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Caminante no hay camino

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Evidentia 2007 ene-feb; 4(13)

Manuscrito aceptado el 19.09.06

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Cartas al Director

Caminante no hay camino

M. Elisa de Castro Peraza1.
1 Enfermera Bloque Quirúrgico. Hospital Universitario de Canarias. España.

Cómo citar este documento: de Castro Peraza ME. Caminante no hay camino. Evidentia 2007 ene-feb; 4(13). En: http://www.index-f.com/evidentia/n13/295articulo.php [ISSN: 1697-638X]. Consultado el


    Un día de verano, hace 18 años, salía a la luz profesional otra nueva promoción de diplomados en enfermería, la novena en mi caso. Manteniendo en el horizonte lo que ha cambiado la enfermería, para algunas cosas parece ser una eternidad, para otras parece que fue ayer. Comenzamos a trabajar en la enfermería con más ilusión que conocimientos, como suele pasar. La mayoría de mis compañeros de trabajo eran ATS. La bioestadística, los diagnósticos de enfermería y el inglés no formaban parte de su bagaje académico. Aquellos ATS defendían la enfermería con toda la profesionalidad y el rigor que podían y que les era permitido. Fueron nuestro pasado, a los que les debemos nuestras raíces y nuestros valores profesionales, los que nos acompañaron en aquellos pioneros momentos de la diplomatura. Rescato un recuerdo más de aquel pasado: la dirección de enfermería de los hospitales no dependía jerárquicamente de la gerencia, dependía de la dirección médica. Recuerdo los panfletos, cartas o manifiestos pegados en todas las cristaleras del hospital en protesta ante el “desatino” que supuso la escisión de la dirección de enfermería de la dirección médica. Aquellos doctores elevando su voz ante la pérdida de los valores que toda buena enfermera debía tener: “¿Dónde estaba la abnegada, discreta y misericordiosa enfermera…?” –frases como esta permanecen en mi recuerdo como si las hubiera leído ayer mismo. Una autentica revolución, casi tan grande como dejar la cofia y la falda por un aséptico uniforme de camisa y pantalón blanco. Pero nosotros, los nuevos enfermeros, éramos jóvenes y llenos de ilusión por aprender. Poco nos importó guardar en el bolsillo la NANDA y los análisis de varianzas y perseguir como sombras a aquellos ATS para aprender todo lo que podíamos. Si iban a curar íbamos con ellos, si iban a preparar la medicación también. En aquel momento se trabajaba por tareas y no por pacientes. Para nosotros todo estaba bien.

    No obstante la profesión cambia y avanza. La incorporación masiva de enfermeros varones a la profesión hace que ciertos valores “maternalistas o femeninos” que se le suponían a la enfermería decaigan. Para acceder a un trabajo estable es necesario aprobar una oposición. En este camino de progreso se abre ante nosotros la posibilidad de estudios de tercer ciclo, incluso con programas específicos para enfermería. Con ellos la investigación, el rigor del método científico concienzudamente aplicado, la búsqueda de evidencias. Todo esto en 20 años escasos. Pero muchas veces nuestra actual práctica clínica no parece ir acorde con los tiempos y no está regida por la aplicación sistemática del método científico ni por llevar a la práctica los resultados obtenidos de la investigación. Voy a referirme a una serie de reflexiones. Reflexiones acerca de las prácticas que realizamos diariamente. Se vienen ejecutando generación tras generación, desde siempre. Nos hemos ido incorporando y las hemos visto así, perennes, inmutables, como verdades axiomáticas que nos eran trasmitidas y añadidas a nuestro corpus técnico, igual que los ritos ancestrales se transmiten a los nuevos miembros de la tribu: “siempre se han hecho así y algo que se realiza toda la vida y va bien no puede estar mal”. Yo no digo que esté mal, sólo quiero aprender la “finalidad del juego” no sólo las reglas para jugarlo…

    Las practicas que incluyo las aprendí hace años y las veo aplicar todavía sin por qué. Eso no quiere decir ni que sean erróneas ni que no tengan una investigación realizada en algún lugar y en algún momento que las avale. He buscado en la base de datos CUIDEN artículos que apoyen estas prácticas profesionales y de esta manera. No los he encontrado y por ello las incluyo en estas reflexiones. Son sólo cuatro, a modo de ejemplo para no alargar este texto, pero te invito a que escudriñes tu quehacer diario en busca de más. Por ejemplo:  ¿Por qué ha de realizarse sistemáticamente el baño de los pacientes en el turno de mañana?, ¿alguien les ha preguntado?. Puede que tradicionalmente se haya hecho porque había más personal por la mañana (digo yo), lo que sí es cierto es que no se le pregunta al paciente que quizá prefiere bañarse por la tarde o noche. Otra duda que me surge es: ¿Por qué cambiamos sistemáticamente las sabanas de las camas a todos los pacientes aunque el paciente deambule y la sabana no esté sucia? ¿La cambiamos todos los días en casa (salvando las distancias)?. No es sólo una cuestión de gasto de agua y de vertido de detergentes, hay un incremento de trabajo de personal que conlleva un mayor gasto sanitario. Obviamente, si la sabana está sucia habrá que cambiarla, pero si no lo está, qué hacemos cambiando la ropa de la cama a todos los pacientes sistemáticamente. Aun otra que me sorprende más: ¿Por qué probamos tradicionalmente la tolerancia con manzanilla? ¿Qué más da té, tila, menta-poleo o agua mineral?. Habitualmente la manzanilla les disgusta a los pacientes e incluso a veces les sienta mal (puede que la asociemos con el hecho de estar enfermo y la mente nos juegue una mala pasada). Además me gustaría añadir otra que me viene a la mente y en la que creo que, aun con investigación de por medio, se sigue actuando por tradición: ¿Por qué algunos profesionales de quirófano (aludiendo a la muerte de tantos arboles y a la generación de desechos no biodegradables) deciden que van a usar campos de tela en lugar de campos desechables para el área estéril?. Puede que no se hayan parado a considerar que cuando la tela se moja deja de ser un aislante para convertirse en un medio de continuidad, momento en el cual la consideración "campo estéril" deja de tener significado.

    Aún hoy no he logrado obtener un por qué de mis colegas para estas actuaciones, o al menos saber que fuentes han utilizado para documentarse.  El deambular diario de las enfermeras no parece transcurrir por el sendero de la autocrítica y del apoyo científico de la verdad de la razón y del método. Parece como si la enfermera transcurriera por dos caminos distintos. Por un lado la práctica tradicional de la enfermera clínica. Por otro, la investigación, la revisión sistemática, la búsqueda y aplicación de evidencias, los estudios de tercer ciclo. Estos caminos parecen paralelos aunque sabemos que no lo son y que en algún lugar y en algún momento futuro tendrán que converger. Los epítetos dirigidos por nuestros colegas a los que transgredimos las fronteras marcadas tratando de movernos entre los dos caminos no suelen ser del todo elegantes: de visionarios a colgados, pasando por toda suerte de individuos inútiles. Ante esta relativa soledad,  algunos como yo o como tú que al leer esto demuestras pertenecer a este mismo grupo, necesitamos hacernos algunos planteamientos. Muchas veces las enfermeras nos preguntamos por qué o para qué realizar todo este esfuerzo y si realmente vale la pena. La enfermería es una profesión inserta en un sistema sanitario en el que tanto el escalafón superior como el inferior la mantienen contenida en un espacio en el que parece difícil avanzar. Sobretodo porque dentro de la propia enfermería, aunque quisiéramos avanzar, muchas veces no sabríamos hacia donde. Aun así la enfermería avanza. Hace 10 años hablar de doctorado en enfermería o de enfermería basada en evidencias era utópico (si no absurdo, dirían algunos). Posiblemente dentro de 10 años nuestros alumnos terminarán sus carreras y el doctorado será una meta natural y tendrán una costumbre investigadora adquirida en su periodo formativo como una materia más. Los que vivimos el presente no vemos claro un qué ni un para qué, puesto que estamos empezando a caminar por un camino tras una puerta que acabamos de abrir. Somos nosotros los que estamos haciendo ese futuro. Proyectos como esta revista contribuyen y sirven de apoyo en el camino: la búsqueda de un nuevo nivel profesional basado en la ciencia y no sólo en la tradición. Siento que debo de ser parte de los que contribuyan, en la medida en que me permitan mis posibilidades, a allanar un sendero que poco a poco irá siendo más transitado y que en el futuro será tan habitual como hoy es fuente de dudas. Tiempo al tiempo. Lo que parece caótico se vuelve claridad. Parafraseando a Machado: «Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve el camino que nunca se ha de volver a pisar».

 

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