiblemente caracterizadas en las palabras de las adolescentes, en que muestran el mínimo abordaje del tema por los miembros de la familia.

"Aprendí alguna cosa en el colegio... otras cosas veo en la tele, algún conocido comenta algún caso (...) pero en casa mi padre nunca habló sobre el asunto (...) yo vivo con él y mis hermanos" (Y, 19 años).

La familia tiene un papel fundamental en el desarrollo de la sexualidad del adolescente, pero son pocas las investigaciones sobre sexualidad en el ámbito familiar, donde ocurre la confirmación de los padres en este papel de educador. La familia debe ser una institución significativa en el proceso de socialización y un espacio privilegiado de transmisión de valores entre generaciones.17

Existen básicamente dos patrones de relacionamiento entre padres e hijos, según la forma con que orientan sus hijos. Son ellos: un conjunto de familias que modernizó la educación sexual recibida en sus familias de origen, pasando a orientar y a hablar de sexualidad con sus hijos y otro grupo, predominante en la sociedad, que reprodujo la educación recibida de sus padres, casi que íntegramente, donde el tema sexualidad y riesgos inherentes a ella no eran conversados en los núcleos familiares, luego reproduciendo esta educación recibida y no informando, a través del diálogo, sus hijos.18

El contexto en que se establecen las conversaciones entre padres e hijos sobre sexualidad es, en parte, represor, tiene prejuicios y es opaco. La familia, que, en principio, debería ser la principal fuente de orientación y formación de la sexualidad del adolescente, a fin de no exponerlo a riesgos como ETSs y VIH, pasa a ser tan solamente la reguladora de la sexualidad, y las pocas orientaciones suministradas pasan a ser más en el ámbito de las prohibiciones y no de la orientación segura para el desarrollo de una vida sexual saludable y sin exposiciones a las enfermedades.

En este delicado y complejo contexto entre generaciones es comprensible que padres e hijos encuentren dificultades en iniciar conversaciones sobre sexualidad. Los jóvenes se sienten avergonzados o temen la desaprobación de sus padres y los padres, por su parte, se sienten sin preparación y torpes para conversar sobre sexualidad.

En el análisis de las palabras se observó otro hecho relevante cuando se citaba la escuela en el papel de educadora, en lo que se refiere a la sexualidad y riesgos a los cuales los adolescentes están expuestos cuando no son orientados.

"...oí hablar, no que me hayan explicado (...) en la escuela nunca tuve charlas sobre eso" (B, 17 años).
"...aprendí en las consultas prenatales, en el colegio nunca estudié esas cosas" (D, 18 años).

Conforme relato de las entrevistadas arriba, los temas sexualidad, ETSs y VIH, no fueron discutidos de forma efectiva en clase, permaneciendo la duda y el no acceso al derecho de información. La escuela es un importante lugar de aprendizaje, asociado a eso el hecho de que los adolescentes estén en grupos de afinidad y viviendo un momento de vida parecido, lo que debería ser utilizado como fuente de aprendizaje, según los estudios citados.

La prevención del embarazo en la adolescencia y riesgos de adquirir ETSs, confirma la escuela y su papel en la orientación sexual, mostrando la necesidad de descubrir nuevos medios de incluir ese tema de forma efectiva en sus programas. Y, en consonancia con los Parámetros Nacionales de Currículo, en la acción educativa, apuntando a un nuevo proyecto de acción político-pedagógico que contemple las preocupaciones, las necesidades y los sentimientos de las adolescentes.19
 

Consideraciones finales

    Este estudio tuvo como propósito identificar el conocimiento de las adolescentes sobre las DSTs y el SIDA. A partir de los resultados se evidenció que las peculiaridades de la fase de la adolescencia contribuyen para las conductas arriesgadas de los jóvenes en relación al sexo, pues estos no se perciben en riesgo para el contagio de ETSs/SIDA, y la prevención sexual es atribuida en función del embarazo, que no siempre es indeseada. Sin embargo, existen otras cuestiones relacionadas, como el mito de la relación estable y de la seguridad conyugal que las adolescentes resaltan como motivo para el no uso del preservativo.

El hecho de que las adolescentes no hayan tratado el tema de la sexualidad tratado de forma constructiva y aclarecedora en la familia, acarrea una responsabilidad mayor para la escuela, que por los relatos, tampoco asume su papel, al dejar de abordar las cuestiones de ETSs/SIDA de forma efectiva y continua. Las jóvenes demostraron que poseen conocimiento insuficiente, relataron informaciones incompletas, y esas fallas contribuyen para generar las falsas creencias y aumentar la situación de vulnerabilidad.

Queda clara la urgencia de adoptar prácticas de educación sexual, no como domesticación, y, sí, como una oportunidad para que el joven pueda ejercer una visión crítica sobre su sexualidad. No existen soluciones a corto plazo, pues la prevención está directamente relacionada con la toma de decisión, algo personal/individual, sin embargo los datos estadísticos de contagio de ETSs/SIDA aumentan significativamente cada año entre los jóvenes. Esta situación refuerza la necesidad de adoptar medidas y planificaciones estratégicas en lo que se refiere a la educación de los adolescentes en cuanto a su sexualidad y la prevención de agravantes en cuanto a las ETSs y al SIDA, así como la actuación directa del enfermero como mediador en las escuelas, a fin de definir estrategias de intervenciones efectivas, que promuevan el autocuidado y el cambio de comportamiento.

A partir de este contexto se concluye que la educación en salud es el recurso disponible más adecuado para invertir en el trabajo con adolescentes, pues es una acción básica cuyo objetivo es capacitar individuos para asumir o ayudar en la mejora de sus condiciones de salud a través de la auto-reflexión y de la opción de vida saludable.

Referencias

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