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EVIDENTIA: ISSN 1697-638X

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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La Especialidad de Enfermería Familiar y Comunitaria y la importancia de una formación basada en la evidencia

Miguel Bennasar Veny
Profesor del Departamento de Enfermería y Fisioterapia de la Universitat de les Illes Balears. Islas Baleares, España. Miembro del Comité Editorial de Evidentia y Coordinador del Espacio de Cuidados en Salud Familiar del Observatorio de Enfermería Basada en la Evidencia -OEBE-

Evidentia 2010 jul-sep; 7(31)

 

 

 

Cómo citar este documento

Bennasar Veny, Miguel. La Especialidad de Enfermería Familiar y Comunitaria y la importancia de una formación basada en evidencia. Evidentia. 2010 jul-sep; 7(31). Disponible en: <www.index-f.com/evidentia/n31/ev3111.php> Consultado el

 

 

 

    La especialidad de Enfermería Familiar y Comunitaria aparece por primera vez en el Real Decreto de Especialidades oficiales de enfermería del 2005 con la obligación de armonizarse en el Espacio Europeo de Educación Superior.1 Pero no va a ver la luz hasta 5 años después, con la aprobación del programa formativo (BOE de 29 de junio de 2010).

España está a la cola de Europa en número de enfermeras, al contrario de lo que ocurre con los médicos, pues somos uno de los países con más médicos por habitante. En España hay una enfermera por cada médico cuando la media europea es de dos. Entonces, ¿qué modelo sanitario están diseñando en el cual el número de enfermeras para atender a los pacientes es el mismo que el número de médicos? ¿por qué no existe una alarma social ante la falta de enfermeras?

Tal vez, porque la sociedad no conoce cuál es nuestro verdadero rol. Actualmente las enfermeras comunitarias, por así llamarlas, están inmersas en un trabajo delegado por parte de los médicos de control y supervisión de enfermos crónicos,2 provocando, por tanto, un colapso del trabajo de enfermería en las consultas muy centrado en el paradigma biomédico, ya que principalmente se basa en controlar parámetros y constantes así como en la realización de determinadas pruebas que muchas veces se hacen de forma rutinaria y sin una evaluación crítica.

Todo ello, supone que cada vez más se vaya abordando una mayor cantidad de procesos patológicos en detrimento de la promoción de estilos de vida, del asesoramiento, de la potenciación de autocuidados y del trabajo comunitario.3

No podemos negar que la asistencia de hoy está ligada a la incertidumbre y a la variabilidad clínica y que en respuesta a esto, deberíamos dirigirnos hacia un profesional preparado para prestar una asistencia basada en la evidencia, es decir, capaz de tomar decisiones con toda la información válida y relevante, utilizando todos los recursos disponibles y respetando las preferencias y los valores de los pacientes.4

No cabe duda, que una atención prestada por especialistas en enfermería familiar y comunitaria aumentará los estándares de calidad, tomando en consideración la eficiencia, la efectividad y la seguridad en la prestación de cuidados y permitirá una atención integral, integrada y continuada. Por lo que debemos luchar para una mayor autonomía profesional, en la que realmente sea la enfermera la que lidere los procesos asistenciales y de gestión -tanto de los recursos como del conocimiento- de todo lo relacionado con el cuidado.

Pero, no es posible pensar en las competencias actuales de las enfermeras comunitarias teniendo en cuenta que tendrán una formación de 6 años, cuatro de ellos para la obtención del grado, y por tanto, enfermeras generalistas y dos para la especialidad de enfermería familiar y comunitaria.5 Formación que debería permitir realizar una práctica más autónoma, de mayor calidad, basada en la evidencia científica y culturalmente competente.

También queda pendiente una regulación normativa de las competencias de unas y de otras. Si no se avanza en este tema supondrá un retroceso en la profesión, ya que ahora tendremos enfermeras especialistas con 6 años de formación para hacer lo mismo que hacían enfermeras generalistas, diplomadas y con una formación de 3 años.

Ahora bien, todo esto no servirá de nada si los servicios de salud no establecen como categoría profesional la especialidad en enfermería familiar y comunitaria para la mayoría de los puestos de trabajo en los centros de salud. Y dejan de facilitar una completa movilización de profesionales generalistas entre hospitales y Atención Primaria, desvalorizando por completo las competencias específicas de la enfermera comunitaria y dejando patente que para nuestros dirigentes la enfermera vale tanto para un roto como un descosido.

Cada vez existen más estudios que demuestran cómo los modelos de gestión y de asistencia que estén basados en el desarrollo de las enfermeras de forma autónoma y motivadora, disminuyen la morbi-mortalidad de los pacientes.6,7 Asimismo, la OMS afirma que un sistema sanitario eficaz y eficiente depende de la posibilidad de tener profesionales bien formados y adecuadamente motivados.

Pero nada de todo esto será posible si no dirigimos nuestra formación hacia la utilización de las herramientas y los conocimientos que capaciten a las enfermeras para realizar una práctica avanzada, utilizando las tecnologías más vanguardistas de acceso al conocimiento y estableciendo modelos que faciliten y garanticen la transferencia de este conocimiento a la práctica comunitaria.

Como dice Cristina Heierle,8 Vicepresidenta de la Comisión Nacional de la especialidad de Enfermería Familiar y Comunitaria, "la incorporación de la especialista en Enfermería Familiar y Comunitaria al Sistema Sanitario Público está destinada a tomar las riendas de la planificación y de la atención global de las personas y de los grupos más frágiles, en su medio familiar y comunitario. Este aumento en el nivel de especialización enfermera permitirá dar más y mejores respuestas de excelencia a la comunidad sobre qué hacer para mantener y aumentar su salud".

Para ello, actualmente, disponemos de una formación universitaria al mismo nivel que el resto de profesiones universitarias, pudiendo llegar en nuestra disciplina a niveles de master y doctorado. Por tanto, carece de sentido que tengamos un trabajo delegado y relegado. Hay que luchar por la autonomía y las competencias.

De cómo afrontemos estos retos y de cuál sea la oferta de servicios de las enfermeras especialistas como responsables últimas del cuidado dependerá nuestro futuro y por lo tanto, que lleguemos a ser unos profesionales reconocidos en nuestras competencias y referentes para la comunidad.

Invertir en enfermeras, sobretodo especialistas de práctica avanzada, es invertir en salud. Pero antes de que se lo crean los políticos y los gestores, debemos creérnoslo nosotros. Y no hay mejor camino para ello, que garantizar que nuestras futuras enfermeras especialistas, manejen el conocimiento sin complejos e incorporen de forma autónoma a su práctica, las pruebas procedentes de la investigación que mejoran la salud de la población.

El convencimiento por parte de las enfermeras de que tienen la responsabilidad de ofrecer servicios singulares basados en el dominio de la ciencia y el conocimiento y que una práctica basada en la evidencia es la mejor, por no decir la única forma posible de trabajo de una enfermera especialista, garantizará a la población que la incorporación de enfermeras especialistas viene ligada a nuevos enfoques, nuevos productos y mejores cuidados, para mejorar sus estilos de vida y su salud.
 

Bibliografía

1. Real Decreto 450/2005 sobre especialidades en Enfermería. BOE 108: 15480-15586.
2. Martínez Riera JR. Enfermeras comunitarias. De la palabra a los hechos. Enferm Comun [en línea]. 2006; 2(2). Disponible en: /comunitaria/v2n2/ec0307.php [Consultado el 10 de julio de 2010].
3. Oltra Rodríguez E. La Especialidad en enfermería Familiar y Comunitaria. Enferm Clin. 2009; 3: 105-106.
4. De Pedro Gómez J. El Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) y la oportunidad de una formación basada en la EVIDENCIA. Evidentia [en línea] 2009; 6(25). Disponible en: /evidentia/n25/ev0025.php [Consultado el 6 de septiembre de 2010].
5. López Morales M. Enfermeras competentes en Atención Primaria. E-Ras 2009. Disponible en: http://www.administracionsanitaria.com/node/1427 [Consultado el 20 de agosto de 2010].
6. Horrocks S, Anderson E, Salisbury C. Systematic review of whether nurse practitioners working in primary care can provide equivalent care to doctors. BMJ 2002; 324: 819.
7. Morales Asencio JM, Morilla Herrera JC, Martín Santos FJ. ¿Gestión de riesgos o el riesgo de una mala gestión? La variabilidad en la ratio enfermera-paciente también influye en los resultados de hospitales. Evidentia [en línea] 2007; 4(16). Revisión crítica de un estudio. Disponible en: /ciberindex.php?l=2&url=/evidentia/n16/346articulo.php [Consultado el 10 de setiembre de 2010]
8. Heierle Valero C. La especialidad de Enfermería Familiar y Comunitaria. Enferm Comun [en línea]. 2009; 5(2). Disponible en: /comunitaria/v5n2/ec0052.php [Consultado el 2 de setiembre de 2010].

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