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¿Quién demanda una práctica de cuidados avanzados?

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Evidentia 2006 sep-oct; 3(11)

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Editorial
 
Formación superior

 

¿Quién demanda una práctica  de cuidados avanzados?


 Joan Ernest De Pedro1.
1Director Escuela de Enfermería y Fisioterapia de la Universitat de les Illes Balears, Coordinador del Observatorio Balear de Enfermería Basada en la Evidencia (OBEBE).

 

Cómo citar este documento: De Pedro JE. ¿Quién demanda una práctica  de cuidados avanzados? . Evidentia 2006 sep-oct; 3(11). En: http://www.index-f.com/evidentia/n11/248articulo.php [ISSN: 1697-638X]. Consultado el


    Si la profesión enfermera ha vivido momentos de incertidumbre, el actual puede ser uno de los mayores y de sus resultados dependerá en gran medida, el papel que en el futuro desempeñe socialmente la enfermera. El escenario que conforma el cambio en el plan de estudios por adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior y el desarrollo de la controvertida Ley de Especialidades, marca un momento en el que necesitamos dirigentes que sepan combinar la visión estratégica, el conocimiento preciso de nuestras capacidades y las necesidades de la sociedad. La aplicación y desarrollo de la Ley de Especialidades nos sitúa ante la regulación de una práctica avanzada.

    Antes de redefinir y condicionar de forma tan importante el rol profesional tendríamos que reflexionar para intentar dar respuesta al por qué una práctica avanzada. Ello requerirá un análisis profundo de la realidad en lo que concierne a la demanda social de cuidados, cómo intervienen en esta demanda los cambios sociales, y cuál es nuestra capacidad para atenderla como colectivo1. Pues bien, no atender la complejidad de un cambio en el que muchos países ya se han visto inmersos parece una ceguera impropia de aquéllos que deben marcar las directrices profesionales. Tal como plantea Davis2 el primer paso debe ser la discusión con el ámbito académico, donde se debe reajustar la preparación educativa y redefinir las competencias que deben alcanzar los profesionales. Sin embargo, en estos momentos en el ámbito académico y ante la mayor de las oportunidades, al tener que redefinir y adaptar nuestros planes de estudio al Espacio Europeo, no sabemos ni tan siquiera cuál debe ser el nivel de competencia de nuestras futuras enfermeras graduadas.

    ¿Podrán trabajar en las áreas definidas como especialidad? ¿Cohabitarán  enfermeras especialistas y generalistas? Estas formas de hacer nos pueden conducir a grandes enfrentamientos y lo que sería peor, a una pérdida de tiempo en un momento que debería ser tremendamente productivo. Tal como plantea Jones3, para reducir la probabilidad de respuestas negativas, se recomienda que antes de introducir papeles avanzados en la enfermería, que se comuniquen los mismos a los grupos relevantes dentro de las organizaciones. Pretender, como se puede desprender de la lectura e interpretación del Real Decreto de Especialidades4,5, desplazar toda la práctica clínica hacia una práctica especializada, puede ser aquello de “cambiar mucho para no cambiar nada”.

    Pero no sólo el ámbito académico mantiene esta incertidumbre y perplejidad, en el ámbito profesional también está presente. Una buena muestra es la reciente editorial de Lastra6 (Presidente de la Sociedad Española de Enfermería Intensiva y Unidades Coronarias), donde se plantea la sorpresa por el no reconocimiento específico de la especialidad de cuidados críticos, diciendo “por lo que después de la formación de grado se efectuará una formación de postgrado de 2 años de duración en calidad de enfermera interna residente para desarrollar las mismas funciones que vienen desarrollando las enfermeras actualmente y percibiendo los mismos emolumentos”.

    No haber medido el impacto que tendrá la implantación o el reconocimiento de la práctica avanzada en enfermería entre los propios sectores de la profesión, en los empleadores, en las organizaciones y en los otros profesionales de diferentes ámbitos sanitarios, nos puede conducir a seguir actuando de espaldas a las experiencias existentes, al necesario acuerdo con todos los actores implicados y a las necesidades de nuestros clientes, que no son otros que aquéllos que necesitan de cuidados profesionales.

    No resulta arriesgado defender a la vista de los avances tecnológicos y de la complejidad de los procesos sociales, sumados éstos al aumento  espectacular en la esperanza de vida, que cada vez con mayor razón la práctica del cuidado requiere de una complejidad que justifica una práctica avanzada o especializada. Sin ir más lejos, la ANA (Asociación Americana de Enfermeras) propone que las enfermeras especialistas deben ser el garante ante las familias de la evaluación de los cuidados recibidos7. ¿Contempla nuestro proyecto las garantías que debe tener la implantación de una práctica avanzada para nuestros pacientes?

    Otros proyectos parece que indican la conveniencia de establecer sistemas reguladores que supervisen el papel de la enfermera especialista y las implicaciones y limitaciones de este papel emergente8.

    Muchas pueden ser las orientaciones que se propongan para un proyecto de tal envergadura y todavía no se ha oído a ningún sector hablar de cómo y para qué una práctica avanzada de enfermería. No asociar el avance de la enfermería a un práctica basada en la toma de decisiones independientes como profesión, incorporando dimensiones de la práctica avanzada como son la figura del experto, consultor, líder, investigador o educador clínico,  planteado por Betz9, sería  no avanzar hacia la consolidación de la profesión como una oferta propia frente a la sociedad.

    Debemos plantear con seriedad cómo resolveremos el que los usuarios, los empleadores, los médicos y los educadores deben llegar a entender el alcance de esta nueva práctica, la preparación necesaria y cuáles son las expectativas de estos nuevos papeles. Daly10 lo plantea en estos términos.

    Debemos mirar aquellas experiencias donde los programas de práctica avanzada llevan años de experimentación y donde las experiencias han ido construyendo modelos de comportamiento, que nos puede guiar en nuestro intento por introducir una práctica avanzada. En la tabla que aparece en el trabajo de Morales et al11 y que aquí reproducimos, vemos como se configuran las características de la enfermera de práctica avanzada (EPA).

Tabla 1. Características de la EPA.

Formación

-Formación postgrado de alto nivel (master o doctorado).

-Programas formativos estructurados, reconocidos y acreditados.

-Sistema formal de regulación, acreditación, registro, certificación y de credenciales.
 

Naturaleza de la práctica

-Integra la investigación, la formación, la práctica y la gestión.

-Alto grado de autonomía profesional, con una práctica independiente.

-Gestión de casos / cartera de pacientes propia.

-Habilidades avanzadas de valoración del estado de salud, de toma de decisiones y de razonamiento diagnóstico.

-Ejercicio permanente de una práctica reflexiva, basado en un amplio abanico de conocimiento obtenido de la  Enfermería y de otras disciplinas.

-Reconocimiento de su competencia clínica avanzada .

-Ofrece servicios de consultoría a distintos proveedores de salud.

-Planifica, implementa y evalúa programas.

-Punto de entrada al sistema sanitario reconocido por los ciudadanos.

    No obstante, también se plantea en este mismo artículo la necesaria distinción entre ejercicio experto y ejercicio avanzando y quizás sea éste el nudo gordiano de la discusión, quizás la definición del futuro pase por diferenciar claramente estos dos aspectos. El primero (el ejercicio experto) basa su nivel de aprendizaje en la experiencia y el segundo (el ejercicio avanzado) en la formación teórica y clínica reconocida formalmente.

    Deberíamos no confiar un proyecto tan importante para el futuro profesional a la mera reivindicación del reconocimiento experto, para sí avanzar en la consolidación de una estructura de trabajo independiente, que nadie ni dentro ni fuera de la propia profesión la pueda vivir como una amenaza. Para lo que en primer lugar, ha de quedar suficientemente explicada a todos los actores sociales y en segundo lugar, porque debe convertir el profesionalismo en profesionalidad y desde ésta, garantizar que nuestras aportaciones estén hechas desde una posición que integre una visión que garantice los mejores cuidados en cada una de las situaciones.

    Para ello será inevitable contar con estructuras jerárquicas que cierren la pirámide profesional. Nuestras estructuras de gestión deben evolucionar hacia la gestión clínica y construir una oferta para los empleadores, que explicite cuáles son los beneficios de mantener estructuras que contemplen el ejercicio de la práctica avanzada, tanto para las organizaciones como para sus clientes y usuarios. Tan sólo una mirada puesta en la evidencia y en los resultados de la investigación consolidará una práctica avanzada vendible y asumible por un sector social de alta complejidad en sus relaciones, pero capaz de entender que necesita cuidados de calidad y que éstos tan sólo los garantizan las prácticas profesionales avanzadas.

    Los nuevos papeles emergentes de esta situación están por definir, pero bien sean consultores, gestores de casos, investigadores o educadores, éstos deberán justificar la rentabilidad de mantener estructuras de cuidados que mejoren los niveles de eficacia y eficiencia de las organizaciones desde una visión anclada en el rigor. Es a partir de esta visión desde la que cuesta entender que las Universidades, que son y deben ser las estructuras que socialmente mantengan a las profesiones anclados al rigor disciplinar y científico, no podamos aprovechar esta magnífica oportunidad para diseñar junto con los demás actores sociales, aquellos ámbitos o itinerarios profesionales en los que nuestra profesión alcance nuevas metas en lo académico y en lo profesional. Cometeremos un error si intentamos mimetizar la formación de otros profesionales en organizaciones que no tienen ninguna estructura ni tradición para la formación avanzada en cuidados. Al igual que incurriremos  en un error si confundimos el ejercicio experto y el ejercicio avanzando. La sociedad no reconocerá aquello que no podremos defender y nosotros los profesionales del cuidado, no podremos explicar si no cambiamos las estructuras, que los mismos con lo mismo de repente vamos a aumentar nuestra rentabilidad social, máxime cuando y mientras no se demuestre lo contrario, todos valemos para un roto y un descosido.

    La discusión está servida, pero los populismos en estas empresas de tan hondo calado acaban no sirviendo de casi nada. En esta ocasión porque nadie pondrá en juego su capital, ya sea en términos de salud o económicos, en manos de un colectivo profesional que no sea capaz de demostrar desde la evidencia, que somos capaces de mejorar y de ofrecer en todo momento el mejor “producto enfermero” posible.   

 

Bibliografía

1.Leong SL. Journal of Advanced Nursing Practice. 2005; 7(1): 5p.

2.Davies B. Hughes AM. Clarification of advanced nursing practice: characteristics and competencies. Clinical Nurse Specialist. 2002 May; 16(3): 147-52.

3.Jones ML. Role development and effective practice in specialist and advanced practice roles in acute hospital Journal of Advanced Nursing. 2005 Jan; 49(2): 191-209.

4.Real Decreto 450/2005, de 22 de abril, sobre Especialidades de Enfermería.

5.De Pedro J. Las especialidades de enfermería. Metas de Enfermería. 2005; 8(6): 50-54.

6.Lastra P. La especialidad en cuidados intensivos, una especialidad necesaria. Enfermería Intensiva 2006; 17 (1):1-2.

7.Briggs LA. Heath J. Kelley J. Peer review for advanced practice nurses: what does it really mean? Advanced Practice in Acute and Critical Care. 2005 Jan-Mar; 16(1): 3-15.

8.Chang KPK. Wong KST. The nurse specialist role in Hong Kong: perceptions of nurse specialists, doctors and staff nurses Journal of Advanced Nursing. 2001 Oct; 36(1): 32-40.

9.Betz CL. Redcay G. Dimensions of the transition service coordinator role. Journal for Specialists in Pediatric Nursing. 2005 Apr-Jun; 10(2): 49-59.

10.Daly WM. Carnwell R. Nursing roles and levels of practice: a framework for differentiating between elementary, specialist and advancing nursing practice. Journal of Clinical Nursing. 2003 Mar; 12(2): 158-67.

11.Morales Asencio JM, Morilla Herrera JC, Gonzalo Jiménez E, del Río Urenda S, Martín Santos FJ, Terol Fernández FJ. La larga y penosa travesía de los cambios en los hospitales: enfermería de práctica avanzada en atención especializada en el entorno anglosajón. Evaluación de una revisión cualitativa. Evidentia 2006 ene-feb; 3(7). En: http://www.index-f.com/evidentia/n7/185articulo.php [ISSN: 1697-638X].

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- [Sin autor especificado]. Evolución Mundial de la Prescripción Enfermera. Biblioteca Lascasas. 2006. 2(2). Literatura gris. [Enlace]

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