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Enfermera Comunitaria (revista digital) ISSN: 1699-0641

 

 

EDITORIAL

 

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Arquitectura del cuidado

Jesús Calle Romero
Enfermero y Licenciado en Documentación. Máster en Salud Pública y Gestión Hospitalaria y Experto en Metodología de Investigación. Técnico en el Distrito Metropolitano de Granada, España

Enferm Comun 2010; 6(2)

 

 

 

Cómo citar este documento

Calle Romero, Jesús. Arquitectura del cuidado. Enfermería Comunitaria (rev. digital) 2010, 6(2). Disponible en <http://www.index-f.com/comunitaria/v6n2/ec6202.php> Consultado el

 

"Mide lo que se pueda medir, y lo que no se pueda medir, hazlo medible"
Galileo Galilei

    Era un hombre tranquilo que hablaba con la calma de los que no tienen prisa y con la fluidez de los ríos que nacen. Se encontraba ingresado en un hospital de tercer nivel y sabía que le quedaba poco tiempo de vida.

Esa mañana, cuando entré en su habitación, estaba sentado junto a la ventana leyendo "Por el camino de Swann" de Marcel Proust. Después de un rato hablando, cuando le pregunté por su visión del hospital como paciente, me respondió bajando la mirada, que las enfermeras de aquella unidad se pasaban el turno escribiendo, y que los enfermos se sentían abandonados.

Aquel hombre, que conocía el nombre de todos los vientos que azotaron su cara, veía absorto el frenético quehacer del personal de aquella unidad. Los médicos se interesaban únicamente por los procesos, y las enfermeras seguían buscado características definitorias de sus diagnósticos, factores de riesgo y factores relacionados, que después organizaban alfabéticamente para un uso y localización más eficaz y eficiente.

Ese año, recuerdo que el equipo de enfermería que atendió a aquel paciente, había cobrado la productividad más alta de todo el complejo hospitalario.

Efectivamente, en aquella unidad se utilizaba un lenguaje enfermero común. Se estaban dando pasos para definir la actividad enfermera. Se encauzaba un pensamiento crítico para después detallar los planes de cuidados. Se estaban dando pasos para obtener los resultados esperados en cada paciente. Se comenzaban a definir intervenciones y era apasionante para mí, y para todo el equipo que trabajaba a mi lado, ver aquellos primeros pilares del Cuidado.

A pesar de todo, los pacientes de aquella unidad no se sentían bien atendidos.

Era una paradoja. Tenía la impresión de que se estaban levantando unas columnas tan frías como el mármol. La taxonomía de los diagnósticos estaba aún en mantillas y, a pesar de todo, aquella estructura iba tomando la forma de los grandes templos. El papel de esta profesión estaba dejando de ser el de servir a otra profesión para pasar a informar, ayudar y cuidar, a los pacientes y a la comunidad con una competencia propia y definida.

Desde entonces han pasado muchos años y, todavía, el juicio clínico enfermero sigue siendo un elemento de reflexión sobre el uso y la aplicabilidad de los diagnósticos en la educación, en los modernos sistemas de información, en la investigación y en la gestión enfermera. Y justo ahora, en plena crisis, con recortes presupuestarios y con un aumento de las necesidades y de la demanda, es cuando más sentido tiene este proyecto, que consiste en humanizar el interior de la fría estructura, retomando de nuevo la palabra, la escucha activa, la caricia y la mirada cómplice: el alma del cuidado.

En todos estos años hemos corrido el riesgo de perder el norte, ajustándonos a indicadores que, por sí solos, daban origen a un producto absurdo que nada tiene que ver con nuestra verdadera causa. Por eso, ahora es el momento de generar sinergia no solo en los equipos de salud, sino también, y sobre todo, con nuestros pacientes. Para ello, empecemos a creer en nosotros mismos y presentar definitivamente, un producto medible, eficiente y reconocido por una comunidad en la que los individuos y las familias perciban nuestro apoyo para realizar autocuidados y donde cada vez más, se priorice la salud antes que la enfermedad.

Enfermería es una ciencia que requiere la comprensión y la aplicación de los conocimientos y técnicas específicas de la disciplina que, a su vez, se alimenta de los conocimientos y técnicas derivadas de las ciencias humanas, de las ciencias físicas, sociales, médicas y biológicas. Por eso cada profesional tiene la responsabilidad de evaluar sus necesidades personales para una formación continuada en la gestión, en la docencia, en la práctica clínica y en la investigación y tomar las acciones pertinentes para satisfacer esas necesidades.

Nuestra profesión se basa en estas cuatro columnas que sostienen la estructura del cuidado. Sin embargo, estos pilares que sostienen el nuevo paradigma, se elevarían sobre montañas de arena, si antes de nada, no comenzásemos por humanizar a la vez estos cimientos, volviendo sobre nuestros pasos, "en busca del tiempo perdido".

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