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¿Y después de la investigación que?

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Evidentia 2006 jul-ago; 3(10)

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Editorial
 
Reflexiones sobre la práctica

 

¿Y después de la investigación qué? Reflexión sobre la implementación de la evidencia en la práctica clínica enfermera

Pedro Lacasaña Bellmunt1.
1Diplomado de Enfermería con actividad asistencial e investigadora en la UCI del Hospital can Misses de Ibiza. España.

Cómo citar este documento: Lacasaña Bellmunt P. ¿Y después de la investigación qué? Reflexión sobre la implementación de la evidencia en la práctica clínica enfermera. Evidentia 2006 jul-ago; 3(10). En: http://www.index-f.com/evidentia/n10/236articulo.php [ISSN: 1697-638X].Consultado el


                        "Debemos recordar que no hay nada más difícil de llevar a disposición, conducta más peligrosa y algo más incierto en su resultado, que tomar la decisión de introducir un nuevo orden de las cosas.  Porque el innovador tendrá por enemigos a todos los que están bien bajo el viejo orden y defensores tibios entre los que pueden estar bien fuera del nuevo."
                        Maquiavelo (El Príncipe)

    Normalmente, el equipo investigador también debe ocuparse en la actualidad, en muchas ocasiones, de “vender” el resultado de su investigación, de vencer las normales “resistencias al cambio” que existen, liderar el proyecto de difusión, convencer al resto de profesionales enfermeros de las ventajas de una nueva practica, realizar el seguimiento de su aplicación hasta conseguir la implantación y consolidación de esta.

    Esto es un gran error, ya que difícilmente se pueden reunir todas las cualidades que requieren todas estas actuaciones en unas pocas personas que forman el equipo investigador (o en el investigador individual) y deberían intervenir aquellos profesionales más apropiados y preparados para cada una de estas fases.

    Así, una vez acabada la labor investigadora, presentadas las conclusiones de un estudio y formuladas las actividades u objetivos para la mejora de una actividad o cuidado enfermero (fase investigadora), pasaríamos a la fase de difusión (el lanzamiento del producto lo llaman en el marketing empresarial), donde el liderazgo  y la experiencia en el manejo de grupos humanos es fundamental. Aquí deberían intervenir los lideres de primer nivel (Dirección de enfermería, supervisora del servicio) con la colaboración de los profesionales más dinámicos e influyentes (lideres grupales o de segundo nivel) que deberían implicarse o ser implicados en el proyecto.

    La siguiente fase sería la fase que podría llamarse “ejecutiva”, donde se aportan, consiguen y se ponen a disposición, los materiales y necesidades de cualquier tipo que son precisas para la implementación del cambio propuesto, se realiza un seguimiento de la aplicación correcta y continua de éste y se realizan las actividades necesarias de asesoramiento, adiestramiento y formación que se detecten. Esta labor debe ser realizada normalmente por los profesionales de enfermería dedicados a la gestión de las unidades implicadas, aunque también se pueden formar grupos de trabajo que asuman esa función o incluso profesionales a nivel individual a los que se les asigna esta misión (enfermero responsable de proyecto), siempre con la colaboración y respaldo, en estos dos últimos casos, de los gestores enfermeros.

    Y por ultimo, la fase final lógica, será la de evaluación de la calidad y resultados del cambio en la práctica enfermera, que nos garantice el nivel requerido y esperado de eficiencia y calidad que ha justificado el cambio. Los pasos de esta fase que todos conocemos, se resumen en términos de indicadores fiables y posibles (que se puedan medir) para la evaluación del proceso; fijar el objetivo de nivel o estándar de calidad que se quiere obtener (no siempre es posible obtener, al menos en un principio unos estándares de calidad del 100% y es más realista y práctico fijarse niveles más bajos, para una vez conseguidos ir aumentando la exigencia a la par que aumenta la experiencia con la nueva practica; medición y registro de las variables necesarias para el calculo de los indicadores propuestos y, finalmente, la evaluación del proceso mediante el análisis de los indicadores y si se detectan, la propuesta de las medidas de mejora que se deben implementar en el proceso para alcanzar o mejorar los niveles de calidad fijados como objetivo.

    Todo esto es preciso para implementar la evidencia en la practica enfermera diaria con garantías de estar realizando una mejora en los cuidados, para poder vencer las normales resistencias al cambio y para llegar a la consolidación de la nueva práctica enfermera que sustituya complemente o actualice a otra anterior.

    Este puede ser el motivo y la causa de los numerosos fracasos y la poca repercusión (aunque esperemos que cada vez más) de la investigación en la practica clínica diaria, a pesar de la calidad de muchos de los trabajos de investigación que se realizan en el campo de la Enfermería en España. Se deben completar todas las fases para que tenga éxito la implementación en los cuidados de la evidencia que aportan los trabajos científicos de enfermería, que en un ejercicio de simplificación se representan en el siguiente esquema:

Tabla 1. La implementación desde su origen.

    No, no nos basta con conocer la mejor práctica para la realización de un cuidado, si no somos capaces de que este se implemente en la práctica clínica y sus resultados sean medidos para contrastarlos con los esperados.

    Las enfermeras que tengan aptitudes y preparación para investigar o conseguir los conocimientos necesarios de la investigación existente y accesible, deben de trabajar coordinadamente con los dedicados a la gestión de cuidados y con los que son capaces de conseguir una dinámica de grupo eficaz para conseguir la implementación de los cambios propuestos en la práctica clínica. La gestión del cambio, el liderazgo grupal o la evaluación de resultados no son actividades que deba realizar necesariamente el equipo investigador de turno, sino aquellos profesionales que están preparados y tienen más aptitudes para cada acción del proceso, aumentando así las posibilidades de éxito de la implementación.

    Quizás lograr una estructura del Área de Enfermería adecuada para afrontar cada una de estas fases descritas, con los profesionales adecuados para cada una, debería ser el primer cambio que debería realizarse en las administraciones de enfermería, y en este campo es donde, creo yo, realmente pueden desarrollar un papel importante los profesionales enfermeros dedicados a la gestión (supervisoras especialmente) y quizás conseguiríamos (además de la mejora de los cuidados ofrecidos a los pacientes) una mejor sintonía entre estos y los profesionales asistenciales, ya que ambos compartirían objetivos, proyectos, conocimientos y responsabilidades comunes. Quizás la responsabilidad de la falta de aprovechamiento de las evidencias y conocimientos científicos que produce la enfermería española en su labor investigadora ha sido injustamente adjudicada a la resistencia de la enfermería asistencial a los cambios y al excesivo trabajo que tienen asignado, y mucha de la responsabilidad de este hecho se debería a la mala planificación y gestión de los proyectos de adaptación de esos conocimientos a la practica clínica por parte de los gestores de enfermería, ya que muchas veces se detecta un claro déficit de éstos en la Gestión de Cuidados, para dedicarles una excesiva atención a la gestión de los R.R.H.H. y los R.R. M.M.

    Como investigador, cuando uno se plantea un estudio o investigación (o sea, buscar la respuesta a una pregunta surgida de la practica asistencial normalmente), el objetivo es conseguir un resultado final, y no sólo unos conocimientos, y de hecho, la no consecución de ese resultado práctico de la investigación crea frustración y desilusión en los equipos investigadores, que equivocadamente, suelen asumir ese fracaso como propio. Esto se evidencia claramente en los pocos grupos de investigadores enfermeros estables que existen en España, predominando el perfil del investigador esporádico y casual, sin continuidad, no existiendo una planificación de líneas de trabajo prioritarias y continuadas en el tiempo necesarias para conseguir un avance real en los conocimientos enfermeros (a pesar del gran esfuerzo de algunos núcleos muy interesantes, que perseveran en el tiempo y el esfuerzo en la investigación enfermera, que algunos hay).

    El investigador no puede, ni debe, echarse a sus espaldas la responsabilidad de la consecución de todas las fases descritas, ni tampoco resignarse a obtener unos resultados, divulgar unos conocimientos y esperar a ver que pasa. Hay que sacar de la soledad al investigador e integrarlo en una estructura enfermera adecuada si queremos conseguir el aprovechamiento de los conocimientos obtenidos y la mejora continua a través de estos de la calidad y satisfacción de los cuidados que ofrecemos.

    La Enfermería, como parcela del conocimiento que es, necesita producir, ofrecer, recibir y revisar continuamente información novedosa, útil e interesante. El rigor y la mejora de las actividades enfermeras, sustentadas en la definición y consecución de un corpus propio del conocimiento en continuo crecimiento, es lo que nos ha permitido, quieran o no los que sean, convertirnos a la Enfermería en una profesión autónoma, diferenciada, con campo propio de actividades y conocimientos,  muy apreciada por la población a la que cuidamos y pilar básico de los actuales Sistemas de salud.

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-Martínez Ques, Ángel Alfredo. Tendiendo puentes y levando anclas [Carrascosa García, MI; García Fernández, FP; Bellido Vallejo, JC; Guevara Sanz, JM; Morcillo Nieto, MC. Tendiendo puentes entre la evidencia y la práctica: estrategias de difusión para mejorar el impacto de la evidencia en la práctica enfermera. Evidentia 2004 ene-abr;1(1). En: http://www.index-f.com/evidentia/n1/11articulo.php]. Evidentia. 2004 abril. Año 1(1). Comentario. [Enlace]

-Carrascosa García, MI; García Fernández, FP; Bellido Vallejo, JC; Guevara Sanz, JM; Morcillo Nieto, MC. Tendiendo puentes entre la evidencia y la práctica: estrategias de difusión para mejorar el impacto de la evidencia en la práctica enfermera. Evidentia. 2004 abril. Año 1(1). Original, artículo. [Enlace]

-Carrascosa García, MI. ¡Sapere aude!. Evidentia. 2005 sept-dic. 2(6). Editorial. [Enlace]

-Martínez Ques, Ángel Alfredo. Enfermería basada en la Evidencia: un activismo plausible para hacer frente a la ignorancia. Evidentia. 2005 mayo-agosto. 2(5). Editorial. [Enlace]

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