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EVIDENTIA: ISSN 1697-638X

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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¿Quién puede hacer de Poncio Pilatos en el lavado de manos?

Daniel Hernández Sánchez
Enfermero del Hospital de Manacor. Islas Baleares, España. Profesor asociado de la Escuela Universitaria de Enfermería de las Islas Baleares, España. Miembro del Observatorio Balear Enfermería Basada en la Evidencia

Correspondencia: UCI, Hospital de Manacor. Ctra. Manacor-Alcudia s/n, 07500 Manacor (Mallorca), España

Manuscrito recibido el 1.12.2009
Manuscrito aceptado el
4.4.2010 

Evidentia 2010 jul-sep; 7(31)

 

 

 

Cómo citar este documento

Hernández Sánchez, Daniel. ¿Quién puede hacer de Poncio Pilatos en el lavado de manos? Evidentia. 2010 jul-sep; 7(31). Disponible en: <www.index-f.com/evidentia/n31/ev7245.php> Consultado el

 

 

 

Sr Director. A raíz de haber leído una carta al director publicada en su revista y del comentario que se hace de la misma en la web,1 en el que Lyzzón Carreño dice que "los profesionales sanitarios sabemos que una medida higiénica básica como es el lavado de manos, hace mucho más que un ejército medicamentoso", he intentado dar respuesta a alguna de las preguntas planteadas en dicho artículo.

La infección por el virus AH1N1 ha estado muy presente en los medios de comunicación hace unos pocos meses y fue perdiendo protagonismo posteriormente. Durante el periodo de tiempo que duró su eco mediático, nos hemos visto abrumados por la gran cantidad de información publicada en torno a ello y por la confusión que generaban las diferentes recomendaciones dadas para el tratamiento de la gripe. Por otro lado, quedamos desconcertados al ver que se olvidaba que el mejor tratamiento es la prevención. Al mismo tiempo que sucedía esto, el Ministerio de Sanidad publicitaba una serie de medidas higiénicas, entre las que se incluía el lavado de manos, con el fin controlar la contaminación de la gripe A y disminuir su incidencia.

Sabemos que la higiene de manos es de importancia vital, ya que son las manos del personal sanitario el principal vector de transmisión de infecciones nosocomiales y desde hace mucho tiempo se sabe que con un "simple" lavado de manos se diminuye la tasa de contaminación y posterior infección.

Aunque esto pueda parecer básico y simple, tal y como plantea Enríquez de Luna en su carta al director, es complejo y puede llegar a ser hasta complicado.1 La autora comenta que "a pesar de que los enfermeros pasamos más tiempo con el paciente y por tanto le realizamos mayores cuidados, el cumplimiento de la higiene de manos es mayor que en el personal facultativo", haciendo alusión al estudio de Pittet et al de 1999, lo cual está en sintonía con el comentario que hace en un editorial el British Medical Journal en 1999,2,3 en el que se afirma que el lavado de manos en el profesional sanitario es infrecuente y esporádico, pues existe una gran diferencia entre lo que algunos sanitarios estiman que se lavan las manos (73%) con respecto a lo observado (9%).

Hay autores como Angeles Garay, que estiman que el cumplimiento de la higiene de manos no rebasa el 40%4 y otros como Doebelling et al.2,5 ya habían comentado que "la proporción de lavado de manos después de examinar a un paciente y antes de examinar al siguiente tan solo fue del 42% con la clorhexidina y del 38% con el jabón/alcohol".

Pero tal y como ponen de manifiesto Ruiz Delgado y García Fernández en sus artículos, lavarse las manos es un tema complejo y algunas de las medidas emprendidas y que se llevan a la práctica con el fin de reducir las infecciones nosocomiales, como la instauración de protocolos de lavado de manos, no se han desarrollado de manera óptima,6,7 por un lado debido a qué como dice Valdés Fernández, el incumplimiento del lavado de manos parece estar más vinculado a cuestiones organizativas y de disciplina (cumplimiento de normas) que a los recursos materiales8 y por otro lado debido a qué no se cumplen las normas higiénicas de forma adecuada.6,7

El incumplimiento del lavado de manos es un de los mayores escollos que afectan a la calidad de los cuidados de enfermería,8 sin embargo, en el artículo del Bandolier Journal2 se dice que "los protocolos de lavado de manos que se llevan a la práctica adecuadamente reducen las infecciones hospitalarias adquiridas" y se relacionan con la eficacia, la mejora de la calidad asistencial y del coste-efectividad. De hecho en el estudio de Stone et al de 1998 se evidenció que con intervenciones como hacer el lavado accesible en consultas, habitaciones y en el carro empleado para hacer las visitas en planta y con recomendaciones explicitas dadas por un jefe de servicio, como era el lavado de manos entre los exámenes de pacientes, se puede reducir el número de infecciones nosocomiales y gasto de antibióticos, así como mejorar la disponibilidad de camas.9

Mientras se mira hacia otro lado y no se emprenden las medidas necesarias encaminadas a la prevención del riesgo, como poner lavamanos de fácil acceso y menos alejados entre sí, se intentan implementar planes y estrategias con el fin de llevar a cabo una política de manos limpias, tales como colocar dispositivos dispensadores de soluciones antisépticas de base alcohólica, con el fin de complementar el lavado de manos.6,7

Sin embargo, parece que dichas medidas no son suficientes, porque la implantación de este tipo de acciones correctivas se ve comprometido por el incumpliendo del lavado de manos8 y porqué el lavado de manos acaba por no calar entre los profesionales sanitarios por diversos motivos.

Todos hemos visto alguna vez cómo se interrumpe una actividad por abrir una puerta, coger el teléfono o un bolígrafo para escribir algo sin habernos quitado los guantes o lavado las manos según las normas.2 Otras veces hemos oído cómo se justifica la no utilización de jabones antisépticos y soluciones de base alcohólica, excusándose en el que se pueden sufrir las consecuencias dermatológicas (dermatitis y eczemas) derivadas del uso constante de estos productos.6,7 Y en cambio, lo que a veces sucede, es que dichas soluciones se utilizan equivocadamente a modo de detergente y desinfectante para limpiar objetos y superficies, al confundir los efectos que tienen los antisépticos con el de los desinfectantes.

Conseguir que todos los profesionales sanitarios perciban e interioricen esto es una tarea muy difícil, a la que sólo se puede llegar desde la formación y la motivación, pues la proporción de profesionales que valoran sus manos como herramientas de trabajo y las cuidan como tales para poder seguir cuidando, teniendo en cuenta el beneficio del paciente, no es la ideal.

Es necesario desarrollar estrategias multidisciplinares a nivel institucional sobre el lavado de manos y otras medidas higiénicas, en las que enfermería debería tener un papel importante a la hora de decidir sobre la planificación de programas y acciones formativas a realizar, así como los recursos a utilizar y los medios para hacerlo.

Sólo con estrategias como estas y con la intención de hacer llegar dicha formación periódicamente al mayor número de profesionales posible, podríamos proponernos que el mensaje tuviera más calado y un mayor eco entre todos ellos, con el fin de acabar produciendo una modificación de sus hábitos o costumbres, cuyo resultado fuera conseguir disminuir las infecciones nosocomiales y mejorar la salud, el bienestar y la seguridad de los pacientes.

Por lo que respecta a los enfermeros, tenemos que intentar sensibilizar, motivar y explicar a nuestros compañeros porqué hay que lavarse las manos.4 No obstante, en ocasiones algunos nos sentimos como seres raros que intentan predicar en desierto y a los que señalan como pecadores, mientras otros hacen de Poncio Pilatos para dar ejemplo y farisean diciendo que están libres de pecado.
 

Bibliografía

1. Enríquez de Luna Rodríguez M. Higiene de manos, tan simple pero tan complejo. Evidentia. 2009: 6(25). Disponible en: </evidentia/n25/ev6846.php> [Consultado el 20 de agosto de 2009].
2. Y ahora, ¡lávese las manos! Bandolera, Revista de edición electrónica en español. [Sept 1999; 67-3]. Disponible en <https://www.infodoctor.org/bandolera/b67s-3.html>. Traducido por José Francisco García Gutiérrez. Granada. Url original disponible en <https://www.medicine.ox.ac.uk/bandolier/band67/b67.html> [Consultado el 20 de agosto de 2009].
3. Hand washing [editorial]. BMJ. 1999; 318: 686.
4. Garay A, Molinar U, Anaya F, Edith V, López ME. Efectividad de la aplicación de alcohol gel en la higiene de las manos de enfermeras y médicos. Rev Enferm IMSS. 2005 ene-abr; 13(1): 15-21.
5. Doebelling BN et al. Comparative efficacy of alternative hand-washing agents in reducing nosocomial infections in intensive care units. New England Journal of Medicine. 1992; 327: 88-93.
6. Ruiz RM, Urzainqui O. Eficacia del lavado de manos con solución de base alcohólica versus el lavado de manos estándar con jabón antiséptico: ensayo clínico controlado y aleatorizado. Enfermería Global. 2005; 6: 1-5. Disponible en: https://revistas.um.es/eglobal/article/viewFile/532/546 [Consultado el 20 de agosto de 2009].
7. García FP. Eficacia del frotamiento de las manos con una solución de base alcohólica frente al lavado estándar con un jabón antiséptico. Inquietudes. 2003; VIII(27): 38-39.
8. Valdés M, Castro B, Rodríguez M, Valdés FJ, Barnés J. Evidencias que afectan a la calidad de atención de enfermería. Metas Enferm. 2002; V(51): 58-62.
9. Stone SP, et al. The effect of an enhanced infection-control policy on the incidence of Clostridium difficile infection and methicillin-resistant Staphylococcus aureus colonization in acute elderly medical patients. Age and Ageing. 1998; 27: 561-568.

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