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TEMPERAMENTVM ISSN 169-6011

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Defendamos la enfermería ética y responsable

Francisca Bernal Pérez
Área de Cirugía Vascular, Plástica y Maxilofacial. Hospital de Bellvitge. Hospitalet de Llobregat (Barcelona), España

Correspondencia: C/ María Sanjuán Cuchí 23-5º2º, 08840 Viladecans (Barcelona), España

Manuscrito recibido el 7.11.2012
Manuscrito aceptado el 12.2.2013

Ética de los Cuidados 2013 ene-jun; 6(11)

 

 

 

Cómo citar este documento

Bernal Pérez, Francisca. Defendamos la enfermería ética y responsable. Ética de los Cuidados. 2013 ene-jun; 6(11). Disponible en <https://www.index-f.com/eticuidado/n11/et8044.php> Consultado el

 

 

 

 

 

 

    Vienen tiempos difíciles para todos, los recortes que se están produciendo en materia de salud se están haciendo insostenibles para una sociedad que está viendo peligrar a pasos agigantados todos los beneficios que se tenían antaño y no eran valorados como tales porque se creían inagotables y eternos.

Ahora cuando la población se ve afectada de lleno en la disminución o supresión total de algunos servicios sanitarios es cuando empiezan a manifestarse conductas de irritabilidad, enojo e incluso ira. Estas conductas, propiciadas la mayoría por estos recortes, están incidiendo en las valoraciones positivas que se tenían de una Enfermería dedicada en exclusiva al cuidado de los enfermos; hoy por hoy son valoraciones negativas imperadas por sentimientos de impotencia que se estrellan en la persona que está más cerca del enfermo.1

Cada día se hacen más evidentes los comentarios sobre la falta de humanización o sensibilidad que tiene el personal de enfermería. Los usuarios critican la desmotivación de nuestra profesión en aras de una atención negligente y falta de pulcritud. El trabajo se realiza de forma desganada y zángana. No son pocas las reseñas que atentan contra nuestra realidad; comentarios que tratan de nuestra inmovilidad en un sofá del hospital todo el día, comentarios que hablan de una venganza manifiesta ante el usuario y sus familias por los recortes en el sueldo, comentarios que tratan sobre el abandono de nuestros enfermos a su suerte. Comentarios todos ellos que dañan nuestra profesión en su más absoluta dignidad, una dignidad por la que enfermería ha luchado y se ha desangrado a lo largo de toda la historia de la Humanidad.

Es por ello que se hace necesario defenderla a capa y espada, porque los comentarios vertidos sobre nosotras/os son inciertos y generalistas; no están basados en la realidad, están basados en un espejismo paralelo condicionado por una ira que si bien es cierto el usuario tiene derecho a manifestarla, también es cierto que también tenemos el derecho a defendernos; porque hoy por hoy nadie nos resguarda y ampara.

Nuestro colectivo no puede desproteger, desatender, obviar, olvidar, abandonar, desestimar, desinteresarse y menospreciar los cuidados a un enfermo; no sólo nos jugamos nuestra carrera, nuestro trabajo; nos jugamos algo tan importante como el orgullo, la autoestima, la nobleza, la grandeza, la decencia, el amor propio, el pundonor, la honorabilidad de una profesión que nos dignifica porque ante todo es una profesión de vocación en la que se dan todos los adjetivos calificativos que contextualizan los términos sensibilidad y humanidad entre ellos destacaríamos: sentido y responsabilidad, sentimiento, afabilidad, ternura, altruismo, afectividad, delicadeza, emotividad, compasión, piedad, bondad, amor. Si observamos y nos regimos por el significado de este léxico entenderemos el porqué estas opiniones están infundadas en una rabia entendida por enfermería en sus aspectos más globales, pero no merecida para nuestra profesión, una profesión que cada día lucha con muchas situaciones no conocidas por el usuario y que si bien es cierto que algunas veces nos afecta en nuestro interior, no la utilizamos como arma arrojadiza para lograr objetivos económicos.

Enfermería se lleva los problemas a casa y cuando debe defender sus derechos lo hace antes las urnas o manifestándose como cualquier ciudadano. Nunca, jamás una enfermera desatendería a un paciente, la Ética de nuestra profesión y la nuestra propia nos lo impide.

No linchemos al personal sanitario haciéndolo sentir culpable de los problemas que han generado otros, nosotros no manejamos cifras, manejamos personas.

Quizás los enfermos y sus familias deberían sentir esa exasperación con los gestores y políticos que son al fin y al cabo los que delimitan el techo del gasto en las partidas de sanidad y servicios sociales, propiciando una inquina en el usuario que traslada a la persona que tiene más próxima.

No se trata de iniciar una pugna con el paciente y sus familias, se trata de llegar a una entente cordiale; ambos estamos en el mismo barco y debemos apoyarnos y luchar contra la Administración que es la que nos asfixia en la salud y en la enfermedad. Aunemos fuerzas para las batallas que vendrán, no ajusticiemos a los más débiles que no pueden mover ficha en la partida de la Economía. Si fraccionamos nuestros esfuerzos vencerán ellos.
 

Bibliografía

1. Martínez Riera JR. Crisis y enfermeras. Rev Rol Enf 2012; 35(2): 108-119. Disponible en: https://www.enfermeriacomunitaria.org/web/attachments/article/348/Crisis_Enfermeras.pdf [Consultado el 30 de julio de 2012].

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